Salud Pública de México

MORTALIDAD POR HOMICIDIO EN NIÑOS. MEXICO, 1979-1990

MORTALIDAD POR HOMICIDIO EN NIÑOS. MEXICO, 1979-1990

AUTORES


MARTHA C. HIJAR MEDINA, M.S.P.1 J. RAMON TAPIA-YAÑEZ, E.M.F.1 R. ALBERTO RASCON-PACHECO, M. EN C.1

(1) Escuela de Salud Pública de México, Instituto Nacional de Salud Pública.

RESUMEN

El objetivo de este trabajo fue conocer el panorama de las muertes por homicidios en niños de 0 a 4 años ocurridas en la República Mexicana entre 1979 y 1990. Se trata de un estudio realizado con base en fuentes secundarias. Se analizaron las variables que fueron comunes en todo el periodo: edad, sexo, año y causa externa de traumatismos y envenenamientos, con la Clasificación Internacional de Enfermedades, 9a. Revisión, E960-E969. La información se analizó con base en las tendencias de la mortalidad por homicidios, tanto general como por causa específica, utilizando las tasas anuales, obteniendo el coeficiente de correlación y el valor de la pendiente, y ajustando con un modelo de regresión lineal. Para el análisis de las causas más frecuentes por edad y sexo se utilizó la razón de tasas, con un nivel de confianza del 95 por ciento. Dentro de los resultados destaca que durante el periodo hubo un total de 2 939 muertes por homicidio, lo que representó que, en promedio, un niño menor de cinco años es asesinado cada dos días en México, y su tendencia es b=0.126; el 39 por ciento de las muertes corresponde a niños menores de un año. Los varones de esta edad son los más afectados por ahorcamiento, con una razón de momios (RM) de 21 y un intervalo de confianza (IC) de 15-30; entre los niños de dos años, por arma de fuego (RM 3.1, IC 2.0-5.7); en los de tres años por sumersión (RM 2.6, IC 1.7-4.8) y los otros medios y los no especificados, donde, independientemente de la edad, el sexo masculino tiene mayor riesgo. Es fundamental la colaboración tanto en términos de prevención como de investigación, a todos los niveles, y de manera especial entre los sectores que están involucrados, encaminada hacia un solo objetivo: asegurar a todos los niños de México el derecho fundamental a la vida.

Palabras clave: homicidio, maltrato infantil, lesiones intencionales, México

ABSTRACT

A study of homicides in children under five years old was conducted in order to define the mortality panorama by this cause during 1979-1990 in Mexico. Trends of homicide mortality were analyzed, as well as the main causes by age and sex. Rate ratio (RR) by cause and sex were analized too. The variables were age, sex, year and external cause of intentional injuries which were analyzed according to the International Classification of Diseases, 9th Revision E960-E969. The total number of deaths due to homicide were 2 939. Each day one children under five years of age died in Mexico due to homicide. The trend of homicide is b=0.126. Thirty per cent of deaths occurred in children under one year old. Boys were most affected than girls in the causes by age: strangulation <1 year old RR 21, confidence interval (CI) 15-30; fire arm in two years old children RR 3.1 cl 2.0-5. 7; drowning in three years old children RR 2.6 CI 1.7-4.8 and assault by other and unspecified means. Further research in the area and prevention should involve the use of a multidisciplinary approach in considering the multiple causes and solutions to this problem.

Key words: homicide, child abuse, intentional injuries, Mexico

Solicitud de sobretiros: Dra. Martha C. Híjar Medina. Escuela de Salud Pública de México, Instituto Nacional de Salud Pública. Av. Universidad 655, colonia Santa María Ahuacatitlán, 62508 Cuernavaca, Morelos, México.

Introducción

CUANDO LOS DERECHOS de los individuos son muy limitados, como en el caso de los niños, es fácil llegar a transgredirlos.1 La violencia es un fenómeno complejo no sólo por sus distintas manifestaciones a nivel individual y colectivo y por la diversidad de factores que la originan, sino también por la gama de consecuencias sociales que genera. Si bien desde el punto de vista epidemiológico la materialización última de la violencia se expresa en individuos lesionados o muertos como consecuencia de lesiones intencionales, la complejidad causal y la determinación con que se presenta la violencia dificulta su identificación y ha conducido, las más de las veces, a reduccionismos cuando sólo se considera la violencia de acuerdo a su manifestación más visible, como de competencia exclusiva de ciertos sectores. Como ejemplo están las agresiones callejeras (asaltos, secuestros, robos, etc.) que se asumen como problema de orden público de competencia legal. La violencia que causa daño a la salud física y que provoca la muerte, o la que demanda atención médica, se considera como problema de salud y corresponde a dicho sector afrontarlo; la violencia intrafamiliar a niños y mujeres parece de exclusiva responsabilidad de los movimientos feministas o de organismos estatales pro defensa de los derechos del niño o de las mujeres, etcétera.2-5

