Salud Pública de México

LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA Y LOS PROBLEMAS SANITARIOS

LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA Y LOS PROBLEMAS SANITARIOS

AUTORES

Miguel E. Bustamante

Médico y Doctor en Higiene

Introducción

La prosperidad y el progreso de un pueblo dependen, sin duda, de la salud de sus habitantes. La medicina dispone de recursos científicos, bien comprobados, y sólidamente establecidos para la prevención de algunas enfermedades. Inconforme con la carga que los seres enfermos hacen pesar sobre la humanidad, acude a la investigación científica para estudiar metódicamente las enfermedades, con el fin de hallar sus causas y para evitar que se presenten.

Los médicos que, elevando sus ojos de la cabecera del enfermo, se han preguntado al mismo tiempo que el diagnóstico del caso, si éste era evita­ble, hallan cercanas las causas patógenas inmediatas, encuentran otros hom­bres enfermos, y luego en círculo más amplio, una sociedad, una humanidad con padecimientos muy frecuentemente evitables.

Es natural que los médicos al considerar el conjunto formado por el enfermo, las personas que lo rodean y el medio en que vive, usen para el problema inmediato la terapéutica, y para el problema de base la profilác­tica. En esta ciencia, la investigación se hace biológica sin límites y socio­lógica sin restricciones.

Según los casos, importan en la investigación: la historia natural del ser humano; a las veces la de un insecto que transmite un germen; la del mamífero que constituye un huésped primario; la del huésped secunda­rio, natural o accidental, y la del agente de la enfermedad.

También interesan la historia política, económica, cultural, agrícola o industrial del país en el que se presenta la enfermedad y la evolución social en el momento en que se estudie el problema sanitario.

Con datos valiosos ilustran, la demografía, la geografía, la climatología y la ecología humanas.

Así como cambia un problema médico, para la función curativa o para la acción preventiva, también son diferentes el punto de vista humano del que pide tratamiento terapéutico y el del que piensa en la necesidad pro­filáctica.

Conocemos bastante bien, porque sigue a nuestro lado, la reacción frente a la enfermedad, de las mentes no educadas, sabemos que aun la de muchos hombres cultos se manifiesta infantil o primitiva cuando el dolor atemoriza y la ignorancia biológica anonada.

Pero vemos que se desarrolla en las mejores inteligencias e impulsa a las voluntades directoras de todos los tiempos, la idea de prevenir las enfermedades de todo un pueblo y la resolución de conservar la salud de una colectividad.     

Moisés. legisló para salvar de la lepra a los Israelitas, y sus medidas siguen dando en nuestros días el mismo resultado benéfico que él buscó; aquel caudillo impidió las infecciones por comer carne de cerdo, que hoy sabemos es peligrosa cuando procede de animales enfermos.

El cuidado puesto en la conservación de la salud, cuando constituye la regla de conducta de un pueblo, lo hace resistir los trastornos que llegan en el curso de los siglos.

Los filósofos griegos usaron hermosas frases para referirse a la salud: Sócrates dijo que la salud, es el más grande de los bienes humanos (Platón en su Gorgias).

Platón en su diálogo Eryxias IV, afirmó que: "es preferible tener poco dinero y disfrutar de buena salud, que el tener las riquezas de un rey y estar enfermo" y en el Gorgias nos dice que "la Medicina por una parte escruta la naturaleza de la persona; por otra parte la cuida, lo que constituye el fin de la acción médica y aquella nos debe dar la razón de ésta".

Para que la salud no se afecte, se requiere, en la mayor parte de los casos, que la colectividad no tenga enfermos, o que las condiciones del medio no favorezcan el quebrantamiento de las funciones fisiológicas y psicológicas.

Podemos enfermar por causas que están fuera de nuestro organismo, y que llegan de otro ser vivo sea de nuestra misma o de diferente especie. Las enfermedades de los animales no son raras en el hombre y lo son menos a medida que se invaden todos los rincones del planeta y que vamos a vivir con y como los animales o que los traemos a nuestro lado y compartimos más y más sus parásitos y sus virus.

