Salud Pública de México

CLASICOS *PRESENTACIÓN *Sección a cargo del Archivo Histórico de la Secretaría de Salud

CLASICOS *PRESENTACIÓN *Sección a cargo del Archivo Histórico de la Secretaría de Salud

AUTORES

Lic. Félix Alonso1 Dr. José Luis Delgado L. 2

(1) Jefe del Archivo Histórico de la Secretaría de Salud.
(2) Editor asociado de la revista Salud Pública de México.

Introducción

En números anteriores, hemos adelantado en este espacio, destinado a la presentación de los testimonios documentales clásicos, más de una definición de lo que consideramos debe ser entendido o calificado como un clásico de la salud pública.

La necesidad de una definición nace del hecho mismo de querer traducir en un producto editorial constante, como lo es esta sección, la inquietud de divulgar materiales que registran aportes definitivos en la materia, realizados en diferentes momentos por personajes destacados de la historia de la ciencia y la política, o por actores no consagrados pero que en su momento, en su espacio, jugaron un papel que marcara la historia de nuestro que hacer.

En el Consejo Superior de Salubridad (1841-1917), donde se gestaron entre otras cosas el boletín que diera origen a SPM, concurrieron y ocurrieron personas y hechos que indudablemente marcaron la vida y la salud de México y de los mexicanos.

La lectura de esta historia, a través de la documentación que de ella se conserva, puede ser tan rica y significativa como lo sea la comprensión de los invisibles lazos que sostienen una realidad cuya esencia responde a leyes y principios que prevalecen en el tiempo.

Un vívido ejemplo de lo anterior se encuentra en los documentos del Consejo redactados por Eduardo Liceaga, quien con una magnífica prosa se refiere a la respuesta social ante la amenaza de una epidemia, con una claridad y una vigencia aplicable a cualquier mal y en cualquier época:

"... la prudencia aconseja tomar las medidas de precaución antes de que la enfermedad llegue a invadir nuestro territorio. Las medidas que se toman cuando ya una epidemia se ha enseñoreado de cualquier población, no son aceptadas ni seguidas por el público, porque el miedo va tomando proporciones tan grandes, que se convierte en pánico, y cuando el pánico se ha apoderado de las multitudes, se pierde la razón, y no queda más que el miedo como mal consejero."

Las reflexiones de Liceaga traducen una preocupación y un compromiso del hombre, del médico, del funcionario que fue. Esta preocupación va más allá del mero ámbito de las medidas que competen al Consejo y apela ala conciencia y el buen sentido de la sociedad para la protección y el cuidado de la salud. Respetando el buen gusto en las maneras y los derechos del individuo en lo sustantivo.

"como no todos los tísicos están en su casa ni en los sanatorios, sino que muchos circulan en las calles, en los coches, en los trenes, en los tranvías, van a las oficinas, a los teatros, a las iglesias, a los talleres, a las escuelas, a los cuarteles y no sería posible saber cuáles son los enfermos que se pueden reconocer, y cuáles no; de allí que, por no hacer distinciones penosas, el consejo que da la higiene pública y el que dan la buena educación y las reglas más triviales de limpieza, es que todo el mundo, enfermo o no, escupa en escupideras."

Entre las medidas más eficaces, señalaba con gran claridad en un momento de pocos recursos médicos frente a la amenaza, el papel fundamental de la educación y la información como medios para proteger a la población frente al mal.

Allende las obligaciones tradicionalmente reconocidas como funciones propias y exclusivas del Estado, Liceaga apunta con toda oportunidad, la obligación del gobierno de aconsejar, instruir y dictar conferencias, en fin, de informar a la población para accionar el resorte de la higiene individual.

"De las disposiciones que se toman para defenderse de una epidemia, unas son del resorte de la administración pública, (...). Pero otras medidas son del resorte de la higiene individual, las que cada familia, cada persona o cada establecimiento público debe tomar, y de las que el Gobierno no se puede ocupar sino indirectamente, aconsejando la conducta que cada persona debe seguir; haciendo circular instrucciones, dando conferencias, etc., a fin de que se divulgue la doctrina fundamental de la transmisión de la enfermedad de que se trate y de los medios de defensa individuales."

Hoy más que nunca, la dimensión aludida en este documento tiene una validez que se confirma en lo cotidiano. Hoy, como en otros momentos de la historia lo fueron los que recordamos como los grandes males, la sociedad vuelve a experimentar la amenaza de un padecimiento dificil de controlar, menos de curar.