El problema de la violencia interpersonal ha sido claramente asociado con situaciones sociales como la pobreza, el desempleo, el sexismo y el bajo nivel educativo.6 Algunos autores concuerdan con el hecho de que este tipo de daños está estrechamente relacionado con las condiciones socioeconómicas bajas de la población de donde provienen los casos.7,8 Frecuentemente se asocia la violencia a hechos imprevisibles e inmodificables, frente a lo cual poco se puede hacer para evitarlos: registrar su frecuencia, tratar de restaurar los daños causados y, en el mejor de los casos, sugerir algunas prácticas preventivas básicamente en el ámbito de la conducta individual.9

Algunos sectores insisten en considerar que las lesiones intencionales son problemas eminentemente individuales o de grupos sociales específicos, sobre los cuales poco se puede incidir para prevenirlas. Por el contrario, estos hechos son resultado de un proceso que se relaciona, a nivel general, con la forma como los seres humanos organizan su vida; con valores culturales respecto a la vida, la enfermedad y la muerte; con aspectos de relaciones familiares; con la seguridad física de la vivienda, con los estilos de vida y con las características del individuo o del grupo.10 Al tomar en cuenta lo anterior, mucho es lo que se puede hacer para evitar la enfermedad y la muerte por estas causas.11,12

Por otro lado el término violencia tiene diversas acepciones que varían según el objetivo de su análisis; así, se ha definido como el hecho de actuar sin el consentimiento de una persona4 (concepto que no es aplicable en el caso de lesiones autoinflingidas), o como la forma más severa y directa del poder físico que provoca daños capaces de producir la muerte; uno de los conceptos más recientes3 la define como el uso de la fuerza física con intención de producir una lesión o la muerte, a sí mismo, o a otra persona.

En el caso concreto de los niños, el ejercicio de la violencia se identifica como maltrato infantil y tiene lugar sobre todo en el hogar, sitio que tendría que ser el más adecuado para el desarrollo psico-físico del niño, pero que, en muchas ocasiones, es el espacio más oculto y menos controlado donde se ejerce la violencia.13 A lo anterior es necesario agregar los casos de niños que si bien no fallecen, llegan a los hospitales con consecuencias de maltrato físico y mental que los convierten en individuos con secuelas e incapacidades con las que tendrán que vivir el resto de sus días.14-16

A pesar de que el fenómeno del maltrato al niño es puesto en evidencia y registrado como tal desde el siglo XVIII, la existencia de algún organismo encargado de atender estos problemas se remonta a 1875.17 No es sino a partir de la década de los sesenta en el presente siglo, que los radiólogos y pediatras redescubren el fenómeno.18 En 1959 la Organización de las Naciones Unidas promulga la Declaración de los Derechos del Niño que, en su artículo noveno, establece que éste debe ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación y que no será objeto de ningún tipo de maltrato. En enero de 1974 en los Estados Unidos de América se aprueba una ley federal para evitar el maltrato y atender al niño lesionado.19 En 1989, a través de la Convención Internacional de los Derechos del Niño, se promulgan 41 derechos básicos que son ratificados por México en 1990;20 el primero es el derecho de todo niño a vivir y a que su vida sea digna de ser vivida. Sin embargo, la legislación no basta para resolver un problema tan complejo, aunque sí favorece que los políticos y la sociedad en general tengan la sensación de que se está haciendo algo en favor de los niños.

Socialmente el ejercicio de la violencia en los niños parece apoyarse en "el derecho de corrección" de los adultos responsables del menor, así como en las concepciones de autoridad y propiedad sobre los niños.21 Este aspecto alude al problema de los límites en el ejercicio de la disciplina, que ameritan ser definidos en el contexto socio-cultural en que se inscriben y de acuerdo a la edad del niño. Además, parece existir consenso en la sociedad respecto a que el castigo corporal es un método adecuado para disciplinar al niño.

