Salud Pública de México

LA CERÁMICA VIDRIADA COMO FACTOR DE RIESGO DE EXPOSICIÓN AL PLOMO

LA CERÁMICA VIDRIADA COMO FACTOR DE RIESGO DE EXPOSICIÓN AL PLOMO

AUTORES


LEOPOLDO VEGA-FRANCO, M.C., M.S.P., M.Sc.,(1) GUADALUPE ALVEAR, M.C., M.S.P.,(1) CARLOS MEZA-CAMACHO, Q.F.B.(2)

(1) Departamento de Salud Pública, Facultad de Medicina, Universidad Nacional Autónoma de México.
(2) Laboratorio de Nutrición, Hospital Infantil "Federico Gómez".

RESUMEN

Con el propósito de investigar algunos de los factores que facilitan la entrada del plomo por la vía digestiva, se midió la concentración de este metal en la sangre de 169 escolares en 1991. Ordenados en función de la concentración de plomo, se seleccionaron los 50 niños que registraron las concentraciones más altas y los 50 que tuvieron las más bajas; en 48 de las madres de los niños con plomo alto (>28.0 µg/dl) y en 39 de los que tuvieron plomo bajo (<20.2 µg/dl) se aplicó un cuestionario para conocer costumbres y hábitos con respecto al uso de cerámica vidriada, al consumo de alimentos enlatados, al hábito de chupar objetos y comer pintura. Los resultados mostraron que el uso de cerámica vidriada, la frecuencia con que se emplea ésta y el tiempo en que ha venido siendo utilizada, se asocian a una mayor concentración de plomo en la sangre de los niños.

ABSTRACT

The purpose of this study was to determine if the use of "earthenware dishes" is associated with high blood lead levels in children. Measurements of lead in blood were done in 169 school-children. Of this sample 100 children were selected: 50 of them with the lowest concentration of lead in blood and 50 with the highest. A questionnaire was applied to 39 mothers of the children with low blood lead levels (<20.2 µg/dl) and 48 mothers of the children with high blood lead levels (>28.0 µg/dl). Results show that the use frequency and time of utilization of this type of dishes is statistically associated with high levels of lead in blood.

Introducción

MÁS DE LA mitad de los niños radicados en la Ciudad de México tienen en la sangre más de 10 ‘g/dl de plomo.1,2 Esta cifra es tomada como el límite permisible de las concentraciones de este metal en el hombre, de acuerdo con los criterios del Comité Científico Consultor sobre la Pureza del Aire (EPA'S) de los Estados Unidos de América.3 La trascendencia epidemiológica de esta información ha motivado en los últimos años el interés por estudiar los factores de riesgo asociados a este problema.4,5

Hasta hace poco tiempo las comunicaciones que hacían referencia a niños atendidos por intoxicación en hospitales,6,7 eran las únicas que mencionaban las fuentes de contaminación asociadas con los casos clínicos; por otro lado, los estudios epidemiológicos se orientaron al estudio de los riesgos de exposición de los trabajadores de algunas industrias y, de manera particular, entre los que laboran en la producción de cerámica vidriada;8-10 recientemente se han investigado también los factores de riesgo asociados con la alta concentración de plomo en la sangre de neonatos.11

Con el propósito de investigar las variables que propician en los niños un mayor riesgo de exposición, se elaboró un cuestionario para estudiar los factores que favorecen la entrada del plomo al organismo.* Se juzgó conveniente usar, de este cuestionario, aquellas preguntas formuladas para estudiar los factores de riesgo de exposición relacionados con la vía digestiva, y así tratar de identificar los que se encuentran asociados a una alta concentración de plomo en la sangre.

* Alvear G, Carreón J, Moreno A, Cuellar A, Yamamoto L. Exposición a plomo en escolares en la Ciudad de México. Documento no publicado.

Material y Métodos

Se midió la concentración de plomo en la sangre de 169 niños, de ambos sexos, asistentes a una escuela primaria oficial ubicada en una área suburbana de la zona lacustre de la Delegación de Tláhuac, en la Ciudad de México; la mayoría de estos niños procedía de familias de escasos recursos económicos. De acuerdo con la magnitud de la concentración de plomo, se identificaron los 50 niños que registraron las cifras más altas y los 50 niños con menor concentración de este metal; sin embargo sólo fue posible obtener información en 87 de estos escolares: 48 del primer grupo y 39 del segundo.
 
Mediante una entrevista cerrada, se interrogó a las madres acerca de los utensilios que emplean en la preparación y el consumo de los alimentos, el uso de alimentos enlatados para integrar la dieta de los niños, y la eventual costumbre de chupar objetos y comer tierra o raspaduras de pintura, que manifiestan algunos escolares. El cuestionario que se utilizó en la investigación, fue el elaborado por Alvear,* el cual se aplicó sin que el encuestador conociese a qué grupo pertenecía cada niño.

* Alvear G, Carreón J, Moreno A, Cuellar A, Yamamoto L. Exposición a plomo en escolares en la Ciudad de México. Documento no publicado.

