Salud Pública de México

TETRAETILO DE PLOMO

TETRAETILO DE PLOMO

AUTORES

Alice Hamilton, M.D.(1) Paul Reznikoff, M.D.(2) Grace M. Burnham(3)

(1) Boston
(2) Director de la Oficina de Salud Laboral
(3) Nueva York

Introducción

Como resultado de la adición de tetraetilo de plomo a la gasolina destinada a los automotores, en este país ha surgido un problema que concierne a la salud pública y a la higiene industrial. La decisión de agregar tetraetilo de plomo a la gasolina se tomó hace dos años, pero de hecho la medida se hizo del conocimiento del público en general a partir del otoño pasado, cuando varios trabajadores de una planta de Nueva Jersey se enfermaron, muriendo cinco de ellos. Los angustiantes detalles de estos casos de enfermedad y muerte, así como el desconocimiento de la naturaleza del nuevo veneno, produjeron gran tensión y alarma y llevaron a los funcionarios encargados de la salud pública de la ciudad de Nueva York y de los estados de Nueva York y de Nueva Jersey, a prohibir el empleo de la "gasolina con etilo", tomando en cuenta el peligro que para el público representaba el veneno producido por los motores que empleaban esa gasolina.1 Esta prohibición ha sido anulada hace poco tiempo en ambos estados, pero sigue vigente en la ciudad de Nueva York.

El interés del público pronto decayó; sin embargo, un grupo cada vez mayor de mecánicos, ahora organizados en los Sindicatos de Choferes, Tronquistas y Mecánicos de Automotores y Aviones, ha mostrado una creciente preocupación ante el peligro que posiblemente les amenaza al trabajar en un ambiente en el que hay emisión de gases. Ante la ausencia de información autorizada, este grupo recurrió a la Oficina de Salud Laboral con el fin de obtener asesoría. El presente informe se elaboró con la información disponible y a petición de dicha Oficina, contando con su ayuda.

El tetraetilo de plomo se agrega a la gasolina con el fin de eliminar el "estallido" o detonación en los motores de combustión interna. Se agrega un "conductor" halógeno, ya sea dibromuro etileno o tricloroetileno y durante la combustión ocurre la descomposición, dando lugar a la formación de cloruro de plomo o de bromuro de plomo, junto con sulfato de plomo procedente del sulfuro de la gasolina, así como a pequeñas cantidades de óxido de plomo y de plomo metálico. Por lo tanto, existen dos peligros claramente establecidos: el del tetraetilo en sí mismo, y el de los productos del plomo, resultantes de su combustión.
 
En el año de 1878, Harnack2 probó la toxicidad del tetraetilo de plomo y de su acetato en ranas, conejos, gatos y perros. Años después, en 1921, Mason,3 en Cincinnati, confirmó muchos de los resultados que obtuviera Harnack, empleando diversas sales de plomo trietilo y trimetilo. Los aspectos más destacados de estos experimentos fueron: una acción estimuladora del sistema nervioso central, principalmente en la médula y en los centros superiores; una marcada estimulación del mecanismo del nervio motor central, que se manifestó por temblores, espasmos musculares y, al final, convulsiones sin pérdida de la conciencia; una baja de la presión sanguínea extrema, aparentemente central en su origen, pues desaparece en los animales vertebrados; cambios en la respiración, que al principio se detuvo y después se aceleró y se hizo profunda; pulso lento y peristaltismo incrementado, con cólicos y diarrea.

Los síntomas que provoca el tetraetilo de plomo en los animales y en los seres humanos son sumamente parecidos a los anteriormente descritos, como puede apreciarse en un informe sobre un estudio que, al respecto, llevara a cabo recientemente Elridge,4 de la Oficina de Químicos utilizados en la Guerra. A partir de estos experimentos, queda claro que el tetraetilo de plomo puede absorberse a través de la piel y del tracto respiratorio y que existe un efecto acumulativo al administrarse dosis subletales en forma repetida.

En resumen, los resultados a los que llegó Elridge son los siguientes: los experimentos llevados a cabo en seis perros mostraron que la aplicación de tetraetilo de plomo en la piel rasurada del abdomen, tuvo un efecto directo en el tracto intestinal, caracterizado por cólico agudo, seguido por diarrea, abdomen tenso y doloroso al ejercer presión y, después, depresión, dificultad para sostenerse en sus patas, tremor, coma, convulsiones y muerte. Se encontró que la dosis letal en los perros, por absorción cutánea, fue de 0.3 cc por kilogramo de peso.5 En el caso de cuatro perros, la muerte sobrevino en un periodo comprendido entre las 24 y las 180 horas; dos perros se recuperaron. En once cobayos, la dosis letal fue de 0.6 cc por kilogramo de peso y la muerte sobrevino entre las 12 y las 70 horas. Tres lograron recuperarse y los síntomas fueron similares a los de los perros.

Se llevaron a cabo experimentos por inhalación con ratones, destinando cinco animales para cada una de las 10 concentraciones de tetraetilo de plomo. La exposición duró 10 minutos, durante los cuales los ratones manifestaron actividad; una vez que fueron retirados de la cámara de experimentación, se observó en ellos una excitación marcada, después depresión, colapso, temblores, convulsiones y muerte. La dosis letal rebasó los 5.11 mg por litro de aire.

