Salud Pública de México

CARACTERÍSTICAS REPRODUCTIVAS DE ADOLESCENTES Y JÓVENES EN LA CIUDAD DE MÉXICO

CARACTERÍSTICAS REPRODUCTIVAS DE ADOLESCENTES Y JÓVENES EN LA CIUDAD DE MÉXICO

AUTORES

JULIO GARCIA-BALTAZAR, M.C.(1) JUAN GUILLERMO FIGUEROA-PEREA, LIC. EN FIL. Y ACT., M.A.P.R.,(2) HILDA REYES-ZAPATA, M.C., M.S.P.(3) CLAIRE BRINDIS, PH.D.(4) GREGORIO PEREZ-PALACIOS, M.C.(5)

(1) Médico Especialista en la Dirección General de Planificación Familiar, Secretaría de Salud (SSA).
(2) Director de Investigación, Dirección General de Planificación Familiar, SSA.
(3) Jefe de la Unidad de Análisis y Estadística, Instituto Nacional de Perinatología, SSA.
(4) Co-Directora del Centro de Investigación en Políticas de Salud Reproductiva, Universidad de California, San Francisco.
(5) Director General de Planificación Familiar, SSA.

RESUMEN

En este estudio se presentan los resultados preliminares de la Encuesta sobre el Comportamiento Reproductivo de los Adolescentes y Jóvenes en el Area Metropolitana de la Ciudad de México (ECRAMM), la cual contiene información sobre 1 010 adolescentes y jóvenes entrevistados: el 51.7 por ciento era del sexo masculino y el 48.3 por ciento del femenino. El promedio de edad fue de 17 años. Al momento de la encuesta, 14.6 por ciento estaban unidos; la edad promedio de la primera unión de los hombres fue a los 19.2 años y de las mujeres a los 17.8 años. En promedio, la menarquia se presentó a los 12.4 años y la eyaculación a los 14 años. El 32.7 por ciento había tenido, por lo menos una vez, contacto sexual. La edad promedio de inicio de éste en los hombres fue a los 16 años y en las mujeres a los 17 años. De éstos, el 33.8 por ciento declaró haber utilizado algún método anticonceptivo en la primera relación sexual; los métodos mas comunes fueron el ritmo y el coito interrumpido. El 67 por ciento adquirió algún anticonceptivo en la farmacia. De las mujeres, el 18.4 por ciento se embarazó, mientras que el 20.4 por ciento de los hombres embarazó alguna vez a una mujer. La edad promedio al momento del primer embarazo fue de 17.8 años para la mujer y de 18.7 para los hombres. Del grupo de población con antecedentes de embarazo, el 66.1 por ciento de los hombres y el 57.3 por ciento de las mujeres declararon que el primero no fue deseado. Este influyó para que las mujeres se unieran en el 48.1 por ciento y en los hombres en el 82.4 por ciento. La información de este estudio, por una parte, confirma los conocimientos que se tienen sobre este problema y, por la otra, permite caracterizar el comportamiento reproductivo de los adolescentes y jóvenes del área metropolitana.

Palabras clave: adolescentes, actividad sexual, anticoncepción, comportamiento reproductivo, México

ABSTRACT

This article presents the preliminary findings of the Survey on Teenagers and Youth Reproductive Behavior in the Metropolitan Area of Mexico City, which contains information on 1 010 teenagers and young adults from 10 to 25 years of age interviewed in 1987. The average age was 17 years; 51.7 per cent of those interviewed were male and 48.3 per cent were female. A total of 14.6 per cent were married, being the average age at marriage 19.2 years for males and 17.8 years for females. Menarche occurred at an average age of 12.4 years, and spermarche at 14. Of those Interviewed, 32.7 per cent have had sexual intercourse at least once in their lives. The average age at which sexual activity had begun, in the case of males, was 16 years and for females, 17 years. Of this group, 33.8 per cent stated that they had used some form of contraception during the first sexual intercourse; the contraceptive methods used most often were rhythm and withdrawal. The main source of supply of other methods is the pharmacy, in 67 per cent. 18.4 per cent of women had been pregnant, and 20.4 per cent of men's partners had presented this same condition. The first pregnancy occurred at 17.8 years for women and 18.7 for men. Of those men and women with a pregnancy experience 66.1 per cent and 57.3 per cent, respectively, stated that their first pregnancy was an unplanned one. Also, first pregnancy was related to their first marriage in 48.1 per cent of women and 82.4 per cent of male. The data presented here will reinforce current knowledge and will enable us to obtain a profile of the reproductive behavior of teenagers and young adults in the metropolitan area of Mexico City.

