Salud Pública de México

EL CONTROL DE LOS RIESGOS PARA LA SALUD GENERADOS POR LOS PLAGUICIDAS ORGANOFOSFORADOS EN MEXICO: RETOS ANTE EL TRATADO DE LIBRE COMERCIO 

EL CONTROL DE LOS RIESGOS PARA LA SALUD GENERADOS POR LOS PLAGUICIDAS ORGANOFOSFORADOS EN MEXICO: RETOS ANTE EL TRATADO DE LIBRE COMERCIO 

AUTORES

JAVIER ORTEGA CESEÑA, M. EN C.,(1) FELIPE ESPINOSA-TORRES, M. EN S.A.,(2) LIZBETH LOPEZ-CARRILLO, DRA. EN S.P.(3)


1. En el momento en que se elaboró el trabajo, Departamento de Investigación en Enfermedades Crónicas y Lesiones, Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), México. 2. Investigador Asociado, INSP. Profesor Asociado, Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México.
3. Dirección de Investigación en Desarrollo y Salud. INSP, México.

RESUMEN

En este artículo se describen las tendencias recientes de la comercialización de los plaguicidas en México, específicamente de los organofosforados, así como su potencial impacto en el ambiente y en la salud de la población. Se destaca también la insuficiencia de conocimientos que existe en México y en el ámbito internacional sobre los daños a la salud ocasionados por la exposición crónica a este tipo de plaguicidas y se hace énfasis en la necesidad de investigación en dos áreas: su caracterización toxicológica y la evaluación epidemiológica de los efectos en la salud debidos a exposiciones crónicas. Por otra parte, se comparan los sistemas de control de los plaguicidas de México y Estados Unidos. Finalmente, se resalta la importancia del incremento del intercambio comercial propiciado por el TLC, que podría redundar en una mejoría sustancial de los programas de vigilancia epidemiológica y control ambiental en México. Para ello se sugiere el establecimiento de un marco normativo preciso y la instrumentación de programas para su cumplimiento.

ABSTRACT

This paper discusses recent trends concerning the commercialization of pesticides in Mexico and focuses on organophosphates and their potential health risk impact. It points out the existing lack of knowledge on health effects associated to chronic exposure to organophosphate pesticides. A need for both toxicological and epidemiologic studies of chronic exposure is identified. Regulatory programs for pesticides in Mexico and the United States are also compared. The paper also addresses the possibility of effective enforcement of environmental and health regulations in Mexico as a result of more rigorous surveillance under NAFTA.

Introducción

LOS PLAGUICIDAS SINTETICOS han contribuido sustancialmente al mejoramiento de la productividad agrícola en el mundo. Paralalemente, su uso ha tenido efectos adversos que incluyen el deterioro ecológico y el daño a la salud humana. El potencial tóxico de los plaguicidas es, en buena parte, responsable de esta dicotomía; es decir, su capacidad para destruir plagas es una poderosa herramienta para el control de las mismas y, a la vez, esta característica los hace potencialmente dañinos para la salud y el medio ambiente.1

Debido a las grandes ventajas de los plaguicidas su uso se generalizó, penetrando en los mercados de los productos agroquímicos. La transferencia de esta tecnología a países en desarrollo, cuyas condiciones son muy diferentes a las de los países a los que estaban destinados (clima, sistemas de irrigación, composición de suelos, variedades de plagas), dio como resultado que con frecuencia se utilizaran en exceso. Esto incrementó la resistencia de las plagas, obligó a la aplicación de cantidades cada vez mayores de plaguicidas, y estimuló la producción de productos nuevos y más tóxicos.

En México, la mayor parte de los estudios sobre los efectos de los plaguicidas en la salud se ha enfocado a las exposiciones agudas. Esto se refleja en la instrumentación de programas de vigilancia epidemiológica para casos de intoxicación por plaguicidas. Pero el conocimiento sobre los efectos crónicos de estas sustancias es muy limitado, aun en el ámbito internacional.2

En este sentido los plaguicidas organofosforados resultan particularmente importantes, debido sobre todo al incremento en su comercialización y al aumento en el comercio de los productos tratados con este tipo de sustancias.1,3 Por estas razones se espera un incremento en la exposición a estas sustancias en los alimentos y en los sitios de trabajo.

A partir de enero de 1994, debido a los cambios generados por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), los insecticidas y los herbicidas procedentes de Estados Unidos y Canadá pueden entrar a nuestro país sin impuesto alguno. En este artículo se presenta un posible escenario de producción, comercialización y utilización de los plaguicidas organofosforados en México, y se discute su impacto potencial en la salud. Asimismo, se proponen algunas recomendaciones con el propósito de mejorar el control de los riesgos para la salud originados por la exposición a los plaguicidas, en particular, a los organofosforados.