La determinación de plomo se llevó a cabo en una muestra de sangre obtenida con una jeringa desechable. La sangre colectada fue vertida en tubos de vidrio desmineralizados. La concentración se midió en un espectro-fotómetro de absorción atómica (Perkin Elmer modelo 3030), equipado con un corrector de señal de fondo, y con un horno de grafito (Modelo 400); el aparato tenía una lámpara de cátodo hueco para plomo de 10 mA. Las condiciones operativas del aparato fueron: abertura espectral 0.7nm, línea de resonancia de 283.3 nm y se usó argón de alta pureza como gas de arrastre, a un flujo de 50 ml/min. Se emplearon tubos de grafito piro-recubiertos; la deshidratación se hizo a 100 °C durante 30 segundos, con una velocidad de rampa (VR) de 20 segundos; la destrucción del material orgánico se hizo a 530 °C durante 70 segundos (VR 20 seg.); la atomización fue a 2 000 °C durante 10 segundos (VR O °C); el acondicionamiento se hizo a 2700 °C por segundos (VR 1 seg); el reinicio del programa fue a 20 °C por 5 segundos.

El procedimiento se estandarizó de acuerdo a lo sugerido por Fernández;12 para conocer la precisión del método se tomaron 10 alícuotas de sangre de una muestra, luego se diluyeron a 1:5 con triton X-100 al 0.1 por ciento y se inyectaron al espectrofotómetro; de esta manera se estimó una reproducibilidad de 3.8 por ciento.

Con el propósito de tener el control interno de calidad que permitiera asegurar la exactitud y precisión de las mediciones, así como la validación de los estándares usados en la calibración de los instrumentos, se emplearon tres controles comerciales (Contox blood lead controls), a concentraciones de 15, 38 y 95 µg/dl, con una amplitud de aceptación de ± 2 desviaciones estándar (DE). Los controles fueron analizados en cada corrida, hasta completar un total de 10. El coeficiente de variación obtenido para el control de 15 µg/d1 fue de ± 4.92 porciento; para el de 38 µg/dl, de 5.14 por ciento y, para el de 95/µg/dl, de 2.70 por ciento.

En lo que respecta al control externo de calidad, se enviaron a un laboratorio cinco alícuotas de cada control y fueron analizadas día a día en un espectrofotómetro de absorción atómica (Perkin Elmer modelo 460). El coeficiente de variación obtenido para el primer nivel de concentración fue de 6.63 por ciento; para el segundo fue de 63.31 por ciento, y para el tercero de 3.23 por ciento.

Para el análisis de riesgos se usó la razón de momios con un intervalo de confianza (IC) de 95 por ciento; se consideraron como casos los niños que registraron la mayor concentración de plomo y, como controles, los que tuvieron menos plomo. El gradiente de exposición dosis-respuesta se estimó mediante la chi cuadrada de tendencias. La información fue analizada utilizando para ello el paquete epi info 5.

Resultados

El corte en la serie de 50 niños que tuvieron una concentración alta de plomo correspondió al percentil 70, con 28.0 µg/dl, mientras que en los escolares con plomo bajo, el corte fue en el percentil 30, con una cifra de plomo de 20.2 µg/dl. El promedio de plomo en los 169 niños fue de 24.3 + 8.4; 95.5 por ciento de éstos tuvieron más de 10 µg/dl.

Veintinueve de los escolares tenían edades comprendidas entre 6 y 8 años; los otros 58 tenían entre 9 y 11 años. Con relación al sexo, 42 eran del masculino y 45 del femenino. Tanto para el sexo como para la edad, la concentración de plomo no mostró diferencias significativas entre ambos grupos (chi cuadrada de 0.13 para el sexo y de 3.35 para la edad).

El consumo de alimentos enlatados no fue una variable que estuviese asociada con el plomo sanguíneo. En el cuadro I se puede observar que el consumo de jugos y leche envasados en lata, fue poco frecuente; la razón de momios calculada para cada uno de los alimentos investigados, no tuvo significación estadística.



En lo que respecta al empleo de utensilios de barro en la preparación de los alimentos consumidos por los escolares, en el cuadro II se puede observar que el uso de cazuelas fue referido con mayor frecuencia por las madres de los niños que tuvieron mayor concentración de plomo; la chi cuadrada de las tendencias relacionadas con el número de utensilios de barro usados en la preparación de los alimentos, frecuencia de empleo de éstos y el tiempo que tenían usándolos, dio diferencias significativas entre uno y otro grupo de niños: el mayor número de cazuelas, frecuencia en su empleo y tiempo de uso, se asoció con una mayor concentración de plomo en la sangre de los niños. Por otro lado, en lo que se refiere a las ollas de barro, las divergencias entre ambos grupos sólo fueron significativas en cuanto a la frecuencia y tiempo de empleo de estos recipientes (cuadro III).





La razón de momios para el uso de cazuelas fue de 9.43 (IC de 2.55 a 38.03); para el empleo de ollas de barro, la razón fue de 2.56 (IC de 0.96 a 6.92). Sólo nueve de las madres mencionaron usar jarros en la preparación de los alimentos.