Key words: teenagers, sexual activity, contraception, reproductive behavior, Mexico


Solicitud de sobretiros: Dr. Julio García Baltazar, Dirección General de Planificación Familiar, Insurgentes Sur 1397, 7o piso, colonia Insurgentes Mixcoac 03920 México, Distrito Federal.

Introducción

EN MEXICO, AL igual que en el resto del mundo, el embarazo de la adolescente constituye un importante problema de salud, tanto por la morbilidad como por los problemas sociales que genera, de tal manera que se le ubica entre temas tan prioritarios como el SIDA y el aborto.

En 1982, en América Latina y el Caribe, cerca de la mitad de los embarazos correspondió a madres adolescentes solteras y, en muchos de estos casos, se propició la unión marital precipitadamente. Los porcentajes estimados de primogénitos de mujeres casadas de 15 a 24 anos de edad, que fueron concebidos en estas circunstancias, varían entre el 21.9 y el 62.6 por ciento.1

La actividad sexual se considera comúnmente como un indicador de riesgo psicosocial, ya que entre los adolescentes y jóvenes de las zonas urbanas se asocia la relación sexual temprana con el uso de anticonceptivos poco efectivos, el consumo de tabaco, de alcohol y de marihuana.2 Actualmente la incidencia de la actividad sexual en este grupo de población ha tenido un incremento superior al de los tres últimos decenios. En los Estados Unidos, en la década de los ochenta, las mujeres de 15 a 19 años de edad eran sexualmente activas antes del matrimonio en un 45.2 por ciento,3 y se estima que el 36 por ciento de ellas quedaban embarazadas en un lapso de dos años a partir de su primera experiencia sexual.4 En algunos países de Europa se ha identificado al embarazo, y no tanto a la actividad sexual, en la adolescencia y la juventud como un problema social, motivo por el cual se ofrecen anticonceptivos a las adolescentes sexualmente activas.5

Se sabe que la menarquia ocasiona un doble efecto: por un lado, modifica la anatomía y la fisiología de las mujeres y las hace fértiles y, por el otro, las estimula a ser sexualmente activas. En relación a los aspectos biológicos de la población adolescente en México, se han realizado estudios para determinar la edad de la menarquia; uno se llevó a cabo en el Distrito Federal y el otro en León, Guanajuato; se encontró que la edad promedio de aparición de la menarquia era a los 12.2 y 12.8 años, respectivamente.6,7

En los adolescentes de la Ciudad de México, la vida sexual se inicia entre los 16 y 17 años en los hombres, y entre los 16 y 19 años las mujeres,8,9 en lo tocante al uso
de anticonceptivos, el 44.9 por ciento y el 47.4 por ciento, respectivamente, emplearon alguna vez un método;8-11 los más utilizados fueron el coito interrumpido (63.2%) y el ritmo (38.9%), esto es, los menos efectivos 9,10

En el año de 1987, se llevó a cabo la Encuesta sobre el Comportamiento Reproductivo de los Adolescentes y Jóvenes en el Area Metropolitana de la Ciudad de México (ECRAMM), con el objeto de apoyar el proceso de planeación y evaluación del Programa Nacional de Planificación Familiar, así como de obtener información sobre las características del comportamiento sexual de este grupo de población.

Material y Métodos

La Dirección General de Planificación Familiar de la Secretaría de Salud (SSA) diseñó, en 1987, la Encuesta Nacional sobre Fecundidad y Salud (ENFES)11 El marco muestral de la ENFES se contruyó de tal forma, que la información recabada en las viviendas permitiera generar estimaciones para promedios y proporciones de los indicadores de interés para sus dos unidades de análisis, que eran los hogares y las mujeres de 15 a 49 anos de edad, con diferentes niveles de desagregación geográfica, entre los que destaca, por su importancia para este estudio, el área metropolitana de la Ciudad de México (AMCM). Los datos de la ENFES indican que en 462 de las 726 viviendas en muestra para el Amoví, habitaba por lo menos una persona entre los 10 y 24 años. En lo tocante al hogar, se recabó información básica de 1 010 adolescentes y jóvenes, de los cuales 998 eran residentes habituales y 12 temporales, al momento del levantamiento. Entre los resultados del trabajo de campo, destaca el hecho de que, del total de la población en muestra, se logró el 87.7 por ciento de entrevistas (875), en tanto que el 12.3 por ciento (123) no respondió.