Los DAÑOS A LA SALUD OCASIONADOS POR LOS PLAGUICIDAS ORGANOFOSFORADOS

Los daños a la salud ocasionados por los plaguicidas organofosforados están relacionados con su capacidad para inhibir la actividad de un grupo de enzimas llamadas colinesterasas. Esta inhibición se produce en el tejido nervioso, propiciando una acumulación de acetilcolina endógena, con los consecuentes signos y síntomas, que mimetizan los efectos muscarínicos y nicotínicos de la acetilcolina, así como los que esta enzima produce en el sistema nervioso central.4 Las intoxicaciones agudas de los compuestos organofosforados semejan el cuadro clínico de los ataques epilépticos.

Los efectos a largo plazo de estos compuestos son más difíciles de evaluar. En años recientes la investigación se ha trasladado sobre todo al campo epidemiológico. La mayor parte de los estudios están dirigidos a evaluar los efectos neurotóxicos y conductuales que ocasionan este tipo de plaguicidas. Algunos estudios iniciales, realizados en trabajadores expuestos cotidianamente a plaguicidas organofosforados, sugieren intoxicaciones subclínicas que incrementan el riesgo de desarrollar intoxicación aguda clínica y muerte.2,5

Uno de los posibles efectos de los plaguicidas es la llamada enfermedad de Parkinson. La participación de factores ambientales en la etiología de este padecimiento fue propuesta a raíz del descubrimiento del daño neurológico provocado por la sustancia N-metil, 4-fenil 1,2,3,6-tetrahidro piridina, conocida como MPTP.Dicho hallazgo proporcionó el primer modelo experimental del mal de Parkinson y estimuló de manera notable la investigación epidemiológica de esta enfermedad. Los resultados de otros estudios sugieren que existe una asociación positiva entre la enfermedad de Parkinson y la exposición a los plaguicidas organofosforados.7-11

Otro posible efecto de los plaguicidas organofosforados es la exacerbación de las enfermedades infecciosas. En efecto, algunas investigaciones realizadas en trabajadores ocupacionalmente expuestos a estos compuestos han encontrado una mayor frecuencia de infecciones del tracto respiratorio.12,13

Recientemente se informó también que la frecuencia de leucemia linfocítica crónica es mayor en sujetos expuestos a plaguicidas organofosforados.14 Esta asociación se encontró específicamente para crotoxifos, diclorvos y fampur, por lo que dicho estudio puede abrir una interesante línea de investigación sobre los efectos genotóxicos de estos plaguicidas.

LA PRODUCCION Y EL MERCADO DE PLAGUICIDAS EN MEXICO EN EL MARCO DEL TRATADO DE LIBRE COMERCIO

En México se produce una importante cantidad de productos agroquímicos. En el caso de los plaguicidas, la estructura de esta industria está conformada por empresas que efectúan dos procesos de producción bien definidos: a) las que fabrican ingredientes activos (grado técnico) y b) las empresas formuladoras que se dedican a mezclar los ingredientes activos con otros materiales ("inertes", disolventes y emulsificantes) para elaborar los productos terminados. En la actualidad, se producen en nuestro país 51 ingredientes activos, aunque en muchos casos se opera con materias primas y productos intermedios de importación.

En México, el mercado de plaguicidas ha registrado un constante aumento: en 1960 se vendieron 14 mil toneladas; en 1977, 22 mil; en 1983, 34 mil, y en 1986, alrededor de 60 mil.(15,16) Los insecticidas ocuparon en promedio un mayor porcentaje del mercado (51%), seguidos por los herbicidas (31%) y los fungicidas (15%). Conviene precisar que en estos datos referentes al mercado de plaguicidas en México se incluye a diversos grupos o familias de compuestos: organoclorados, organofosforados, carbamatos, piretroides, triazinas, etcétera.

El comportamiento del mercado de plaguicidas registró fluctuaciones importantes derivadas de la crisis económica del país durante la primera mitad de los años ochenta. Posteriormente ha habido un repunte notable en el mercado nacional de plaguicidas, sobre todo en el periodo 1988-1992, que se ha expresado en un incremento en la producción, el consumo y las importaciones de estos productos agroquímicos.3,15-17

Es indudable que las perspectivas del TLC refuerzan estas tendencias, debido a que su entrada en vigencia determina, como ya se mencionó, que los plaguicidas puedan comercializarse sin impuestos ni restricciones arancelarias entre los tres países firmantes. Lo anterior se muestra claramente en la evolución reciente de las importaciones de plaguicidas por parte de México, cuyo volumen se duplicó en los últimos tres años. Más de la mitad de estas importaciones siguen teniendo como origen Estados Unidos y Canadá (figura 1). La contribución de Canadá es muy pequeña, aunque el incremento en las importaciones de plaguicidas de este país se ha duplicado en los últimos cinco años.