 
Podemos enfermar también por causas que dependen de nuestros pro­pios errores, y sin que podamos culpar a otros de trasmitimos sus gérmenes, sí podemos tener sus mismas nocivas costumbres y encontrarnos en los gru­pos de los diabéticos, de los nefríticos, de los hepáticos, de los cardíacos; de todos aquellos males que, después de haber vencido las enfermedades infecciosas en los primeros años, nos alcanzan al llegar los años de la  madurez o la ancianidad. Si se rompieron los preceptos del cuerpo o de la mente por voluntad propia o por arrastre ajeno, claudicarán los órganos a quienes se trató con abuso o con crueldad, como pasa actualmente a la mente hu­mana a la que sacuden llamadas de todos los horizontes en una agitación perpetua y angustiosa. Así se produce la cosecha psiquiátrica de miles de en­fermos mentales que crecen a diario y llenan los sanatorios. Desgraciada­mente algunos escapan oportunamente al diagnóstico y suelen llegar al po­der, dominando por períodos siempre demasiado largos, los destinos de las naciones a las que destrozan, empezando por las propias.

La medicina ha conquistado bastantes causas tangibles de enfermedad, la investigación bacteriológica a partir de Pasteur, y la químico-biológica en los últimos veinticinco años, han alejado de los hombres la necesidad de padecer viruela, difteria, cólera, fiebre tifoidea, fiebre amarilla, podredum­bre de hospitales y tétanos; pero faltan por conocer ciertos aspectos de mu­chas otras que por lo que ignoramos siguen produciendo la invalidez, la muerte temprana y la miseria.

Con estos tres resultados se afecta la salubridad pública, la que será mejor mientras menos personas enfermen, es decir, mientras se prevengan más la enfermedades. Da lo mismo para el peso que soportan los pueblos, que se hospitalicen muchos tuberculosos o muchos paranoicos; cuestan mi­llones las epidemias de paludismo en disminución del poder de trabajo, en pérdidas de vidas, y en abandono de zonas fértiles, y el gasto sólo bajará por el saneamiento antipalúdico.

La acción social de la salubridad necesita basarse en el conocimiento de los problemas, lo que se logra por su estudio sistemático, amplio, cons­tante.

Lo que no sabemos, lo llegaremos a conocer por la investigación, que se apoya en lo que Descartes llamó "la duda metódica", en un pensamiento de síntesis y en una filosofía unificadora.

La investigación científica de los problemas sanitarios es benéfica para la humanidad, pasa las fronteras y alcanza de una universidad o un insti­tuto, a todos los pueblos.

Como las enfermedades afectan indistintamente a las naciones, las investigaciones relativas a la salud y los hombres que las llevan a cabo pertenecen a todos los países. Cuando Jenner por una cuidadosa y completa investigación científica estableció la protección contra la viruela humana por el cow-pox o viruela de las vacas. los higienistas de su época que fueron sus más entusiastas discípulos no eran escoceses ni ingleses. En una tra­ducción que hizo Balmis, español e introductor de la vacuna en México, de la obra de Moreau, francés y profesor de higiene del Liceo Republicano de París, después de describir minuciosamente las seis primeras observacio­nes de Jenner, a partir de 1770 y sus cuatro siguientes experiencias de vacu­nación con cow-pox y reinoculación con virus varioloso, dicen:

"La vacunación de los mulatos no ha presentado nada de particular... Me han asegurado que en Inglaterra se han hecho repetidas vacunaciones de los negros con feliz suceso; y es de esperar que muy presto todos los hombres, de cualquier color que sean, como los americanos bronceados, los amarillentos de la India, los morenos de las islas del Mar del Sur, los tos­tados de las regiones polares, la hermosa casta de las circasianas, y el ho­rroroso kalmuco, con cuya feliz reunión se perfecciona esta raza, gozarán ciel descubrimiento que nos deberá hacer mirar a Jenner como un bienhechor universal de la humanidad".

Al igual que los resultados universales de la investigación de los pro­blemas sanitarios, el método científico de investigación también lo es. Ba­con lo describió así: "Debemos tener en cuenta la experiencia simple, a la que, si se la toma como viene se la denomina accidente ("empírica"), y cuando se la busca, es experimento ... El verdadero método de la expe­riencia primero enciende la bujía ("hipótesis"), y después con ayuda de su luz, muestra el camino ("arreglo y delimitación del experimento"); em­pieza con experiencias debidamente ordenadas y meditadas, no torpes y errantes; de ellas deduce axiomas, y de éstos, una vez establecidos, nuevos experimentos".