Para poder determinar los posibles efectos acumulativos, se seleccionó un perro con un peso de 4.08 k y se le aplicó, una vez al día, 0.1 cc en la piel. Después de la décimo segunda aplicación, el perro manifestó depresión y nerviosismo, situación que fue en aumento hasta la décimo octava aplicación, cuando mostró pérdida del equilibrio estando de pie y temblor. El efecto acumulativo también se probó en ratones mediante la inhalación de la sustancia, exponiéndolos a 0.5 mg por litro de aire durante 10 minutos diarios. Entre el día 14 y el día 20, cinco ratones murieron.

Las necropsias practicadas en los perros que murieron por envenenamiento agudo, mostraron una inflamación aguda de los intestinos grueso y delgado, con numerosas úlceras de 1 a 1.5 cm de diámetro, limpias y en sacabocados, con una base suave. Estas se encontraron básicamente en la región de las placas de Peyer, que estaban hinchadas y prominentes. Uno de los animales presentaba una úlcera similar cerca del extremo del píloro en el estómago; otro no tenía ninguna lesión en el tracto intestinal. No se encontraron cambios en el corazón, los pulmones, el hígado o el bazo, pero todas las regiones del riñón presentaban una congestión moderada. Se realizaron análisis en las excretas, órganos y huesos de los perros y de los cobayos y se encontró plomo en la orina y en las heces, en el esqueleto, los intestinos, el hígado y los pulmones, aunque notoriamente la mayor cantidad estaba en el esqueleto.6 Elridge hizo las siguientes observaciones:

Nos encontramos ante un compuesto de plomo altamente liposoluble que puede penetrar a través de la piel, además de que es comparativamente estable. Probablemente se trate del único compuesto que, al ser absorbido por la piel, produzca un envenenamiento agudo por plomo.

Como medida preventiva, se llevaron a cabo lavados con diversas sustancias. Si bien se encontró que el jabón común y el aceite de olivo funcionaban bien, el mejor agente fue el petróleo y, en segundo lugar, la tintura de jabón verde. Los animales sobrevivieron, inclusive habiendo transcurrido 30 minutos antes del lavado de piel.

He aquí el resumen de Elridge:

De estas observaciones se desprende que los trabajadores que fabrican, manipulan y distribuyen tetraetilo de plomo, corren el peligro de padecer envenenamiento agudo por plomo en aquellos casos en que la piel queda salpicada por una cantidad considerable de dicha sustancia, y envenenamiento crónico por plomo debido a la absorción de partículas por inhalación, a través de la piel o por la boca.

EL PROBLEMA ACTUAL

Existen cuatro puntos que debemos resolver antes de saber si la fabricación y distribución de tetraetilo de plomo y su empleo en la gasolina conllevan un riesgo tan severo que respalde su prohibición por parte de las autoridades sanitarias.

1. El peligro que representa para los trabajadores involucrados en la fabricación de tetraetilo de plomo.

2. El riesgo para aquéllos que manejan el etilo líquido, que consiste en una mezcla de tetraetilo de plomo y de etileno de dibromuro o tricloroetileno, a la cual se le agrega una pequeña cantidad de tintura oscura. El etilo líquido lo manejan los trabajadores de la planta productora, así como los empleados de las gasolinerías, que lo mezclan con la gasolina.

3. El peligro para los que manipulan la gasolina con etilo: se trata de gasolina común a la cual se le han agregado pequeñas cantidades de etilo líquido, aproximadamente media cucharadita por galón.

4. El riesgo que implica para el público inhalar los gases que emiten los motores que emplean gasolina con etilo, así como el que corren los mecánicos, choferes y todo tipo de personas que trabajan con motores, escapes o mofles de motores que consumen gasolina con etileno.

El peligro para los trabajadores que producen tetraetilo de plomo. En los últimos 17 meses, 11 hombres fallecieron y otro enloqueció debido al envenenamiento con tetraetilo de plomo. Todos trabajaban en la producción de dicho compuesto y los accidentes ocurrieron de la siguiente manera:

Septiembre 21, 1923, un fallecido, E.I. du Pont de Nemours y Cía., Carney's Point, N.J.
Junio 1, 1924, dos muertos, General Motors Reserach Corporation, Dayton, Ohio.
Julio 14, 1924, un muerto, E.I. du Pont de Nemours y Cía., Carney's Point, N.J.
Octubre 20, 1924, cinco muertos, Standard Oil Company, Bayway, N.J.
Febrero 18, 1925, un hombre perdió la razón, Standard Oil Company, Bayway, N.J.

La investigación de Elridge incluye un resumen de los síntomas que se registraron en los casos de la Standard Oil, tal y como lo informaran a la compañía W. Gilman Thompson y A.W. Schoenleber, el 16 de mayo de 1924. Los primeros síntomas fueron un notable descenso en la presión arterial, hasta de 60 mm de mercurio por debajo de lo normal, acompañado por una disminución de la temperatura del cuerpo, que llegó a ser de 94.6°F y un pulso lento, de 48 pulsaciones por minuto. Posteriormente aparecieron síntomas que involucraban la actividad cerebral, como insomnio persistente, inquietud y verborrea extraordinarias, y delirio. El equilibrio correspondía al de un hombre borracho, aunque no había parálisis o convulsiones. Por último, después de un periodo en que se observaron movimientos exagerados de todos los músculos, con sudoración, el paciente se volvió violentamente maníaco, gritando y brincando en la cama, mordiendo los muebles y actuando como si se encontrara en delirium tremens; la morfina sólo acentuó estos síntomas. En dos casos fatales, la temperatura del cuerpo subió a 110°F, poco antes de que sobreviniera la muerte. Uno de esos casos fue el de un hombre joven de buena salud, que había trabajado durante sólo cinco semanas. Se dice que tuvo una agonía terrible: "murió gritando."

