Salud Pública de México

TRANSMISIÓN DEL CÓLERA POR MOSCAS* *Traducción: Dr. Octavio Gómez Dantés

TRANSMISIÓN DEL CÓLERA POR MOSCAS* *Traducción: Dr. Octavio Gómez Dantés

AUTORES

BY SURGN. CAPT. W.J. BUCHANAN, M.B., D.P.H.

Introducción

El siguiente recuento de un brote de cólera en la Prisión de Burdwan en junio de 1896 (que se publica con la autorización del Dr. W.H. Gregg, quien registró los datos) tiene interés en relación con la diseminación de esta enfermedad por vías distintas al agua.

En junio 5, un joven prisionero que dormía en el pabellón número 3 y que llevaba más de dos meses en la cárcel, fue atacado por el cólera y se recuperó; en junio 7, se presentaron seis nuevos casos, dos de los cuales fueron fatales. Estos seis hombres procedían de los siguientes pabellones: dos del pabellón 3, dos del pabellón 5, uno del pabellón 2 y uno del pabellón 4 (todos estos pabellones están construidos formando una sola hilera). En junio 10, se presentó otro caso más en el pabellón 2, y al día siguiente (junio 11) se presentó el último caso en el pabellón 6, que también fue fatal. Es decir, se presentó un total de nueve casos de cólera en seis diferentes pabellones, cuatro de los cuales fueron fatales. Todos estos prisioneros habían estado más de un mes en la cárcel, excepto el segundo caso, que sólo llevaba siete días en prisión y el quinto que sólo tenía 12 días prisionero (estos dos casos se recuperaron). No había prevalencia de diarrea antes, durante o después del brote. De hecho, la prisión en estas fechas se encontraba libre de quejas intestinales. Las fuentes de agua estaban libres de toda sospecha. El agua de la prisión procede de los depósitos municipales y se transporta a la prisión en pipas. Yo mismo comprobé, por métodos bacteriológicos, que el proceso de filtrado es eficaz. La leche también podía descartarse, ya que todas las vacas viven dentro de los límites de la prisión y la leche se hierve antes de distribuirse; además los prisioneros afectados no recibieron leche. ¿Cómo pudo introducirse la enfermedad a la prisión? El segundo caso que se presentó a los siete días del ingreso del paciente a la prisión podría resultar sospechoso, pero el primer caso ocurrió dos días antes de este ataque. Las mujeres prisioneras no se vieron afectadas, ni tampoco los sujetos a juicio, los pacientes del hospital, el personal de la prisión y de los pabellones, ni las personas encargadas de atender a los pacientes. Los prisioneros que estaban en la enfermería tampoco se vieron afectados. Esto es importante. En ese momento la población de hombres convictos ascendía a 190, y estaba dividida en dos grupos, viz, 100 prisioneros ordinarios y 90 enfermos y prisioneros en enfermería; estos últimos, junto con las mujeres, que vivían cerca del hospital, ascendían a aproximadamente 100 en número. Los hombres internados en enfermería trabajaban y
dormían junto con los prisioneros ordinarios, y recibían el mismo tipo de agua. Sin embargo, recibían comida por separado, y su comida era almacenada en un sitio diferente. Debido al gran número de hombres con mala salud en la prisión, el Dr. Gregg había separado a todos los hombres débiles en un grupo, y la comida y las dietas especiales para este grupo (que formaba aproximadamente la mitad de la población de la prisión) era cocinada y servida en las instalaciones del hospital. Los prisioneros ordinarios recibían la comida en el extremo opuesto (diagonalmente) al hospital, sitio en el que también se preparaban sus alimentos. En este extremo NE de la prisión hay afuera una construcción desierta y una hilera de chozas muy sucias que pertenecen a la comunidad. Esta esquina sucia había pasado desapercibida por el Comité de Prisiones en 1985. En el brote de cólera de la prisión se habían presentado varios casos en este sitio, algunos de ellos fatales, y podemos suponer que no fue desinfectado.



En la esquina opuesta o esquina del hospital de la prisión, en donde come la otra mitad de los convictos, hay un tanque y un jardín limpios. Así que tenemos a dos poblaciones con igual número de miembros con la misma fuente de agua, pero su comida era preparada y servida en sitios diferentes. La población que recibía la comida cerca de las chozas infectadas fue severamente atacada; la otra población, que se concentraba en la esquina opuesta salió totalmente librada.

En esas fechas, la ciudad de Burdwan, y en especial la zona de vías, estaba invadida por enormes cantidades de moscas, cantidades mucho mayores que las que se ven en la India en época de calor. El Dr. Gregg piensa que es probable que en junio 4, mientras soplaba un fuerte viento de NE o E, muchas de las moscas fueron arrastradas fuera de las chozas infectadas y llegaron a los árboles y esquinas de la alta pared de la prisión, en donde obtuvieron refugio de la tormenta y alimento de la comida expuesta en las charolas correspondientes a la población de esa esquina. Es un hecho que todos los prisioneros afectados comieron en ese sitio, ya que una vez recuperados los propios prisioneros indicaron el sitio exacto en donde se encontraban las charolas el 4 de junio.

Por lo tanto, hay fuertes evidencias que indican que las moscas fueron las que diseminaron la enfermedad.

Suponiendo que la infección llegó a la prisión en el momento de la tormenta del 4 de junio, tenemos los siguientes periodos de incubación para la enfermedad: un caso 24 a 36 horas, seis casos 3 a 4 días, un caso 6 días y otro caso más 7 días. Los casos fatales siguieron todos un curso muy rápido, falleciendo en unas cuantas horas. Macnamara considera que el periodo de incubación para el cólera es de "aproximadamente cinco días". En la Higiene de Notter y Firth (p. 602) se habla de un periodo "de unas cuantas horas a 3 días, aunque puede llegar a ser hasta de diez días". En el conocido caso de Macnamara, los cinco hombres que bebieron agua contaminada fueron atacados "dentro de un lapso de 36 horas".

Los casos antes descritos, aunque requieren de la prueba bacteriológica con la que se contó en el ahora clásico caso de la Prisión de Gya en 1894, requieren de publicación para ofrecer evidencias de la posible tranmisión de la enfermedad de un sitio a otro por medio de las moscas, especialmente ahora que algunos autores tienden a adherirse a la teoría hídrica de la enfermedad y menosprecian otras formas de transmisión del cólera.

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