La ECRAMM consituyó un seguimiento de la ENFES, aproximadamente seis meses después de aplicadada esta última. Se incluyó a los grupos de de 10 a 19 años como adolescentes y al de 20 a 24 años en calidad de población joven.

La captura, depuración y procesamiento de los cuestionarios se llevaron a cabo en microcomputadoras IBM, equipadas con el sistema ISSA (Integrated System for Survey Analysis), diseñado para este tipo de encuestas. Las variables analizadas en este estudio fueron: edad, sexo, estado civil, menarquia, espermarquia, inicio de laactividad sexual, uso de métodos anticonceptivos e historia reproductiva.

Resultados

ESTRUCTURA POR EDAD Y ESTADO CONYUGAL

El promedio de edad de los adolescentes y jóvenes entrevistados, fue de 17.02 años; el 51.7 por ciento correspondió a sujetos del sexo masculino y el 48.3 por ciento al femenino. El 14.6 por ciento de la población se encontraba unida (casada o en unión libre) al momento de la encuesta, y el 1 por ciento había estado unida alguna vez, aunque no en ese momento; el resto eran solteros: el 87.2 por ciento de los hombres y el 81.4 por ciento de las mujeres. Por grupos de edad, los que nunca habían estado unidos correspondieron al grupo de 10 a 14 años, en el 100 por ciento; de 15 a 19 años, en el 90.5 por ciento y de 20 a 25, en el 60.6 por ciento. En lo concerniente al estado conyugal por grupos de edad, el 63.4 por ciento de los hombres y el 57.5 por ciento de las mujeres del grupo de 20 a 24 años, estaban solteros; y, por último, en unión libre estaban el 2.8 de los hombres y el 6.4 de las mujeres del grupo de 15 a 19 años y sólo el 0.5 por ciento de los hombres y el 9 por ciento de las mujeres, estaban casados.

MENARQUIA Y ESPERMARQUIA

Entre los datos más relevantes, destacan los que se refieren a la edad de la menarquia y de la espermarquia; con respecto a la primera, la edad promedio de su aparición fue los 12.4 años. En general, el 90 por ciento de las mujeres tuvo su primera menstruación a los 14 años. Los hombres experimentaron la primera eyaculación a los 14 años en promedio y el 90 por ciento tuvo la espermaquia a los 16 años (cuadro I). Al momento de aplicar la encuesta, el 87.3 por ciento ya había experimentado la menarquia y el 70.5 por ciento la espermarquia.



PRÁCTICAS SEXUALES Y ANTICONCEPTIVAS

En lo que se refiere al inicio de la actividad sexual, el 32.7 por ciento de los adolescentes y jóvenes mencionó haber tenido relaciones sexuales por lo menos una vez. Se observó una diferencia entre ambos sexos, que podría dar pauta para suponer actitudes valorativas distintas entre ellos, en la práctica misma tanto como en el tipo de respuestas brindadas. Así, el 22.9 por ciento de las mujeres declaró haber tenido relaciones sexuales, mientras que en los hombres fue del 41.9 por ciento, es decir, el valor porcentual es 19 puntos más alto entre los hombres. La edad promedio del inicio de las relaciones sexuales en las mujeres fue a los 17 años y en los hombres a los 16 años.

El 33.8 por ciento de los adolescentes y jóvenes que tuvieron relaciones sexuales, declaró haber utilizado algún método anticonceptivo en la primera relación sexual. Cabe mencionar que el 7 por ciento indicó desconocer si su pareja usaba algún anticonceptivo; de este porcentaje, el 4 por ciento manifestó que su pareja se dedicaba a la prostitución (cuadro II). En cuanto a los métodos anticonceptivos empleados en la primera relación, el 36.5 por ciento de los encuestados recurrió al ritmo; el 23.6 por ciento al coito interrumpido y el 14.2 por ciento a pastillas, inyecciones o al dispositivo intrauterino. Es importante resaltar que conforme aumenta la edad en los hombres y probablemente la experiencia sexual, se recurre menos al ritmo como método anticonceptivo, lo cual no sucede con las mujeres. En el caso de estas últimas, sucede una situación similar con el uso de las pastillas. En su primera relación sexual, el 17.5 por ciento de los hombres usó el preservativo.