Para la inducción dice Durant (1927), a quien aquí seguimos, no de­bemos hacer simple enumeración de los datos, lo cual no tendría fin ya que ninguna masa de material acumulado puede hacer ciencia. El método de inducción debe incluir una técnica para la clasificación de los datos y la eliminación de las hipótesis, de manera que al ir cancelando progresivamente todas las explicaciones, no quede sino una".

El gran inglés Sir George Newman, Director Médico de Salubridad de Inglaterra, a quien perdimos los higienistas en 1943, escribió en su  memorándum sobre Medicina Preventiva las siguientes frases que precisan la relación íntima entre la investigación científica de los problemas sanitarios y su utilidad para el trabajo diario.

"Toca especialmente a la Medicina Preventiva la investigación de pro­blemas clínicos, epidemiológicos y sociales (communal). El trabajo de inves­tigación, "es preparatorio de la acción; debe plantarse la semilla en la tie­rra, si se quieren obtener frutos. La investigación sistemática, experimental y epidemiológica desinteresada, es la sangre esencial para la Medicina Preventiva. Extiende las fronteras de nuestro conocimiento de la enfermedad, ya que el actual es todavía peligrosamente fragmentario e incompleto; la investigación proporciona los hechos del caso para la legislación y la administración; y da ayuda en los grandes negocios de la educación (higiénica) de la prevención y de la previsión. Muy frecuentemente las epidemias en este país (Inglaterra) nos han encontrado distraídos, incapacitados e impreparados. Sin embargo, su curso sigue la invariable ley natural de causa y efecto. No son las enfermedades las caprichosas; lo que pasa es que esta es la carac­terística del observador. Forma parte del propósito de un programa cientí­fico de salubridad nacional el reducir capricho, azar y sorpresa y establecer en su lugar conocimiento firme y creciente. Los trabajadores en Medicina Preventiva no deben encontrarse impreparados en cuanto al plan de cam­paña o una exploración adecuada del terreno hasta que ya presentó su ulti­mátum el enemigo y es demasiado tarde. La adquisición de nuevos conoci­mientos por búsqueda e investigación no es exclusiva de instituciones centrales. Los problemas de la medicina surgen donde el enfermo vive; su casa o su taller son los campos de pesquisa y el médico en ejercicio es el hom­bre que podrá llevar a cabo parte o toda la investigación necesaria".

"El trabajo que tenemos por delante es el estudio comprensivo de los hechos como son en la vida diaria y en el medio, y no sólo en el laboratorio. Es en este campo, en la práctica médica general, en el estudio de las epi­demias, en el taller, en la casa tanto como en el laboratorio, donde la verdad se encontrará in situ. Esta es la gran oportunidad para el trabajo de "grupo" o de "equipo", porque aquí se reúnen el clínico y el laboratorista, el soció­logo y el epidemielogo, el médico general y el especialista, el estadígrafo y el administrador" (Newman, 1919).

La investigación que se efectúa en los problemas de salubridad, se hará mejor por colaboración y cooperación, de grupos nacionales o inter­nacionales.

Entre nosotros los problemas sanitarios de investigación empiezan en los de la maternidad y la infancia; las causas de la mortalidad infantil, especialmente las relacionadas con las diarreas y las afecciones del aparato respiratorio. La magnitud real de diversas enfermedades epidémicas y sus condiciones de desarrollo según las variables que se presentan. Tocan los primeros lugares a la neumonía, el paludismo, las enfermedades de origen hídrico, la tuberculosis.

Hay muchos problemas de interés internacional como los de infección e inmunidad; secuelas de los padecimientos infecciosos; evolución de los estados agudos o crónicos de portadores de gérmenes, y estudios sociales y del medio físico que influyen sobre la infección. Varios de estos fueron propuestos por Newman, así como otros sobre enfermedades no transmisibles; las condiciones de principio de la enfermedad; el estudio de los efectos de las drogas y la modificación de la enfermedad; el estudio de la eficiencia funcional de los órganos y la frecuencia, causas, tratamiento y prevención de las enfermedades del sistema nervioso.

