Salud Pública de México

LA UNIVERSIDAD: ¿PROTAGONISTA O ANTAGONISTA DE LAS REVOLUCIONES EN SALUD?* * Ponencia presentada en el Simposio Internacional "Evolución y Revolución en Salud", realizado el 9 de julio de 1990 en México, D.F.

LA UNIVERSIDAD: ¿PROTAGONISTA O ANTAGONISTA DE LAS REVOLUCIONES EN SALUD?* * Ponencia presentada en el Simposio Internacional "Evolución y Revolución en Salud", realizado el 9 de julio de 1990 en México, D.F.

AUTORES

JOSÉ LAGUNA GARCIA, M. EN C.(1)

(1) Miembro del Comité Consultivo Académico del Instituto Nacional de Salud Pública, Miembro del Comité Asesor de Planeación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAN) y Profesor Emérito de la Facultad de Medicina de la UNAM.

RESUMEN

En este trabajo se analiza la ambivalencia que presenta la universidad en diferentes aspectos. Por un lado, en la difícil tarea de romper con sus estructuras administrativas y en el hecho de que es ella la que debe impulsar el avance educativo; por otra parte, la universidad tiene un compromiso con la sociedad que es manejar adecuadamente los recursos que se le asignan y al mismo tiempo conservar las autonomías académicas y administrativas. Los retos de la universidad son: asegurar la continuidad de la educación superior y establecer una relación más estrecha con la comunidad —sobre todo con respecto a la salud. La misión que tiene en la actualidad es capacitar mejor a los profesionales y al mismo tiempo que se comprometan con la sociedad de tal forma que se establezca un espíritu de servicio; en este sentido la universidad no debe ser considerada como protagonista ni antagonista ya que no funciona en forma aislada y las instituciones de salud junto con ella, deben definir sus objetivos como uno solo para establecer un sistema eficaz. Por último, la universidad el Estado y la comunidad deben unirse para lograr los cambios que, en materia de salud; ha impulsado la Organización Mundial de la Salud.

ABSTRACT

In this work different aspects of the ambivalence presented by the University will be analyzed. On the one hand there exists the difficult job of breaking away from the administrative structures within, plus, the fact that the University itself must stimulate educational advancement; on the other hand the University has an obligation to society to adequately handle the resources assigned to it, and at the same time, maintain its academic and administrative autonomy. The challenges which confront the University are: to ensure the continuation of superior education and to establish a more reliable relationship with the community-with respect to health, above all. The current goal is to better qualify professionals and at the same time, have them feel an obligation to society to establish a spirit of public service; in this sense, the University should be considered neither protagonist nor antagonist, since it does not function in an isolated way. The various health institutions together with the University should define their objectives as a whole in order to establish an efficient system. Finally, with regard to the subject of health, the University as well as the state and the community must unite in order to accomplish the changes which have stimulated the World Health Organization.

Introducción

¿ES ACEPTABLE EL cuestionamiento, expresado en el título de este trabajo, sobre el papel de la Universidad en cuanto a su influencia, positiva o negativa, sobre la introducción de cambios en la impartición de servicios y, por ende, en el estado de la salud de una sociedad?

Así es, ya que a menudo la universidad o lo universitario ocurre en un campo de ideas y realidades con características de ambivalencia. Por ejemplo, es sorprendente constatar el fuerte conservadurismo de la Universidad, cuando ésta se considera como uno de los más vigorosos intrumentos para hacer modificaciones intelectuales; sabemos lo difícil que es romper las fronteras entre sus departamentos y disciplinas, o alterar sus estructuras administrativas, cuando se proclaman como propósitos fundamentales de la universidad: luchar contra la ignorancia, impulsar la generación de conocimiento, despertar inquietudes en los jóvenes, formar mentes críticas y creativas, así como rechazar todo dogmatismo a través del fomento de la duda y el escepticismo.