No hay cianosis o disnea; puede haber vértigo y el ataque agudo puede estar precedido de un periodo de anorexia, vómitos y diarrea. Se observan marcados cambios en los corpúsculos rojos de la sangre y la de uno de los fallecidos no coagulaba en absoluto; tenía el color típico de la hemoglobina con monóxido de carbono. En un caso, la presión sistólica cayó de 190 a 112 mm de mercurio, en tres horas y media, y que puede compararse a la correspondiente a una hemorragia severa. La convalescencia es lenta y puede requerir un lapso de seis a 10 semanas.

Elridge obtuvo, de los médicos de la compañía Du Pont de Nemours, un informe de los síntomas de 28 casos de envenenamiento con tetraetilo de plomo. Los más frecuentes son insomnio (28 veces); después viene un marcado descenso en la presión sanguínea (20); temperatura por abajo de la normal (19); anorexia, náusea e hiperacidez de la orina (18); debilidad (16); cólicos estomacales (12); sueños extraños (11); vértigo y vómitos matutinos (10); marcada pérdida de peso (9) y pulso lento, reacciones musculares exageradas y cefalea (7). Otros síntomas que se encontraron con menor frecuencia, fueron un sabor metálico en la boca, tremor y una marca de plomo en las encías (en cuatro casos), así como comezón en la piel. Se encontró plomo en la piel de 12 hombres.
 
Los accidentes que ocurrieron en Nueva Jersey y en Ohio, ameritaron que funcionarios estatales llevaran a cabo investigaciones con el objeto de determinar el alcance del peligro que representaba la producción de tetraetilo de plomo y la posibilidad de proteger a los trabajadores.

En Ohio, la investigación la llevaron a cabo H. Ehret, del Departamento de Inspección Fabril, y el Dr. Nelson C. Dysart. Descubrieron que en el periodo en que ocurrieron los dos accidentes fatales, se había empleado a trabajadores no calificados sin ninguna supervisión técnica; que las medidas de precaución para manipular el producto eran mínimas; que los procesos de mezclado y embotellamiento se llevaban a cabo sólo con la protección de una campana de laboratorio común, y que, a pesar de que a los trabajadores se les había proporcionado guantes y respiradores, no los utilizaban. Sin embargo, cuando los inspectores visitaron la planta, se toparon con un magnífico edificio y con buen equipo, así como con que se había dotado a los trabajadores con ropa de trabajo, instalaciones para lavarse, etcétera. "Desde de que cambiaron las condiciones en las cuales se llevan a cabo los procesos de mezcla y embotellamiento, con el tubo de salida hacia abajo, los trabajadores ya no han sentido malestar, mientras que antes abundaban las quejas por pérdida del apetito y de peso."

El Dr. Andrew McBride, Comisionado del Trabajo del estado de Nueva Jersey, llevó a cabo una investigación en la planta de la Standard Oil y publicó (noviembre 25, 1924), un informe en que manifestaba su oposición a que se llevara a cabo "cualquier intento para producir de nueva cuenta dicho compuesto mediante los procesos anteriormente empleados, pues la experiencia había demostrado que no se puede proteger a los trabajadores de los efectos de los contactos con el veneno". Después que ocurriera la primera muerte en Bayway, el resto de los empleados que habían estado expuestos al tetraetilo de plomo fueron llevados al Reconstruction Hospital y puestos en observación. Cuatro murieron unos días después, otros mostraron síntomas pasajeros de perturbación mental y uno fue declarado sicótico el 18 de febrero de 1925. La planta de la Standard Oil fue clausurada después de que fallecieron los cuatro hombres ingresados en el hospital.

El Dr. McBride también llevó a cabo investigaciones en la planta de la compañía E.I. du Pont de Nemours, en Carney's Point. En su informe asentó que "el peligro por exposición quedó reducido al mínimo"; sin embargo, el 18 de febrero de 1925 un empleado de dicha planta falleció debido a la exposición al tetraetilo de plomo.

El peligro que corren los individuos que manipulan el etilo líquido. El etilo líquido se vende en recipientes de acero de un cuarto, con cuellos apuntados, sellados con tapas de estaño blando. El operario de la estación de servicio que tiene que agregar el etilo líquido a la gasolina en los tanques de los automóviles, rompe el sello con un perno vertical y coloca el receptáculo sobre la taza de la manguera de distribución del tanque de gasolina. Cuando el recipiente queda vacío, lo retira y lo sustituye por otro. Existe un peligro evidente en este proceso, pues el líquido puede salpicar la cara y las manos del trabajador cuando presiona el recipiente contra el perno. Tomando en cuenta este hecho, los fabricantes han decidido que, en el futuro, sólo se venderá tetraetilo de plomo a las refinerías, donde la mezcla con la gasolina se llevará a cabo por trabajadores especialmente entrenados y después dicha gasolina será distribuida en las estaciones de servicio.7 Sin embargo, esta medida se limita sólo a una decisión de los fabricantes, pero en ningún estado existe regulación respaldada por la ley.
Se ha dicho que las gasolinerías pequeñas que cuentan sólo con una bomba, no pueden comprar gasolina que ya traiga el tetraetilo de plomo integrado, sino que tienen que agregar el etilo líquido a la gasolina común, a solicitud del cliente.

El riesgo que corren los empleados de las estaciones que proporcionan y distribuyen gasolina con etilo, así como el público que manipula este producto. En el Laboratorio de Higiene Industrial del Colegio de Médicos y Cirujanos de la Universidad de Columbia, de Nueva York, se lleva a cabo actualmente un estudio sobre este problema, pero la información con que se cuenta a la fecha resulta insuficiente para poder hacer cualquier afirmación al respecto.