En algunas investigaciones realizadas sobre el tema, se considera que los grupos con un alto riesgo de maltrato infantil que puede terminar en homicidio son: los recién nacidos y los niños entre 12 y 36 meses; los menores con deformaciones congénitas o discapacidades y, especialmente, los varones.22

La madre es la que con mayor frecuencia aparece como agresora. Esto posiblemente se deba al fenómeno denominado de cascada, pues la violencia como ejercicio de poder se manifiesta del fuerte al débil y, en general, se da el caso de que adultos agresores a su vez hayan sido agredidos en su infancia; al parecer, la personalidad de este tipo de individuos presenta rasgos dificilmente modificables.23

En el caso concreto del homicidio, es necesario reconocer que éste es la materialización última de distintos tipos de violencia; de ahí la importancia de su detección en estadios previos, que la mayoría de las veces son más frecuentes como causa de morbilidad que el intento de homicidio, p.e. maltrato infantil, abuso sexual, etcétera.24,25

Partiendo de la base de que la muerte provocada intencionalmente es el grado máximo de privación de todo derecho humano, en el presente trabajo se tuvo como objetivo principal conocer el panorama de las muertes por homicidios en niños de 0 a 4 años ocurridas en la República Mexicana, durante un periodo de 12 años que va de 1979 a 1990.

Material y Métodos

Se realizó un estudio transversal empleando fuentes secundarias de información. Se utilizó la base de datos sobre mortalidad con que cuenta la Dirección de Estadística, Informática y Evaluación de la Secretaría de Salud, correspondiente al periodo 1979-1990. Debido a los cambios que experimentó la base a partir de la exclusión o inclusión de nuevas variables en 1985, las variables analizadas se restringieron a aquéllas que fueron comunes en todo el periodo. Se analizó el grupo de causas externas de traumatismos y envenenamientos establecidas por la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) en su 9a. Revisión,26 que van de la E960 a la E969, y que se refiere a los homicidios y lesiones inflingidas intencionalmente por otra persona (violencia).

Se analizaron las causas en los casos que ocuparon los primeros sitios y las variables consideradas fueron: edad, donde se hizo una agrupación por año en menores de uno, dos, tres y cuatro años; sexo: masculino y femenino; año, donde se obtuvo la información por cada año incluido en el estudio; causa, analizándose con base en lo que establece la CIE 9a. revisión, incluyendo las registradas en el capitulo de lesiones intencionalmente inflingidas, de la E960 a la E969. Fueron categorizadas en 10 causas: E960: lucha, altercado, violación; E961: ataque con substancia corrosiva; E962: envenenamiento homicida; E963: ahorcamiento y estrangulación; E964: ahogamiento; E965: arma de fuego y explosivos; E966: instrumentos cortantes y punzantes; E967: maltrato; E968: ataque por otros medios; E969: efectos tardíos.

Se elaboraron tasas incluyendo todas las causas y por causa especifica. Los denominadores para la construcción de tasas se obtuvieron de los datos demográficos notificados por el Consejo Nacional de Población para la República Mexicana, por grupo de edad y sexo. 

Se analizaron las tendencias de la mortalidad, tanto general de todo el capitulo como especifica, utilizando las tasas anuales y obteniendo el coeficiente de correlación y el valor de la pendiente, ajustando con un modelo de regresión lineal. El valor de la pendiente sólo se incluyó en los casos en que la tendencia fue significativa. Para el análisis de las causas más frecuentes por edad y sexo se utilizó la razón de tasas con un nivel de confianza del 95 por ciento. Para el análisis de las principales causas por edad se utilizó un modelo de regresión Poisson,27-28 teniendo como grupo de referencia a los menores de un año.

La representación gráfica de los resultados se hizo con base en las tasas anuales y, en algunos casos, en las distribuciones porcentuales.

Se realizó un análisis de los años de vida potencialmente perdidos (AVPP) obteniendo el promedio para todo el periodo y se hizo una comparación con las muertes provocadas por accidentes de tráfico de vehículos de motor para el mismo periodo por el método de estimación con base en 65 años.29 Se seleccionó esta última causa, ya que se considera que su origen es eminentemente accidental.

Resultados

En un intento por caracterizar la mortalidad por homicidio en el grupo especifico de menores de cinco años, se consideró importante señalar cuál fue el patrón, durante el periodo analizado, que presentaron las muertes en el capítulo de lesiones accidentales e intencionales, que es donde quedan inscritos éstos; tanto para el total de muertes por lesiones, como en el caso de los homicidios, los menores de un año son los que presentan el porcentaje más alto, aunque en el último caso las diferencias son mayores entre los extremos del grupo analizado. Sin embargo, mientras la tendencia de la mortalidad por lesiones accidentales e intencionales presenta una pendiente significativa al descenso (b=-1.378), la pendiente de la tendencia por homicidios es significativa al ascenso (b=0.126). Las tendencias de acuerdo a la edad muestran un patrón muy similar.