Los hábitos relacionados con el consumo de pintura, tierra y pasta de dientes, así como la costumbre de chupar algunos objetos, se encontraron en pocos niños. Sólo el hábito de chuparse las manos y hacer lo mismo con los lápices, fue referido por las madres en 43 y 27 niños, respectivamente; en ambos casos la diferencia entre los niños con plomo alto y bajo no
fue significativa.

Discusión

Los hallazgos de la presente investigación permiten afirmar que el empleo de utensilios de barro en la preparación y consumo de alimentos, constituye un factor de riesgo de exposición al plomo, que tiene particular relevancia epidemiológica. La muestra estudiada se obtuvo en una población suburbana, mestiza, que tiene arraigadas costumbres propias de la cultura indígena asentada en el área lacustre de la Ciudad de México. Sin ser representativa del resto de la población mexicana, parece coincidir con un amplio segmento de la población del país, que emplea cerámica vidriada en la preparación de alimentos.

El peligro de intoxicación por plomo debido al empleo de estos utensilios, ha motivado el interés de algunos investigadores por estudiar la manera en que se lleva a cabo su fabricación. Viniegra y Escobar13 describen que los recipientes de barro (aún crudo) son cubiertos con una solución que contiene, entre otros compuestos, óxidos de plomo; una vez seco el barro se colocan los recipientes en un horno de leña que alcanza temperaturas de 750 a 800 °C, con lo cual se obtiene el vidriado. Estos autores mencionan que cuando se cuece el barro a bajas temperaturas, el plomo no se desprende de la superficie de la cerámica; para que los compuestos de plomo permanezcan en forma de cristales y no se liberen al cocinar, se requiere someter el barro a una temperatura mayor de 1150 °C.14
 
Sólo hasta los últimos años se ha hecho énfasis en que las manifestaciones de intoxicación crónica por plomo pueden pasar desapercibidas, o atribuirse a otras causas; tal vez por esta razón, el riesgo que implica el uso cotidiano de vasijas de barro vidriado, se ha asociado únicamente a casos graves de intoxicación por plomo, que de manera esporádica aparecen en la literatura médica.6,7

En algunos de estos estudios, por medio de análisis en el laboratorio, se ha confirmado que el plomo del vidriado se libera por acción de substancias ácidas. Así el zumo de frutas cítricas preservado en jarras de cerámica, los chiles o condimentos preparados con vinagre, y otros alimentos de naturaleza ácida, adquieren significado como antecedente de importancia en los casos de intoxicación.

Los resultados obtenidos son congruentes con la presencia de plomo en las cazuelas y ollas utilizadas en la preparación y consumo de alimentos, por las familias de los niños en estudio. El empleo de cazuelas, su número, la frecuencia con la cual eran usadas y el tiempo que las madres tenían de utilizarlas fueron las variables que dieron la mayor significación estadística. Al cotejar el grupo de niños que tuvo mayor concentración de plomo con el de menor concentración de este metal, en términos de dosis-respuesta, se obtuvieron valores de chi cuadrada altamente significativos. La razón de momios de 9.43 (IC de 95%: 2.55-38.03), es indicativa del riesgo elevado de exposición al que estaban sometidos los escolares.

Respecto a las ollas, sólo la frecuencia con que éstas eran usadas y el tiempo que las familias tenían usándolas, dieron diferencias significativas entre los dos grupos de niños. Por la razón de momios de 2.56, con un límite inferior de 0.96 en el intervalo de confianza, podría considerarse esta variable como marginalmente significativa.

Una observación semejante ha sido hecha recientemente, al investigar las fuentes de plomo en mujeres embarazadas de la Ciudad de México.11 Los autores de este trabajo coinciden en señalar que la cerámica cocida a baja temperatura, contribuye significativamente en la concentración de este metal en la sangre de las madres y los niños recién nacidos.

Aun cuando se sabe que el hábito del "pica" es responsable de intoxicaciones graves en niños de otros países,15 no se encontró asociado a la concentración de plomo en la sangre de los niños. Probablemente se debió a que el apetito aberrante y la costumbre de chupar objetos, son poco frecuentes en la edad escolar. En este mismo sentido, el bajo consumo de alimentos enlatados hace que esta variable sea intrascendente en la muestra de niños estudiada.

El hecho de haber observado que la cerámica vidriada es un factor de riesgo de exposición al plomo, es un hallazgo de particular importancia epidemiológica; sin embargo, no menos relevante es la información de que 95.5 por ciento de los escolares rebasaron la cifra de 10 µg/dl de plomo, que ha sido sugerida como límite permisible.3 Este último dato motiva a reflexionar acerca de la trascendencia psicobiológica que puede tener en los niños. En los últimos años se ha informado reiteradamente que el plomo interfiere con el desarrollo intelectual,16 y que disminuye la velocidad en la conducción de los impulsos nerviosos, aun con bajas concentraciones de plomo.17 Si se considera que el percentil 30 correspondió a una concentración de plomo de 20.2 µg/dl, se puede decir que 70 por ciento de los escolares en estudio se encontraban en serios riesgos de tener manifestaciones subclínicas de intoxicación por plomo. La búsqueda intencionada de estas manifestaciones en los niños de la Ciudad de México, es una investigación aún por realizarse.

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