Una investigación de formidable magnitud, importantísima entre nos­otros, que casi seguramente encontrará escepticismo, es la de las causas de la mentalidad homicida, que hacen ocupar a las muertes violentas, el tercer lugar en la lista de causas de defunción en el país. Aquí hallamos que exis­ten al lado de problemas sanitarios de prevención ya resueltos por la ciencia respecto a la viruela, la difteria y la tifoidea; uno que no ha tocado como problema de investigación científica la Medicina Preventiva. La higiene men­tal debe hallar, sin embargo, la prevención del impulso asesino y su substi­tución por trabajo creador.

Una vez que los individuos han enfermado, creemos que deben tener atencicn médica para prevenir la invalidez o la muerte, siendo la curación, en este sentido. preventiva en parte.

La sociedad va  reconociendo que todos tenemos derecho a la salud y que nadie debe quedar sin asistencia médica, y ésta debe ser siempre completa y científica. El seguro social, al hacer llegar los auxilios de la medicina a quienes trabajan tiende a proporcionar los mejores conocimientos y recursos a les elementos productores; no puede cometerse el error de creer que se substituirá a la ciencia por el empirismo, al examen metódico por una inspección casual e indiferente, y al medicamento eficaz y de resultados farmacológicos conocidos por un substituto barato que a nadie engañará, sea al germen, al paciente, al médico o al sociólogo.

También será necesario en este gran problema de la salud de la parte productora de la población, reducir el número de enfermos por la prevención de los padecimientos, lo cual se puede hacer con técnicas de aplicación social, de costo limitado al distribuirse el servicio; habrá que evitar las enfermedades para cuya supresión hay medios; y usar la investigación científica para saber dónde, cuándo y por qué enferman los individuos y luego para hacer que esas causas no se presenten. Podrán destinarse entonces mayores cantidades de dinero a la curación de menor número de personas y habrá más probabilidades de salvar la vida de éstas con legítima ganancia para la sociedad.

La investigación científica, como operación esencialmente intelectual, prospera en el clima de la libertad que es en el que el pensamiento no haya obstáculos. El Dr. Raymond B. Fosdick, Presidente de la Fundación Rockefeller, se vió obligado a repetir en su informe anual de 1943 para que no se olviden, las palabras que antes había pronunciado: "La investigación desinteresada no puede sobrevivir en una atmósfera de compulsión y represión. Se marchita bajo los esfuerzos de los gobiernos para imponer  odeologías uniformes y para circunscribir a los intereses del régimen dominante el área de libertad intelectual... Es sólo en una atmósfera de libertad en la que puede mantenerse encendida la lámpara de la ciencia y de la ense­ñanza... Son sólo los hombres libres los que se atreven a pensar, y es sólo por el pensamiento libre como puede mantenerse viva el alma del pueblo".

Los frutos de la investigación de los problemas sanitarios son la esencia del progreso, porque ofrecen en su aplicación, una larga vida en salud y una equilibrada inteligencia destinada al bien.

Bibliografía

1. Balmis, Francisco Javier.—1803. "Tratado Histórico y Práctico de la Vacuna", Traducido del libro de J.R. Moreau (De la Sarthe). Madrid en la  Imprenta Real.
2. Durant W.—1927, "The Story of Philosophy", Simon & Schuster, New York.
3. Newman Sir. George.—1919, "An outline of the Practice of  Preventine Medicine". Published by his M.S.O. London.
4. Panayotaton Angelique G. A.—1923, "L"Hygiene chez les Anciens Grecs" Vigor Freres Ed. Paris

Enlaces refback





Salud Pública de México es una publicación periódica electrónica, bimestral, publicada por el Instituto Nacional de Salud Pública (con domicilio en Avenida Universidad núm. 655, col. Santa María Ahuacatitlán, Cuernavaca, Morelos, C.P. 62100, teléfono 329-3000, página web, www.insp.mx), con ISSN: 1606-7916 y Reserva de Derechos al Uso Exclusivo con número: 04-2012-071614550600-203, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Editor responsable: Carlos Oropeza Abúndez. Responsable de la versión electrónica: Subdirección de Comunicación Científica y Publicaciones, Avenida Universidad núm. 655, planta baja, col. Santa María Ahuacatitlán, Cuernavaca, Morelos, C.P. 62100, teléfono 329 3000. Fecha de última modificación: 11 de abril de 2019. D.R. © por el sitio: Instituto Nacional de Salud Pública.

Gestionando el conocimiento