El peligro que corren los empleados de los talleres mecánicos, así como el público, al estar en contacto con los escapes de los motores que emplean gasolina con tetraetilo de plomo. Los gases que emite la combustión de gasolina con plomo contienen compuestos de éste en forma de polvo más o menos fino. El peligro en este caso radicaría en la exposición repetida a pequeñas dosis, que resultaría en un envenenamiento crónico por plomo. La General Motors Reserach Corporation (que después se convirtiera en la General Motors Chemical Company) tomó conciencia de este hecho y solicitó a la Oficina de Minas Estadounidense que investigara al respecto. En tanto se tuvieran los resultados de esta investigación, no se impidió la fabricación, distribución y venta de tetraetilo de plomo y de gasolina con etilo. En diciembre de 1923, la Oficina de Minas comenzó a realizar sus experimentos y justamente un año después hizo público un informe sobre "Gases emitidos por motores que consumen gasolina con etilo". El hecho de que el informe procediera de un organismo gubernamental le dio un carácter definitivo y mucha importancia, como lo demuestra que inmediatamente después de su publicación, el edicto relativo a la fabricación, distribución y venta de gasolina con etilo fuera anulado en los estados de Nueva York8 y Nueva Jersey, así como la reciente aparición de varios artículos procedentes de dos funcionarios públicos.9


INFORME DE LA OFICINA DE MINAS

Los encargados de llevar a cabo el experimento, emplearon un motor de gasolina común, a la que se le agregaron 3 cc de tetraetilo de plomo y 2 cc de dibromuro de etilo o tricloroetileno, cerca de 0.04 y 0.06 por ciento, respectivamente, por volumen. El aparato era una cámara de aire de 1 000 pies cúbicos en la cual se inyectaba aire en una proporción de 30 000 pies cúbicos por hora, logrando un cambio total cada dos minutos. Los gases de combustión los emitía un motor Delco, en un primer tiempo, a través de un tubo de 10 pies y de una pulgada y cuarto. Sin embargo, como una gran cantidad del plomo quedaba depositada en el tubo, se realizó una modificación al aparato el día 5 de abril, después de lo cual se envió el gas a través de una sección recta del tubo de 30 pulgadas y de un mofle que iba directamente del motor y descargaba en la cámara, en tanto que los gases eran eliminados por otro tubo que terminaba cerca del nivel del piso, en el mismo lado de la cámara. Como resultado de esta modificación, la cantidad de plomo emitido aumentó de 0.5 g diarios a 1.5 g. La cantidad de plomo estaba regulada por el contenido de monóxido de carbono del gas, que siempre se mantuvo en el límite "permisible" de 0.4 por mil, establecido por Yandell Henderson y sus colegas, como el máximo aceptable en el aire del túnel vehicular de Nueva York-Nueva Jersey.

Se colocaba a los animales en cajas al interior de la cámara de aire, de tres a seis horas diarias, por periodos variados. Veintitrés conejos, quince cobayos, cuatro palomas, ocho perros y dos changos se emplearon en las pruebas de tres horas de duración; una cantidad igual de conejos y de cobayos, más tres perros y cuatro palomas, tuvieron una exposición de seis horas y, al menos la mitad de conejos, de cobayos y de palomas, se manejaron como grupo de control. Todos fueron alojados juntos y recibieron el mismo tipo de alimentación, en cantidades iguales y a las mismas horas.

Después de cada periodo de prueba se analizaron los depósitos en la capucha del motor, en el tubo de escape, en los colectores de aceite y en el cárter, en busca de plomo, y se encontró que aproximadamente el 63 por ciento del plomo de la gasolina estaba en dichos depósitos en forma de sulfato y de cloruro o bromuro, en tanto que el resto había sido emitido al aire de la cámara, cayendo las partículas más grandes al piso y las más ligeras quedando suspendidas en el aire. El contenido de monóxido de carbono del aire en el segundo periodo de pruebas, promedió de 0.015 a 0.025 por ciento y el de plomo de 0.002 a 0.007 mg por pie cúbico.

En cuanto a los animales, el 50 por ciento de los conejos (del grupo de prueba y del de control) falleció, así como cerca del 25 por ciento de los cobayos que fueron sometidos al experimento; nueve perros sobrevivieron, así como los changos y todas las palomas. Todas las muertes se atribuyeron a accidentes o a enfermedad, especialmente de origen infeccioso. No se observaron pérdida de peso, anemia, marcas de plomo, ni evidencia de envenenamiento por plomo, ya sea a través de síntomas o bien del análisis de los tejidos. El análisis de la sangre de los seis conejos correspondientes al experimento de tres horas de exposición, de los cuatro conejos expuestos durante seis horas y de ambos perros, no mostró punteado en las células, tan sólo una ligera policromatofilia, anosicytosis y poiquilocitosis. La sangre de los cobayos mostraba punteado, pero no más que la de los animales de control.

Se buscó la presencia de plomo en los restos de siete cobayos, un perro y once conejos, mediante el método de Fairhall,10 y se encontraron cantidades insignificantes, siendo la mayor de 0.33 mg por cien gramos de peso. Se encontró plomo en los restos de los animales tanto de experimentación como de control. Los autores concluyeron que esto demuestra que el envenenamiento latente o pospuesto es imposible bajo estas circunstancias, debido a que no se almacenó plomo.