La experiencia de enfrentarse desarmado ante un enemigo que se propaga causando estragos en los individuos e impactando de una manera importante a los sistemas de salud y las sociedades en su conjunto, ha hecho que algunos grupos mal informados, o mal aconsejados por el pánico, cuestionen principios y valores fundamentales del pacto social y la solidaridad humana.

"Por lo que se ha dicho se comprenderá cómo una persona, una familia, puede defenderse de la terrible epidemia del cólera, sise tienen presentes los consejos que se acaban de dar; pero sobre todo, si se llevan a la práctica y si cada persona los aconseja a sus amigos, a sus dependientes, y si todas las personas se someten a las recomendaciones de las autoridades sanitarias convirtiéndose en verdaderos apóstoles de la caridad cristiana y contribuyendo a ayudar a la autoridad pública, en la extinción de una plaga que se había considerado como imposible de combatir."

                                                                                                    México, julio 28 de 1911
                                                                                  E,Licéaga (rúbrica)
                                                                                

El valor del clásico es fundamentalmente didáctico, no aporta nunca el conocimiento de frontera sino el conocimiento de cómo se fueron derribando las fronteras.

La ciencia tiene una deuda con aquellos que han emprendido medidas de prevención y auxilio a la población afectada por las epidemias, aun cuando no se tenía certeza de la efectividad de las medidas y la retribución de sus esfuerzos.







1850                                                                                                   Julio

El Consejo en sesión de 8 del actual teniendo en consideración la situación en que se haya el panteón de San Diego, a su estrecho recinto y estar casi lleno con los cadáveres que se han sepultado en él acordó se cerrara hasta nueva orden y que se registraran las paredes y techos para reconocer si hay algunas hendiduras las que si se encuentran se taparán inmediatamente haciendo al mismo tiempo fumigación tanto en este panteón como en los demás.

Para facilitar la práctica de dichas fumigaciones el Consejo acordó en sesión de 10 del corriente se propusieran los métodos siguientes los que eligirán los interesados aquellos que les fueran más cómodos y económicos. 1° hacer una mezcla de un cuartillo de cloruro de cal ó de sosa con seis ídem de agua y regar tres veces al día con esta mezcla. 2° tomando cinco partes de sal común, ó de la cocina, cuatro partes de manganeso mezcladas estas dos substancias perfectamente pulverizadas se pondrán en una cazuela de barro colocada en un pequeño braserito con poca lumbre, se irán agregando y meneando cada vez ocho partes de ácido sulfúrico debilitado con seis partes de agua. 3° Se pondrán varios anafres con fuego en los que se colocarán comales provistos con una cantidad de café proporcionada a su diámetro, teniendo cuidado de mover continuamente con una cuchara hasta la carbonización del café.


Convencido el Consejo de la utilidad de las fumigaciones del cloro y los cloruros de cal y de sosa para destruir los mas orgánicos que muchos de ellos dan al aire propiedades delecterias los ha propuesto como medios desinfectantes,y el café tan sólo por haberlo visto y recomendado por el Dr. Federico Weber, aunque de esto no tiene pruebas; así como tampoco asegura que el cloro y los cloruros neutralicen el miasma colérico.


Lo que tengo el honor de decir a usted para que lo comunique al Sr. Gobernador quien si lo tuviera a bien mandará practicar las providencias convenientes con este motivo reitero a usted mi distinguida
consideración y aprecio.

Dios y Libertad. México Julio 12 de 1850.

Transcripción: Rogelio Vargas Olvera

Enlaces refback





Salud Pública de México es una publicación periódica electrónica, bimestral, publicada por el Instituto Nacional de Salud Pública (con domicilio en Avenida Universidad núm. 655, col. Santa María Ahuacatitlán, Cuernavaca, Morelos, C.P. 62100, teléfono 329-3000, página web, www.insp.mx), con ISSN: 1606-7916 y Reserva de Derechos al Uso Exclusivo con número: 04-2012-071614550600-203, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Editor responsable: Carlos Oropeza Abúndez. Responsable de la versión electrónica: Subdirección de Comunicación Científica y Publicaciones, Avenida Universidad núm. 655, planta baja, col. Santa María Ahuacatitlán, Cuernavaca, Morelos, C.P. 62100, teléfono 329 3000. Fecha de última modificación: 7 de junio de 2018. D.R. © por el sitio: Instituto Nacional de Salud Pública.

Gestionando el conocimiento