El anticonceptivo para la primera relación sexual se obtuvo: en la farmacia (68.5 %), con un amigo (8.7%), en el nivel privado (8%) y en las clínicas del Sector Salud (2.4%).

En el caso de la población de adolescentes y jóvenes que no usaron anticonceptivos en la primera relación sexual, entre las razones que tuvieron para no emplearlo destacan la ignorancia acerca de los métodos y sobre la forma de uso o del lugar donde se pueden adquirir (39.7); el 28.9 por ciento señaló que no los usó porque no tenía planeado tener relaciones sexuales. Desglosando por sexo, se tiene que el desconocimiento de los métodos anticonceptivos fue mayor entre los varones (44 %), que entre las mujeres (32.2%). Por lo que corresponde a las relaciones sexuales no planeadas, las proporciones fueron similares en ambos sexos (cuadro III).



HISTORIA REPRODUCTIVA

En el AMCM, la edad promedio de la primera unión de los hombres fue a los 19.2 años; a los 15 años, sólo el 5 por ciento se encontraba unido y a los 19 años, el 59.4 por ciento. El 14.7 por ciento de las mujeres estaba unido ya a los 15 años y el 69.7 a los 19 años. La edad promedio de la primera unión de las mujeres fue a los 17.8 años. Cabe mencionar que en 48.1 por ciento de las mujeres y el 82.4 de los hombres, el embarazo influyó en la decisión de unirse –según declaración de los entrevistados. Por otra parte, el 18.4 por ciento de las mujeres se había embarazado en alguna ocasión, en tanto que los hombres que declararon haber embarazado a una mujer representaron el 20.4 por ciento. Es necesario destacar que en el grupo de 15 a 19 años de edad, 17.3 por ciento, de mujeres que alguna vez habían estado embarazadas y sólo el 2.5 por ciento de los hombres había procreado en alguna ocasión (cuadro IV). De este grupo de población con antecedentes de embarazo, el 66.1 por ciento de los hombres y el 57.3 por ciento de las mujeres manifestaron que el primer embarazo no fue planeado o deseado (cuadro V).




El resultado del primer embarazo, de acuerdo a las respuestas de las mujeres, fue el siguiente: el 89.1 por ciento nació vivo y el 9.5 por ciento terminó en aborto. Los hombres declararon que el 77.5 por ciento nació vivo y el 18.4 por ciento fue aborto. Esta gran diferencia en la frecuencia de abortos puede deberse a que las mujeres, por temor o vergüenza, niegan haber tenido algún aborto, y los hombres, por no estar involucrados tan directamente, no ocultan este tipo de información. Resulta sintomático que, en el 3.6 por ciento de los casos, los hombres desconozcan si el embarazo llegó a término. Por otra parte, según las mujeres y los hombres, respectivamente, sólo el 1.4 por ciento y el 0.5 por ciento de los niños nacieron muertos.

La edad promedio al momento del primer embarazo fue a los 17.9 años para la mujer y los 18.8 para los hombres. El 57.3 por ciento de las mujeres y el 71.6 por ciento de los hombres declararon que hubieran preferido dejar pasar más tiempo antes de procrear.

Discusión

Los adolescentes y jóvenes poseen características sociales y demográficas, que los convierten en elementos fundamentales de la información sobre la estructura y la dinámica de la población mexicana. En el AMCM el 87.2 por ciento de los hombres y el 81.4 por ciento de las mujeres adolescentes y jóvenes eran solteros, y las dos terceras partes de las mujeres, o más, no se casan hasta los 20 años de edad; los hombres lo hacen aún más tarde que las mujeres." Así, por ejemplo, según datos de la Encuesta Nacional Demográfica, en 1982 el 80.8 por ciento de las mujeres entre 15 y 19 años eran solteras, y el 19.2 por ciento estaban o habían estado unidas o casadas.12 Según datos obtenidos de la encuesta realizada por el Centro de orientación para Adultos y Jóvenes y la Academia Mexicana de Investigación en Demografía Médica en dos delegaciones políticas del Distrito Federal, en 1985, el 85.3 por ciento de los varones y el 67.8 por ciento de las mujeres estaban solteros.13 Es posible que en el AMCM esté aumentando la edad al primer matrimonio o unión consensual entre los varones, como ha sucedido en las mujeres,11 por factores, como mayor escolaridad y dificultad para mantener una familia.