Para calcular el peligro a partir de la cantidad de plomo que se encontraba en los gases de combustión, se llevó a cabo un experimento de inhalación y exhalación. Seis hombres respiraron estos gases a través de una máscara especialmente diseñada, con válvulas de doble acción que almacenaban el aire exhalado. Se encontró que del plomo inhalado, únicamente del 8 al 27 por ciento era retenido, esto es, un promedio del 15 por ciento. De aquí los autores dedujeron que las cantidades de plomo que se encontraron en el aire de la cámara de experimentación, resultaban insignificantes y que "el único riesgo de envenenamiento por plomo de los productos de la combustión de gasolina con etilo, parece limitarse posiblemente al mecánico encargado de limpiar constantemente los carbones de los motores". Consideraron que este riesgo no era mayor al que corren los pintores al inhalar sustancias tóxicas.

REVISIÓN CRÍTICA DE DRINKER Y EDSALL AL INFORME DE LA OFICINA DE MINAS

Se ha publicado una revisión que Drinker y Edsall,11 de Harvard, hicieron de ese informe. Estos autores consideran que el informe carece de un carácter eminentemente convincente, debido al reducido número de animales que realmente se sometió a experimentación. La mortalidad tanto de los animales sometidos a prueba como de los de control, resultó excesiva (50 por ciento de los conejos, 25 por ciento de los cobayos), lo cual redujo el valor de los experimentos. Todas estas muertes se consideraron como debidas a infecciones o a accidentes de distintos tipos, y se dijo que abundaron tanto en el grupo de animales sometido a los experimentos, como en el control. Sin embargo, resulta "desafortunado que no se dispusiera de una mejor reserva de animales destinada a experimentos tan importantes como éste". Cuestionaron la propiedad de los datos sobre los cuales los autores basaron su afirmación de que un hombre que inhala los escapes de un motor, sólo retiene el 15 por ciento del plomo inhalado y no estaban de acuerdo en aplicar dichos resultados a los animales sin llevar a cabo experimentos directos en las especies en cuestión. Desde su punto de vista, el material no se presentó con suficiente detalle. No se proporciona información relativa al tamaño, composición o fijación del plomo, suponiendo que se encontrara en forma de partículas sólidas y no como gas. No les parece una afirmación confiable la de que dichas partículas podrían salir al aire de un taller mecánico en la misma forma en que lo harían los gases de combustión procedentes de los motores de gasolina. Por esa razón y debido a que la cantidad de plomo se mantuvo en el aire en un nivel extraordinariamente bajo en la cámara de experimentación, no se puede suponer que estas condiciones reprodujeran las circunstancias reales bajo las cuales se encuentran los seres humanos ante los productos de la combustión de la gasolina con etilo. Lo que estos experimentos demuestran es que "con un sistema de ventilación que evita que el plomo lanzado al aire por motores que emplean gasolina con etilo, alcance una cifra superior a los 0.002 a 0.007 mg de plomo por pie cúbico, se logra una condición no peligrosa, con una cantidad de animales limitada".


MODIFICACIÓN DEL MÉTODO DE EXPERIMENTACIÓN AL FINAL DE LOS PRIMEROS CUATRO MESES

Desde el inicio del experimento, el 6 de diciembre de 1923, hasta el 2 de abril de 1924, que cubre la mitad del tiempo de estudio sobre el que se informa, el aire que se emitió a la cámara de experimentación contenía un promedio de sólo 0.00043 mg de plomo por pie cúbico (las pruebas de plomo se promediaron hasta el 2 de abril), pero durante los últimos cuatro meses del experimento, el plomo en el aire aumentó a 0.0045 mg por pie cúbico (las pruebas de plomo se promediaron del 2 de abril al 22 de julio). Además, a los investigadores les pareció que el sistema de ventilación que se utilizó durante los primeros cuatro meses del estudio no era adecuado y se hizo un cambio el 23 de abril. Bajo las nuevas condiciones, los gases emitidos se dirigían a la cámara a través de un tubo de 10 pulgadas y se eliminaban de la cámara mediante un tubo similar que se encontraba cerca del nivel del piso, en el mismo lado de la cámara. Una modificación de este tipo podría ocasionar un corto circuito del aire que podría interferir seriamente con la ventilación general de la cámara.

Al considerar que se emplearon dos métodos de ventilación de la cámara totalmente diferentes, parecería que los primeros cuatro meses del experimento tienen poco valor y que los resultados de ambos métodos no deberían sumarse o promediarse.

LAPSO DE EXPOSICIÓN DE LOS ANIMALES

Una lectura rápida del informe, da la impresión de que alrededor de 97 animales estuvieron expuestos a los humos emitidos por motores de gasolina con etilo, durante un lapso del 6 de diciembre a 22 de julio; sin embargo, un análisis más detenido muestra que, debido a la mortandad que se dio entre los animales, el periodo real de exposición fue mucho menor. Se proporcionan descripciones de la sangre de 12 de los animales sometidos a los experimentos y, de éstos, nueve se expusieron durante tres meses o menos; es decir, ocho durante tres meses, uno durante dos meses y tres durante cinco meses y medio. Los informes relativos al análisis de los tejidos en busca de plomo se dan sólo en el caso de 19 de los 97 animales expuestos, y más de la mitad de éstos (10 de 19), estuvo expuesta a la gasolina con etilo sólo por tres meses o menos. Seis animales estuvieron expuestos por tres semanas o menos; cuatro se expusieron durante un lapso de tres semanas a tres meses; seis lo estuvieron de tres a cinco meses y tres más durante cinco meses.