Durante el periodo hubo en México un promedio anual de 4 533 niños entre los 0 y los 4 anos de edad que fallecieron por causas accidentales y violentas. En el rubro de homicidios, el total de muertes fue de 2 939 lo que significa que, en promedio, un niño menor de cinco años es asesinado cada dos días en México. Esta relación ha ido en aumento ya que mientras que en 1979 era de .50 por día, para 1990 fue de uno diario. Al analizar el número de muertes por homicidio y por edad, se observa que a los menores de un año corresponde el 39 por ciento de las muertes ocurridas en el grupo de 0 a 4 años. Además, es importante señalar que más de la tercera parte de los homicidios que ocurren en los menores de un año, sucede antes de transcurridos los 30 días del nacimiento y ocupa el tercer sitio como causa de muerte por lesiones accidentales e intencionales en este grupo especifico.

La distribución de las principales causas de homicidio de acuerdo al sexo se presentan en la figura 1, donde destaca la violación para el sexo femenino y el uso de arma de fuego e instrumentos punzocortantes para el masculino. Es de señalar que las muertes registradas como debidas a maltrato presentaron el mismo patrón para ambos sexos.


En la figura 2 se presentan las razones de tasas por sexo teniendo como referencia al sexo masculino, así como las principales causas por edad, quedando de manifiesto el riesgo de los varones de morir por homicidio, en comparación con el de las niñas, en las causas: ahorcamiento en menores de un año, con una razón de momios (RM) de 21 y un intervalo de confianza (IC) 15-30; arma de fuego a partir de los dos años (RM 3.1, IC 2.0-5.7); sumersión a los tres años (RM 2.6, IC 1.7-4.8 ) y los otros medios y los no especificados donde, independientemente de la edad, el sexo masculino tiene mayor riesgo de morir por las causas de homicidio que engloba este apartado.

Al eliminar las causas por homicidio no especificadas, destaca en todo el periodo la E965: ataque con arma de fuego. En la figura 3 se presentan las causas de acuerdo con la edad, donde para los menores de un año son evidentes las muertes por ahorcamiento y estrangulamiento, la sumersión en las edades de uno y dos años y el uso de arma de fuego a partir de los tres años. Al realizar el análisis con un modelo de regresión Poisson, ajustado por sexo y teniendo como grupo de referencia a los menores de un año, se obtuvieron los resultados que se presentan en la figura 4, donde se aprecia que, con excepción del homicidio con arma de fuego que no presenta diferencias significativas por edad, la sumersión implica un riesgo mayor en los niños de uno y dos años (RM 3.0, IC 2.0-4.6), mismo que disminuye conforme avanza la edad. El riesgo de morir debido a ataque por otros medios y los no especificados, así como por ahorcamiento, es significativamente mayor para los niños menores de un año; en el resto de las edades los IC incluyeron al valor nulo.




La muerte debida a ataque por otros medios y los no especificados representa el 52.2 por ciento del total de fallecimientos por homicidio; en este último se encontró que el 10 por ciento se debió a quemaduras. El número de casos registrados en esta causa sólo es superado por los ahorcamientos, la sumersión y el uso de arma de fuego. Por otro lado y como ya se mencionó, engloba causas que están afectando al grupo de menores de un año y al sexo masculino.

Al analizar las tendencias de las causas más frecuentes por edad, se observa que la relativa a sumersión y la relacionada con otros medios y los no especificados presentaron pendientes significativas: b=0.271 y b=0.842, respectivamente. La causa relacionada con el uso de arma de fuego presenta una tendencia estable a lo largo del periodo estudiado: b=0.037.

Al comparar los AVPP por homicidios con los AVPP por accidentes de tráfico de vehículos de motor (figura 5), se observa que en los menores de un año recae el mayor porcentaje de AVPP para todo el grupo y que en esta edad rebasan a los provocados por accidentes de vehículos de motor.



Discusión

DISCUSION

El diseño de la investigación permite dar cuenta de lo que ocurre sólo con una de las manifestaciones más graves de la violencia en los niños: la muerte por homicidio. Las diferencias encontradas en las tendencias de la mortalidad para todo el capitulo de lesiones accidentales e intencionales y la del rubro homicidios, ponen de manifiesto la necesidad de abordar este problema de manera distinta, pues a este tipo de daños a la salud tradicionalmente se le ha denominado, tanto para su estudio epidemiológico como para el planteamiento de programas de prevención, como accidentes y violencias,30 cuando en realidad su génesis, el abordaje para su estudio y las intervenciones para su prevención y control son totalmente distintos.