La maduración biológica, implícita en la aparición de la menstruación y la eyaculación durante la adolescencia, da cuenta del inicio del periodo fértil en la vida del ser humano. Entre los factores individuales de riesgo que se identifican en la conducta sexual temprana, están el inicio de la menarquia temprana y el desarrollo corporal en las niñas, y las concentraciones hormonales crecientes en los hombres.14 La madurez sexual en los varones, juzgada por la emisión de espermatozoides, ha sido establecida entre los 13 y 15 años de edad en otras culturas.15 Se desconoce si esta pauta ha variado con el transcurso del tiempo, pues no se han realizado suficientes estudios para evaluarla. los resultados obtenidos en este estudio, sobre la edad de la menarquia y de la espermarquia, guardan similitud con los obtenidos a nivel mundial: Algunas investigaciones realizadas en otros países indican que existe un descenso de casi un año en la edad al momento de la menarca.16

Una situación comprobada es que la frecuencia de las relaciones sexuales entre los adolescentes solteros va en aumento. Al momento de aplicar la encuesta, dicha frecuencia resultó similar a la que se encontró en otros estudios realizados en México, en 1981, con un grupo de estudiantes universitarios de 16 a 25 años y otro de 19 a 23 años. Con respecto al primero, el 56 por ciento de los varones era sexualmente activo y, en el segundo, el 84.2 por ciento lo era, mientras que en las mujeres el 14.2 por ciento y el 21.6 por ciento eran sexualmente activas.8,10

La práctica sexual premarital de los jóvenes es más común en los países desarrollados17 que en los de América Latina18-20 Estas cifras varían según el país y el sexo. En proporción, los hombres son sexualmente más activos que las mujeres, y el porcentaje de adolescentes que han tenido relaciones sexuales premaritales va aumentando con la edad, ya que se sabe que en los lugares donde se presenta una urbanización y una modernización rápida, como en el AMCM, los medios masivos de comunicación y los programas recreativos y publicitarios emiten mensajes presentando al sexo como algo incitante, atractivo y libre de peligros. Las revistas, la música, los amigos y compañeros y otras fuentes de información, compiten con las ideas de los padres. Además, en la medida en que transcurre más tiempo antes de que los hombres y las mujeres se casen, existe mayor probabilidad de actividad sexual premarital.

A partir de los resultados de esta encuesta, se observa que los hombres inician la actividad sexual antes que las mujeres, lo cual es similar a lo encontrado en otros estudios, como el realizado en la Ciudad de México, donde la edad promedio en la primera relación sexual fue a los 15.7 años para los hombres y a los 17 años en las mujeres;10 en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, la edad fue a los 16.9 años y a los 18.7 años, respectivamente.21 Esta diferencia puede deberse a factores educacionales, religiosos y familiares. El ámbito familiar ejerce una influencia considerable en el inicio de la actividad sexual. Las adolescentes de hogares encabezados por mujeres son más propensas a la actividad sexual temprana.22 Al aumentar la incidencia de relaciones sexuales, es probable que también se incrementen las consecuencias. Este es un tema en el que se debe poner especial atención, por lo que se necesita reunir y analizar los datos en forma sistemática y periódica.


Sobre la base de que se sabe poco acerca del uso de los métodos anticonceptivos entre los adolescentes solteros sexualmente activos, algunos estudios hechos en México indican que su conducta con respecto a los mismos es poco regular, y en la mayoría de los casos ineficaz, pues los que usan algún anticonceptivo recurren a los menos seguros (ritmo y coito interrumpido).23 Los resultados de la encuesta demuestran que una tercera parte de los adolescentes y jóvenes sexualmente activos emplearon algún anticonceptivo, porcentaje menor a lo informado por Brostein (40.8%)24 y a lo encontrado por Ponce de León, en la población universitaria de Guanajuato (71%).25 Este elevado porcentaje puede explicarse por el nivel educativo de los adolescentes y jóvenes, pues esta población tiene acceso a más información, ya sea a través de lecturas, de cursos o de pláticas.26