Por su parte, las importaciones totales de plaguicidas organofosforados, así como las provenientes de Estados Unidos y Canadá, también muestran una tendencia al alza en el periodo 1988-1992, como se muestra en la figura 2.




Por lo que respecta a las exportaciones de plaguicidas, el análisis se dificulta debido a la carencia de datos, ya que en los registros de exportación no están suficientemente especificados los tipos de plaguicidas. Además, no se cuenta con los datos completos de la producción nacional, lo que dificulta la evaluación de su utilización.

Tanto en México como en Estados Unidos los plaguicidas organoclorados han sido desplazados de manera creciente por compuestos menos persistentes pero de mayor toxicidad aguda, como los carbamatos, los piretroides y los organofosforados. Esta afirmación no implica que los plaguicidas organoclorados hayan dejado de tener importancia, ya que se siguen produciendo y comercializando en grandes volúmenes. De acuerdo a los registros de importaciones de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial, en el periodo 1988-1992 México importó, fundamentalmente de Estados Unidos, los siguientes plaguicidas organofosforados: malatión, clorpirifos, mevinfos, fenitrotion, triclorfon, monocrotofos, fosfamidon, diazinon, azinfos metílico, fosmet, isofenfos, dicrotofos, vamidotion, disulfoton, ometoato, oxidemeton y foxim.17 Dentro de este grupo se incluyen seis de los productos organofosoforados clasificados como extremadamente tóxicos: mevinfos, fosfamidon, disulfoton, monocrotofos, azinfos metílico e isofenfos; y tres de los altamente tóxicos: clorpirifos etil, ometoato y oxidemeton.18 A dos más - vamidotion y dicrotofos- se les retiró recientemente el registro correspondiente, por lo que ya no aparecen en la edición de 1994 del Catálogo Oficial de Plaguicidas y, por tanto, su importación y comercialización están prohibidas en México. Además, el mevinfos se encuentra entre los plaguicidas restringidos, es decir, aquéllos que:

solo podrán ser adquiridos en las comercializadoras mediante la presentación de una recomendación escrita de un técnico oficial o privado que haya sido autorizado por el gobierno federal. Su manejo y aplicación se efectuarán bajo la responsabilidad del técnico autorizado que los haya recomendado y serán supervisados por él.18

También cabe señalar que dos productos organofosforados, el paratión etílico y el EPN, plaguicidas cuya comercialización y uso en México han sido prohibidos con anterioridad, aparecen en los registros de importación de los años 1988-1992, aun cuando se presentan en cantidades relativamente pequeñas y con franca tendencia a desaparecer.17,18

Por otra parte, el mayor uso de los plaguicidas está vinculado a la producción agrícola, lo cual reviste una particular importancia considerando que México es uno de los principales proveedores de bienes agropecuarios para Estados Unidos. Casi la mitad de todos los productos congelados y frescos importados por Estados Unidos proviene de México. Además, el ingreso de estos productos mexicanos al mercado estadounidense tiende a incrementarse notablemente. Para dar un ejemplo, las importaciones de fruta mexicana aumentaron de 100 millones de dólares en 1989 a 200 millones en 1990.19

El flujo de productos agrícolas también se lleva a cabo de Estados Unidos hacia México, siendo los granos básicos los más importantes, específicamente el maíz, trigo, frijol, soya y sorgo.20 Para fines del presente artículo, interesa resaltar que los agricultores estadounidenses acostumbran aplicar grandes cantidades de plaguicidas precisamente en estos cultivos, con el consiguiente peligro de contaminación de sus productos de exportación.21

REGULACION DEL PROCESO DE ELABORACION, COMERCIALIZACION Y USO DE LOS PLAGUICIDAS


El esquema del control de la elaboración, comercialización y uso de los plaguicidas en México ha registrado importantes cambios en los últimos años.22 Estas modificaciones se iniciaron con la creación de la Comisión Intersecretarial para el Control del Proceso y Uso de Plaguicidas, Fertilizantes y Sustancias Tóxicas (CICOPLAFEST) en 1987. El antecedente inmediato se encuentra en un estudio crítico de la legislación mexicana sobre plaguicidas, que fue publicado en 1986.23 Posteriormente, la adopción del Convenio de Basilea y las directrices de Londres para la protección de la salud y el medio ambiente reforzaron el proceso de cambio que se ha desarrollado en materia de regulación de plaguicidas.