Otra característica de bivalencia de la universidad se observa en un conflicto cada vez más marcado: por un lado, entre las tradicionales autonomías académica y administrativa y, por otro, la exigencia de responder ante la sociedad sobre el empleo de los recursos que se le otorgan. Ya no se trata tan solo de dar cuentas, sino de definir con claridad cuál es su compromiso con la comunidad. La búsqueda del conocimiento y la formación de profesionales no pueden sujetarse a fuerzas externas y presiones de diversa índole pero, por otro lado, la universidad forma parte de la sociedad, depende de ella y no puede estar aislada. Esta perspectiva es la raíz de uno de los más importantes cambios de la universidad.

En lo interno, trata de ir más allá del mero cumplimiento de las labores cotidianas y pensar a futuro, para garantizarla existencia misma de la educación superior y de la investigación de avanzada; fortalecer el pensamiento en sistemas y lograr la mayor cooperación entre los distintos subsistemas, crear las redes para unir investigadores y expertos en desarrollo y trasferencia tecnológicos, estrechar lazos entre profesores y estudiantes; establecer convenios interuniversitarios; reforzar la interdisciplina y la multidisciplina.

En lo externo, el cambio universitario trata de incidir en la ampliación de la misión de la universidad, que plantea ahora establecer relaciones más fuertes con las necesidades de la comunidad. Este cambio es más obvio en el caso de la salud, si se toma en cuenta el componente operativo de los servicios proporcionados por las instituciones en materia de prevención, curación y rehabilitación, además del énfasis en la estrategia de la atención primaria, tal como fue definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La gran misión de la universidad, formar profesionales útiles a la sociedad que sean capaces de generar cambios beneficiosos a ella, depende de los alcances de las tareas educativas realizadas, en nuestro caso, por las diversas facultades y escuelas que conforman el campo de la salud (medicina, enfermería, odontología, psicología, etc.) y adquiere verdadero sentido sólo cuando se establece un vínculo estrecho con el medio y las demandas de la propia sociedad. Las labores educativas se han basado siempre en las de investigación, pero ahora emerge con fuerza esta nueva tarea, la de servicio, con un elevado grado de interacción con la comunidad. De aquí han salido las recientes tendencias a aceptar compromisos para:

a) Educar más, en materia de salud, a los individuos y a la sociedad, y que acepten su gran responsabilidad en cuanto al cuidado de su propia salud.

b)  Fomentar las investigaciones multi e interdisciplinarias, a fin de cubrir no sólo los aspectos biológicos, sino también lo relativo a los campos epidemiológicos, económico, politico, social, conductual y administrativo.

c) Aportar su capacidad para diseñar, junto con las instituciones de salud, programas que incluyan el conocimiento de las necesidades de la comunidad y de la dinámica social, así como el uso y la aplicación de los avances tecnológicos o administrativos en la operación de los servicios.

d) Reforzar la difusión de conocimientos y hacer el análisis y la crítica de los problemas y necesidades de la comunidad.

e) Colaborar en actividades de investigación participativa o de investigación de servicios de salud.

Debe tomarse en cuenta en todo momento que, en el campo de la salud, la enseñanza y la atención están indisolublemente ligadas; la educación es una actividad real que ocurre en las unidades prestadoras de servicios, donde confluyen alrededor de los usuarios estudiantes (de medicina, enfermería, odontología, etc) y el personal de los servicios en su doble función, de recurso humano para la salud y de profesor o instructor en relación con los alumnos. En rigor, la educación es tarea aplicativa y de servicio, pues el acto docente sólo ocurre cuando los estudiantes y los médicos-profesores, en conjunto, tratan de prestar atención a individuos, familias o comunidades.

Otro problema de bivalencia universitaria es en principio cuando la institución dirige sus esfuerzos hacia grandes propósitos, al cumplimiento de tareas orientadas a una misión; sin embargo, en la realidad, domina en las universidades la recia y tradicional estructura departamental, monodisciplinaria y con gran verticalidad jerárquica (como dice un dicho clásico, "las comunidades tienen problemas; las universidades tienen departamentos"); a menudo, esto ha sido un obstáculo insuperable para el estudio y la búsqueda de soluciones a problemas típicamente múltifactoriales, como son los de la salud (salud ambiental, la economía del desarrollo, los problemas geriátricos, la relación entre la salud y el desarrollo rural, la aplicación de la administración y la alta gerencia a los sistemas de salud, el problema de la mujer y el desarrollo).