Según nuestro estudio, los métodos más empleados son similares a los señalados en una encuesta de 1985: las mujeres menores de 18 años declararon haber recurrido al ritmo (38.5%) y al condón (20.5%) en la primera relación sexual; el 26.2 por ciento de los hombres de la misma edad, recurrieron al ritmo y el 22.1 por ciento al condón.13

En general, la población adolescente es la que menos empleó algún anticonceptivo en la primera relación sexual, lo cual, obviamente, aumenta las posibilidades de embarazos no deseados. La falta de uso de anticonceptivos por parte de los adolescentes sexualmente activos, o la renuencia a su empleo, implica una situación compleja: puede deberse al escaso conocimiento sobre reproducción y anticoncepción, a la ignorancia sobre la disponibilidad de un método adecuado, o sobre la forma apropiada de utilizarlo.23

Algunos de los aspectos que se estudian generalmente en relación con el inicio de la actividad sexual en los adolescentes, son el embarazo, la maternidad y la paternidad, mismos que se traducen en pautas reproductivas que redundan en una problemática sociodemográfica. Si bien los aspectos biológicos son responsables de los patrones de riesgo reproductivo antes observados, son los factores socioculturales y económicos los que determinarán, en gran parte, la magnitud de los riesgos. Las mujeres que inician la actividad sexual a edad temprana y quedan embarazadas en la adolescencia, tienen más probabilidades de tener hijas que a su vez empiecen relaciones sexuales a edad temprana y que queden embarazadas cuando sean adolescentes.17

El embarazo y la crianza de un hijo durante la adolescencia, entrañan un riesgo médico mayor para la madre y el hijo, además de desventajas sociales y académicas más duraderas para la madre, padre e hijo. Los riesgos para los padres son muchos; quizá los más manifiestos y fáciles de comprobar son los físicos para la madre adolescente. En este sentido, en un estudio en adolescentes embarazadas se observó un incremento, en promedio, de 5 kg de peso menos que las adultas, y a las 20 semanas post-parto las adolescentes tenían 5 kg de peso menos que antes de embarazarse.27

Las madres menores de 15 años tienen mayor peligro de presentar complicaciones durante el embarazo (toxemia, infecciones urinarias y vaginales,28,29 hemorragia post-parto, la cual es dos veces más alta para madres de 13 a 15 años, que entre las de 20 a 29 años);30 corren mayor riesgo de sufrir ruptura de membranas, parto pretérmino, cesáreas, uso de fórceps y complicaciones post-parto, que la población materna general.31,32 Los hijos de madres adolescentes o mayores de 34 años, son más propensos a nacer prematuramente o con bajo peso (<2,500 grs), así como a sufrir más frecuentemente desnutrición, diarrea, etcétera, que los niños de madres dentro de los grupos de edad de 20 a 34 años.33,34 De la misma manera, la salud de la madre de América Latina, al igual que las de otras regiones, se ve gravemente afectada debido a un espaciamiento inadecuado de los embarazos, o por los que ocurren demasiado temprano (<20 años) o muy tardíamente (>34 años). El riesgo de mortalidad materna relacionada con la edad de la madre presenta una forma de "J".35 En México, con respecto a la mortalidad materna, en 1985, el 19.4 por ciento de las defunciones fueron en mujeres de 15 a 24 años de edad.36 El riesgo de morir en este grupo de edad es mayor, comparado con el resto de grupos, por lo que es aconsejable que esta población no se encuentre expuesta a la maternidad en condiciones riesgosas.

En la actualidad existe cierta controversia sobre el grado en que la edad y la biología influyen en este aspecto: los resultados de algunas investigaciones recientes concluyen que las complicaciones se relacionan más con aspectos socioeconómicos que con factores biológicos.37 Además, indican que muchos riesgos médicos pueden ser causados por factores socioeconómicos que no fueron controlados adecuadamente,38 como son: raza, soltería, nivel educacional, ingresos económicos bajos, tabaquismo, alcoholismo, drogadicción; el estado nutricional deficiente, el número de embarazos, la asistencia prenatal de inicio tardío y la atención prenatal deficiente, pueden explicar el mayor riesgo.39,40 Por otra parte, está la posibilidad de no saber identificar y reconocer los signos y síntomas de las complicaciones durante el embarazo, como lo encontrado en una población de mujeres embarazadas de la Ciudad de México, donde las adolescentes, las solteras, las nulíparas y las que tienen bajo nivel escolar son las que con menor frecuencia detectan la sintomatología anormal durante el embarazo.41 otro posible factor es la ignorancia y, sobre todo, la renuencia a aceptar el embarazo, hasta que éste se encuentra avanzado, y de no querer o no poder pagar la atención médica. La edad materna es la variable relacionada con ciertas malformaciones congénitas, como el síndrome de Down, en donde la incidencia es de 1.33 en madres menores de 15 años, para disminuir en los siguientes tres quinquenios e incrementarse de nuevo después de los 30 años de edad.42 A pesar de los muchos problemas que implica el embarazo en las adolescentes, éstos pueden reducirse con una atención prenatal temprana y apropiada.