LOS AMMALES DEL GRUPO DE CONTROL NO ESTUVIERON EXPUESTOS AL MONÓXIDO DE CARBONO

Los animales estuvieron expuestos, en la cámara, a dos venenos: el monóxido de carbono y el plomo. Los animales del grupo de control no estuvieron expuestos a ninguno. Nasmith y Graham12 han establecido que la exposición a pequeñas dosis de monóxido de carbono durante varios dias seguidos incrementa la cuenta de eritrocitos en los animales sometidos a experimentación, por lo que surgen algunas dudas en cuanto al registro del conteo sanguíneo de los animales destinados a las pruebas. Los cuadros muestran que no hubo disminución de los eritrocitos en estos animales y se puede concluir que no mostraron anemia por plomo. Para demostrar este punto, se debería probar el efecto de exposiciones repetidas al monóxido de carbono en animales del grupo de control. De hecho, el examen directo de frotis mostró algo de policromatofilia, anisocytosis y poiquilocitosis, evidencias todas de anemia secundaria.
 
LOS ANIMALES DE CONTROL Y LOS DE EXPERIMENTACIÓN FUERON ALOJADOS JUNTOS

El informe de la Oficina de Minas indica que "se alojó a todos los animales juntos y que se les proporcionó la misma cantidad y calidad de alimentos, a las mismas horas". Este procedimiento está sujeto a críticas, ya que las excretas de los animales expuestos al plomo afectarían a los animales del grupo de control y esto puede influir en el hecho de que se haya encontrado plomo en sus tejidos, ya que los tejidos normales no deberían presentar plomo. Por esta misma razón, no se tendrían que haber puesto juntos a los animales expuestos durante tres horas con los expuestos durante seis horas.

NO SE ESTABLECE EL TIPO DE DIETA SUMINISTRADA

No se hizo ninguna aclaración con respecto al tipo de alimentación que se proporcionó a los animales, a pesar de que la dieta y la exposición a la luz solar tienen una influencia directa en el destino del plomo que se introduce en el organismo, y pueden determinar si se queda almacenado temporalmente en forma inofensiva, o bien si circula o es excretado. En los animales que se han expuesto al plomo y que se les proporciona una dieta alta en calcio (leche), colocándolos bajo la luz del sol directa, se observa que pueden acumular grandes cantidades de plomo sin mostrar signos ni síntomas de envenenamiento.

ANÁLISIS DE LAS EXCRETAS

No se llevó a cabo ningún análisis de las excretas, aunque el examen de las deposiciones proporciona una prueba importante de la cantidad de plomo que pasa a través del organismo. Asimismo, hubiese sido importante saber en qué tejidos de los animales que murieron se encontró plomo, pues de esa manera se sabría si el plomo era almacenado en forma inofensiva, comparativamente, en el esqueleto, o bien si se encontraba realmente en circulación.

LA INTERPRETACIÓN DE LOS SÍNTOMAS EN LOS ANIMALES

Existe confusión en el informe con respecto a la situación de los animales sometidos a los experimentos. En los protocolos, se puede encontrar que uno de los animales se adelgazó antes de morir y que un perro y un conejo quedaron paralizados antes de fallecer, pero en el resumen se afirma que ningún animal perdió peso o quedó paralizado. No se da ninguna explicación con respecto a esta discrepancia entre las observaciones y las conclusiones. Se dijo que ningún animal sufrió cólicos; sin embargo, los cólicos son difíciles de determinar en los animales y su ausencia sólo puede suponerse.

Por otra parte, se afirma que un perro que falleció después de la parálisis, "no presentó punteado o marcas de plomo". Probablemente los perros envenenados por plomo no presentan eritrocitos punteados.13 La observación "ninguna línea o marca de plomo" se hizo con respecto a los conejos que murieron, pero en estos animales el envenenamiento por plomo no va acompañado por la formación de una marca de plomo, lo cual sucede en pocos animales, especialmente en los gatos, pero nunca en los conejos. Hasta ahora se desconoce si los perros envenenados con plomo mostraron esta marca. La causa de la parálisis y del adelgazamiento en los animales sometidos a los experimentos no está suficientemente clara y, con respecto a los changos, se proporciona muy poca información: no hay registro del peso, de los resultados de los análisis hematológicos, de la marca de plomo o bien del análisis de las deposiciones o de orina.


LA CANTIDAD DE GAS EMITIDO EN LA CÁMARA DE AIRE NO CORRESPONDE A LAS CONDICIONES REALES

Los animales sometidos a experimentación se mantuvieron en una atmósfera que tenía gases de combustión en una concentración de hasta cuatro partes de monóxido de carbono por 10 000. Se estableció este límite, porque es la cantidad de monóxido de carbono que fijaron Yandell Henderson y sus colaboradores como el límite superior permisible en el aire del túnel vehicular que va de Nueva York a Nueva Jersey. Los investigadores se refieren constantemente a este nivel como la cantidad "permisible" o "tolerable" de monóxido de carbono. En una comunicación personal, Henderson hizo las siguientes observaciones:

Si tomamos en cuenta la salud, realmente se trata de la máxima cantidad que debe haber en cualquier taller mecánico; sin embargo, existen muchos ejemplos en nuestras investigaciones y, en particular, en el reciente informe del Dr. Ettore Ciampolini, del Departamento de Trabajo de Nueva York, en su estudio sobre los talleres mecánicos abiertos al público, de que la atmósfera en esos sitios a menudo está contaminada en una medida que supera la proporción de cuatro por 10 000. En la actualidad, con el tipo de escapes que utiliza la mayoría de los automóviles, resulta imposible mantener una norma sana con respecto al monóxido de carbono. Por la misma razón, los trabajadores de dichos talleres, aún tomando en cuenta el informe de la Oficina de Minas, estarán expuestos a una cantidad igual a varias veces la cantidad de polvo de plomo a la que estuvieron expuestos los animales sometidos a esos experimentos. Además, en la cámara de aire la ventilación artificial rápida evitaba que el plomo se acumulara en forma de polvo, lo cual no sucede realmente en un taller mecánico o en las calles. El enfoque podría haberse aproximadado a las condiciones reales si se hubiese emitido el gas de combustión a la cámara durante varias semanas, sin colocar en ella ningún animal. Cuando se hubiese juntado la cantidad de polvo que generalmente se acumula en un taller, se podría haber cerrado el escape y se podrían haber introducido los animales en la cámara con polvo, durante varias semanas; un experimento así se hubiese aproximado a las condiciones que realmente prevalecen en los talleres mecánicos.

RESULTADOS NEGATIVOS EN CUANTO AL ENVENENAMIENTO POR PLOMO

El lapso de exposición de los animales fue demasido corto y el método empleado no era el adecuado para obtener resultados convincentes. A todas luces, resulta difícil lograr el envenenamiento por plomo en animales a través del tracto respiratorio, a menos que se recurra a alguna medida extraordinaria, como la insuflación de polvo de plomo, pues la parte superior del tracto respiratorio de estos animales está bastante bien protegida. De manera tal que esos experimentos difícilmente pueden aceptarse como una solución al problema de los seres humanos.
 
La conclusión del informe relativa a que "el único peligro que existe de envenenamiento por plomo a partir de los productos resultantes de la combustión de la gasolina con etilo, parece estar limitado, probablemente, al mecánico que constantemente limpia los carbones de los motores" se basa, al parecer, en la gran cantidad de plomo que quedó depositada en el tubo del motor, etc., y en los experimentos por inhalación que mostraron que sólo el 15 por ciento del plomo inhalado permanece en el organismo.

CONCLUSIONES

Consideramos que las anteriores conclusiones no son válidas y que la evidencia con que a la fecha se cuenta parece mostrar la existencia del peligro real de envenenamiento crónico por plomo, relacionado con el trabajo en los talleres mecánicos al emplear gasolina con etilo, así como un probable peligro para el público en general a partir del polvo de plomo que se encuentra en las calles de las grandes ciudades. Los compuestos de plomo formados por la combustión de gasolina con etilo son el cloruro y el bromuro, según el conductor que se emplee, y el sulfato. Un análisis cuantitativo que llevaron a cabo los investigadores de la Oficina de Minas con respecto a los depósitos en la cabeza del motor, el tubo de escape, el cárter y el colector de aceite bajo la salida del escape, mostró que el 92.5 por ciento del depósito estaba formado por plomo, del cual el 40.1 por ciento estaba en forma de cloruro o bromuro, y el 55.1 por ciento en forma de sulfato. Ahora bien, el cloruro y el bromuro de plomo se ubican entre las sales de plomo más solubles, mucho más solubles que las que generalmene se encuentran en la industria, como puede verse en el cuadro que sigue.14

 

Entonces, la aseveración de que tan sólo se retiene el 25 por ciento del plomo inahlado no resulta tranquilizante, aun si se acepta que eso ha sido comprobado. Un compuesto de plomo soluble finamente dividido puede ser absorbido por el tracto respiratorio, empezando por la mucosa nasal,15 y puede constituir un serio peligro si se administra en dosis repetidas, aun si éstas son pequeñas.

Consideramos que los investigadores concentraron su atención en las partículas finas de plomo suspendidas en el aire y que no le atribuyeron suficiente importancia a la descarga de "grandes partículas de escamas que caen al piso" y que, en los talleres mecánicos, en los sitios de taxis techados, en las terminales grandes de trenes e inclusive en las atiborradas calles de las ciudades, pueden significar algo más que un peligro deleznable. Estas partículas serán trituradas por los pies de los transeúntes y transportadas por las corrientes de aire; en seguida quedarán disueltas por la lluvia y serán arrastradas; es muy probable que contaminen las aguas superficiales. Cabe recordar también que cuando se utilizó por primera vez el tetraetilo de plomo en el motor de gasolina, todo el plomo quedó depositado en el motor y que por esa razón se empleó un conductor halógeno, a fin de sacar algo del plomo del motor. Las modificaciones futuras seguramente permitirán mejorar en ese sentido, a la vez que se incrementará la cantidad de plomo que se descarga en el aire.

RESUMEN

El tetraetilo de plomo se agrega a la gasolina, junto con un "conductor" volátil —libromuro etileno o tricloroetileno—, para evitar el "estallido" de los motores.

Los experimentos que llevó a cabo Elridge, del Chemical Warfare Service, muestran que el tetraetilo de plomo atraviesa la piel y que la consecuencia puede ser el rápido envenenamiento agudo, si se aplica a través de la piel o bien se inahalan los vapores. En los animales envenenados así, se encontraron depósitos de plomo principalmente en el esqueleto. Asimismo se observó un efecto acumulativo cuando los animales recibieron dosis repetidas por las vías antes mencionadas, y la muerte sobrevino en más de la mitad de los casos.