Una dificultad adicional radica en el enorme peso específico de las escuelas de medicina en relación con otras escuelas del área o los campos de apoyo de la salud (estudios sobre el ambiente, la economía, la administración o las ciencias de la tierra, sociales o de la conducta). Aquí se establece fácilmente una batalla entre el clásico enfoque clínico que se da a través de las especialidades o disciplinas, en contra del enfoque orientado a problemas que implica, por fuerza, la perspectiva multidisciplinaria.

Otra situación reveladora de una ambivalencia, en este caso no de la universidad sino del sistema, apunta a la concordancia entre las acciones universitarias y la de las instituciones de salud gubernamentales. La universidad tiene a su cargo el desarrollo de programas educativos que permitan la formación de profesionales capaces de prestar los servicios necesarios a la sociedad. Por su lado, las instituciones de salud deberán establecer los esquemas de organización que garanticen el correcto desem peño de los profesionales, dentro de sus capacidades, para atender las necesidades de la población.

Por lo tanto, no es posible considerar a la universidad en forma aislada; ésta, por sí misma, no puede ser, como lo dice el título de esta exposición, ni protagonista ni antagonista en relación con posibles cambios, en principio por razón de su estrecha interdependencia con las instituciones gubernamentales. Con frecuencia los organismos estatales están agobiados por la tradición, por los esquemas organizativos previos, por las luchas internas de los núcleos de poder, por la presión para satisfacer las necesidades más urgentes, y por la heterogeneidad de un personal, que va desde lo excelente hasta lo francamente inepto. El liderazgo pueden ejercerlo indistintamente la universidad o las instituciones gubernamentales, dependiendo de las circunstancias; en nuestro medio existen ejemplos de extraordinarias aportaciones iniciadas por ambas. El ideal sería replantear las relaciones entre la universidad y las instituciones gubernamentales en el marco del pensamiento de los sistemas: definir los objetivos del sistema como un todo y, después, sus componentes, sus interrelaciones, los factores externos que lo modifican y los cambios que deben favorecerse para conformar un sistema más eficiente en cualquier circunstancia. Desde este enfoque la responsabilidad y sus consecuencias, positivas o negativas, no puede recaer sólo en la universidad, ya que las instituciones de salud y la población también son componentes del Sistema de Salud: todos son protagonistas y en ocasiones hasta antagonistas de cualquier cambio en materia de salud.

En última instancia, las revoluciones en el campo de la salud dependen de nosotros mismos, como personal de salud, como profesores o como usuarios. Nuestras actitudes, que determinan nuestras conductas, se aprenden en el contexto de la realidad yen situaciones reales, donde es factible poner en práctica dichas actitudes y donde se comprueba que, al hacerlo, se obtienen resultados favorables. Nuestras actitudes, en el caso de la salud, son influidas en alto grado por el ambiente prevalente y, para lograr un cambio, se necesita que las instituciones y gran parte del personal se comprometan y decidan poner en practica las modificaciones.

El gran cambio impulsado por la OMS bajo el lema de "Salud para todos en el año 2000" y la aplicación de la estrategia de la atención primaria han definido las nuevas responsabilidades de la universidad, del Estado y de la comunidad. En el estudio de la propia OMS sobre universidades y estrategias de salud para todos se expresa que, "aun cuando las universidades pueden comprender los factores que sostienen o deterioran la salud, esto no basta, es preciso, para avanzar, crear un nuevo equilibrio entre la educación, la investigacion y el servicio" para que, en unión del Estado y la comunidad se busquen soluciones a los problemas más urgentes del desarrollo de la sociedad humana.

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