En las áreas metropolitanas y urbanas de México, el embarazo de las adolescentes constituye un problema, más que médico, de orden económico, psicosocial y de educación. Sin embargo, en las áreas suburbanas y rurales del país, la falta de personal médico calificado, de unidades de segundo y tercer nivel de atención y el bajo nivel económico, representan un grave problema. Como los problemas médicos y de la conducta son responsabilidad de los programas de bienestar, educación y servicios sociales públicos, es evidente que el acontecimiento individual o privado se vuelve público y tiene un costo para la sociedad en general.

En la mayoría de los estudios se ha encontrado un alto riesgo en los embarazos de adolescentes, seguido de un riesgo mínimo para las mujeres de 20 a 29 años de edad y un aumento del riesgo a medida que se incrementa la edad. Esta relación entre la mortalidad fetal y la edad materna está perfectamente definida como una "J". Las tasas de mortalidad perinatal también presentan una relación en "J" con respecto a la edad materna.35

CONCLUSIONES

Los resultados de la ECRAMM indican que: una tercera parte de la población tuvo relaciones sexuales a edad temprana; dos terceras partes no utilizaron algún anticonceptivo en su primera relación sexual; quienes llegaron a emplear algún método, escogieron entre los métodos menos eficaces; el desconocimiento de la existencia la forma de uso y lugar de obtención del método, fueron las razones para no usarlos; el embarazo influyó en gran medida para su unión conyugal, pues éste no fue planeado o deseado. Las alternativas que se derivan de este estudio, implican la difusión de la educación sexual, la preparación para la paternidad, la información sobre la prevención del embarazo y el control de nacimientos. Al parecer, la información pertinente no se ha difundido lo suficiente en esta población, por lo que es necesario que antes de la adolescencia y durante la misma se eduque a los sujetos acerca de sus órganos reproductivos, el ciclo menstrual, la fecundación, la sexualidad y la anticoncepción, poniendo de manifiesto los riesgos médicos y sociales que las enfermedades de transmisión sexual (ETS) y el embarazo a edad temprana traen consigo, y la conveniencia de posponer las relaciones sexuales o de tenerlas en condiciones más seguras. A los adolescentes sexualmente activos se les debe dar un asesoramiento en cuanto el uso de un método anticonceptivo seguro, como una forma de prevenir el embarazo no deseado o planeado e incluso las ETS.

Por todo lo anterior, se requiere desarrollar programas de información y servicios permanentes y sistemáticos de educación sexual para adolescentes y jóvenes, a partir de sus características específicas. Los esfuerzos para realizar y motivar estudios deben complementarse con investigaciones en el nivel microsocial, que expliquen de qué manera los factores individuales, familiares y sociales influyen en la toma de decisiones reproductivas y en sus consecuencias. Asimismo, son necesarios los estudios longitudinales, para detectar los cambios biológicos, en las actitudes y en el comportamiento a través del tiempo.

Los resultados de este estudio confirman lo ya conocido con respecto a grupos de edad muy selectos. No obstante, debe complementarse con otros que proporcionen datos en el nivel nacional o estatal y que incluyan al medio rural, ya que en casi todos los países en desarrollo -entre ellos México-, las mujeres jóvenes de las zonas rurales se casan a edad más temprana que las de las ciudades, tienen una tasa global de fecundidad mayor, niveles bajos de uso de métodos anticonceptivos y mayor morbilidad y mortalidad infantil. Asimismo, es en esta población donde se acentúa más la falta de información. Tanto en el medio urbano como en el rural, se requieren estudios que tengan un enfoque de salud integral, psicosocial y económico y no solamente reproductivo.

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