La producción de tetraetilo de plomo con fines comerciales ocasionó el envenenamiento de entre 60 y 70 hombres y la muerte de 10, en un lapso de 13 meses, que terminó el 1 de noviembre de 1924. A partir de entonces, se hicieron modificaciones de importancia en el equipo y sólo se ha informado de dos casos de envenenamiento durante 1925. Un hombre falleció y otro fue declarado demente en febrero de 1925.

La mezcla de etilo líquido con gasolina constituye un peligro, cuyo alcance aún no se determina, para los empleados de las refinerías y de las estaciones de gasolina.

El empleo de gasolina a la cual se le ha agregado etilo líquido representa un riesgo de envenenamiento crónico por plomo, probable para los trabajadores de los talleres mecánicos y posible para el público en general, pues la combustión del tetraetilo de plomo da como resultado la fdrmación de compuestos solubles de plomo, el cloruro y el bromuro (así como el sulfato, que es menos soluble), cuyos componentes pasan con los gases del escape en forma de partículas ligeras y partículas pesadas.

Durante un tiempo, los estados de Nueva York y de Nueva Jersey prohibieron la utilización de gasolina con etilo, pero se retractaron de esta orden cuando la Oficina de Minas de los Estados Unidos de Norteamérica emitió un informe en el que se afirmaba que las pruebas hechas en animales que inhalaron los gases de los escapes procedentes de motores que empleaban gasolina con etilo, mostraron que no había evidencia de saturnismo.

El informe de la Oficina de Minas fue analizado en forma crítica y resultó inadecuado en alcance, técnica y resolución. No puede considerarse como la última palabra acerca de la toxicidad de los gases de combustión de los motores que consumen gasolina con etilo. Otro asunto, concerniente al riesgo que corren los trabajadores de los talleres mecánicos, apenas se abordó en ese informe y amerita un manejo más profundo.

Debido al uso cada vez más amplio que se hace de los automóviles, la cuestión del peligro que corren los trabajadores industriales y el público que tiene que ver con la producción y el manejo de tetraetilo de plomo y con el empleo de gasolina con etilo, reviste la más alta importancia y amerita un estudio que vaya más allá de toda crítica. Una investigación de ese tipo debe incluir un estudio intensivo de un grupo de individuos que ya hayan estado expuestos al gas, que sean sometidos a dietas de calcio conocidas y variadas y a diversas exposiciones de luz solar. Sólo de esa manera se podrá controlar la absorción y el posible envenenamiento por plomo. Probablemente sea más importante la posibilidad de que las gónadas queden dañadas y la posteridad afectada,16 aún cuando no se observe ningún efecto marcado en el individuo. Esto requeriría de un estudio de la progenie de animales con genealogía conocida. Hasta que no se lleven a cabo más investigaciones al respecto, podría resultar de interés para la salud pública suspender el empleo de tetraetilo de plomo en la gasolina.

Bibliografía

1. Un editorial aparecido en The Journal, el 8 de noviembre de 1924, en la p. 1511, se refiere al tetraetilo de plomo como "un peligro industrial más" y, después de mencionar brevemente un cierto número de fallecimientos entre los productores de dicha sustancia, habla de la posibilidad de envenenamiento a partir de la inhalación de los gases de los escapes de los motores, en especial porque el plomo es un veneno acumulativo.
2. Hamack: Arch. f. exper. Path. u. Bharmakol. 9:152, 1878.
3. Mason, E.C.: The Pharmacologic Action of Lead in Organic Combination, J. Lab. y Clin. Med. 6:427 (mayo) 1921.
4. Eldridge, W.A.: A Study of the Toxicity of Lead Tetra Ethyl, Report 29, Chemical Warfare Service, octubre 5, 1924.
5. 00.498 g. por kilogramo de peso. Un centímetro cúbico de tetraetilo de plomo puro pesa 1.659 g.
6. La distribución en un perro fue la siguiente: huesos 200 mg; intestinos 96 mg; hígado 76 mg; pulmones 16 mg; ningún otro órgano llegó a tener 10 mg.
7. Shrader, J.H.: Tetra-Ethyl Lead and the Public Health, Am.J. Pub. Health 15:213,1925.
8. En Albany, el 20 de enero de 1925, por indicación del Consejo de Salud Pública del Estado de Nueva York.
9. Shrader (nota 7). Sall, C.M.: The Nation's Health, Departamento del Trabajo del Estado de Nueva York 7:169 (marzo 15)1925.
10. Fairhall, LT.: The Estimation of Minute Amounts of Lead in Biological Material, J. Indust. Hyg. 4: 20 (mayo) 1922.
11. Drinker, C.K. y Edsall, D.L.: J. Indust. Hyg. 7:94 (febrero) 1925.
12. Nasmith, G.G. y Graham, D.A.L.: Hematology of Carbon Monoxid Poisoning, J. Physiol. 7:35, 1906.
13. Aub, J.C.; Reznikoff, Paul y Smith, D.E.: Lead Studies, III, The Effect of Lead on Red Blood Cells, J. Exper. Med. 40:151 (agosto) 1924.
14. Comunicación personal que hiciera a los autores el Prof. Julius Stieglitz, Departamento de Química de la Universidad de Chicago.
15. Blumgart, H.L.: The Absorption of Lead from the Nasal Mucosa, J. Indust. Hyg. 5: 153 (septiembre) 1923.
16. Cole, L.J. y Bachhuber, L.J.: The Effect of Lead on the Germ Cells of the Male Rabbit and Male Fowl as Indicated by their Progeny, Proc. Soc. Exper. Biol. y Med. 12:24, 1914. Weller, C.V.: The Blastothoric Effect of Chronic Lead Poisoning, J.M. Res. 33: 271, 1915.

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