Si bien un estudio como éste, basado en una fuente secundaria, no permite emitir conclusiones acerca del subregistro ya que es información codificada previamente, se considera pertinente hacer los siguientes señalamientos: el estudio dificulta conocer realmente los mecanismos utilizados para provocar la muerte, debido a que se tiene el ahorcamiento por un lado y el maltrato infantil por el otro, cuando en realidad uno es consecuencia del otro. En el capítulo de las lesiones accidentales, la llamada sofocación mecánica accidental (que incluye el ahorcamiento y la estrangulación) presenta un número importante de muertes en los menores de un año y, sobre todo, en los menores de un mes, lo cual lleva a reflexionar sobre la forma como se decide que una muerte se codifica en uno u otro rubro, o acerca de cuántas muertes registradas como accidentales fueron realmente homicidios. Aquí es necesario resolver tanto los problemas técnicos en la codificación y registro,31 como los teóricos y metodológicos, además de que es clara la necesidad de profundizar en el conocimiento de este problema.

Los resultados con respecto a los menores de un año concuerdan con los de estudios similares realizados en otros países.32 Cabe mencionar que se han realizado estudios que comprueban33 que en el 34 y 35 por ciento de las muertes por homicidio hubo evidencia de varios eventos de maltrato infantil o abuso sexual previos a la muerte, en los que los niños menores de un año corren el mayor riesgo de morir debido a sus condiciones de desarrollo.34,35

Cabe recordar que en este tipo de hechos ha quedado demostrada la influencia que tiene la relación de parentesco entre agresor y agredido,36-38 al grado de que los homicidios se encuentran catalogados, en orden decreciente, como ocurridos entre miembros de una misma familia, amigos, familiares y extraños, de tal manera que muchos no se notifican, o sólo se hace en los casos graves.39 Por lo tanto, llama la atención que a pesar de ello los homicidios aparezcan dentro de las 20 principales causas de muerte en la población infantil (lugar 17) y preescolar (lugar 13).40

Las diferencias con respecto al mecanismo utilizado (causa) para producir la muerte según la edad y el sexo, podrían deberse a situaciones relacionadas con el  desarrollo psicomotor del niño y a cuestiones de género, más que de sexo, dificilmente demostrables con un diseño como el empleado para esta investigación, pero que seria necesario considerar para estudios futuros. Sin embargo, es igualmente importante identificar dichos mecanismos, ya que más allá del intento de establecer una relación entre éstos y la salud mental de los individuos que ejecutan el homicidio, pueden ser un indicio del propósito de ocultar la intencionalidad del hecho.

El aparente bajo impacto que tienen las lesiones sobre las condiciones de salud de los niños menores de cinco años, en comparación con otros padecimientos como las enfermedades infecciosas en general, ha provocado que un gran número de investigaciones se oriente, por un lado, a los eventos de salud positiva (crecimiento y desarrollo), o a los padecimientos infecciosos y de rápida evolución (sarampión, gastroenteritis, etc.) o no infecciosos pero de larga duración (desnutrición) y, por el otro, que haya escasos estudios sobre la alteración súbita del nivel de salud, que es el caso de las lesiones, las cuales, además, son totalmente prevenibles.

Se considera que se debe ir más allá del dato estadístico, de un porcentaje, de una tasa de mortalidad, de un lugar dentro de las 10 principales causas de muerte y cobrar conciencia de que el problema de los homicidios en los niños no sólo está produciendo una muerte diaria en ese grupo de edad, sino que es consecuencia del maltrato infantil, que tiene un impacto definitivo en las condiciones de salud de los niños debido a las incapacidades y secuelas físicas y mentales que provoca. Por ello, es recomendable profundizar más en el estudio de la mortalidad infantil, con un enfoque fundamentalmente multidisciplinario, a través del análisis de los factores de riesgo que permitan hacer propuestas concretas para su prevención.

Es fundamental la colaboración, en todos los niveles y de manera especial entre los sectores que están involucrados, donde se expresen todos los puntos de vista, considerando el homicidio infantil como un problema que compete no sólo a los defensores de los derechos humanos, sino también a los sectores encargados de garantizar la seguridad, vigilar el orden público, administrar justicia y brindar la atención a la salud física y mental que requieren, por una parte, los niños maltratados y, por otra, sus agresores, encaminado todo esto hacia un solo objetivo: asegurar a todos los niños de México el derecho fundamental a la vida.

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