Por lo anterior, los motivos de origen comercial involucrados en la transacción de plaguicidas entre México y Estados Unidos están supeditados a las disposiciones basadas en los criterios de salud y ambientales establecidos por las autoridades del país importador. Esto significa que la importación de cualquier plaguicida o formulación de plaguicidas que no está registrada por el país al que ingresa se encuentra sujeta a evaluación, y puede ser rechazada si no cumple con los requisitos sanitarios y ambientales establecidos.

En Estados Unidos hay tres agencias que comparten la responsabilidad de regular los plaguicidas para proteger el ambiente y la salud humana: la Agencia de Protección Ambiental (EPA), el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA).

En México, desde su creación, la CICOPLAFEST -en la que participan las Secretarías de Comercio y Fomento Industrial, de Agricultura y Recursos Hidráulicos, de Desarrollo Social, y de Salud- coordina la regulación y control de los plaguicidas, fertilizantes y sustancias tóxicas.18

En ambos países, es una instancia gubernamental -EPA en Estados Unidos y CICOPLAFEST en México- la encargada de revisar y evaluar la información científico-técnica sobre las propiedades y efectos de los plaguicidas. Con base en este procedimiento se otorga o rechaza el registro de un plaguicida.

Para la CICOPLAFEST los registros son básicamente licencias para el uso específico de plaguicidas, y en ellas se establecen los términos, condiciones y precauciones de su uso. En otras palabras, un plaguicida autorizado para usarse únicamente en jitomates no se puede utilizar en fresas a menos que se obtenga otro registro.

Tanto en México como en Estados Unidos, el cumplimiento de la regulación se basa, en gran parte, en la medición de los residuos de plaguicidas; esto es, la medición de cualquier sustancia específica que se encuentra en los alimentos, los productos agrícolas o los forrajes como consecuencia del empleo de un determinado plaguicida.24 El índice utilizado internacionalmente es el de tolerancia o límites máximos de residuos (LMR). Este índice se define, de manera genérica, como la máxima cantidad de residuos de plaguicida que legalmente puede estar presente en los alimentos al momento de su venta al consumidor.21 En México, la Ley Federal de Sanidad Vegetal 1994, define los LMR como la "concentración máxima de residuos de plaguicidas permitida en o sobre vegetales previo a su cosecha, determinada en base a la norma oficial correspondiente".25

Aun cuando el término tolerancia se utiliza ya sólo en Estados Unidos, es pertinente precisar, a fin de no generar equívocos, que tolerancia, en este caso, tiene un significado distinto al utilizado en farmacología, toxicología general y otras disciplinas científicas, donde tolerancia es una respuesta disminuida al efecto tóxico de un producto químico como resultado de una previa exposición a ese producto.25

El proceso que debe seguirse para la determinación de los LMR o tolerancias en los plaguicidas no es sencillo. En términos generales, dichos índices se estiman a partir del conjunto de datos recopilados sobre residuos de plaguicidas obtenidos mediante el empleo de "buenas prácticas agrícolas" (las recomendadas o autorizadas oficialmente) y que, por tanto, pueden cambiar conforme se modifiquen estas últimas.24  En otras palabras, los LMR se calculan en función del resultado de la combinación específica plaguicida-cultivo. Pero, además, a fin de contar con un margen de seguridad, se cuantifican los residuos en las condiciones posibles de mayor concentración, por ejemplo, lo más cercano al momento de la cosecha, con la máxima cantidad de ingrediente activo por hectárea recomendada por el fabricante, con el número máximo de aplicaciones, etcétera, todo lo cual da como resultado que en los datos se exprese un exceso de residuos en los productos comestibles que en la realidad difícilmente se van a encontrar. Es decir, los LMR son índices que están sobreestimados para mayor protección de la salud de los consumidores.

Ahora bien, desde la perspectiva de la salud pública, para decidir si un LMR propuesto es aceptable, hay que comparar la ingesta estimada de residuos del plaguicida en los alimentos, o ingesta diaria máxima teórica (IDMT), con la ingesta diaria aceptable (IDA). La IDMT es una estimación de la ingesta alimentaria que resulta de multiplicar el LMR propuesto, por el consumo promedio diario por persona ("factor de alimentación") de cada producto alimentario para el que se ha establecido dicho LMR. Por su parte, para calcular la IDA primero se requiere definir el "nivel de efecto adverso no observado" (NEANO) del plaguicida por evaluar. Al NEANO se le aplica un factor de seguridad (generalmente 100), lo que da lugar a la IDA. Entonces, lo aceptable desde el punto de vista sanitario es que la IDMT sea menor que la IDA.

Sin embargo, la comparación entre la IDMT y la IDA se hace teniendo en cuenta que los LMR son índices que sobreestiman la cantidad ingerida de residuos. Por esta razón, no todas las veces que la IDMT es mayor que la IDA se deben invalidar o declarar automáticamente como inaceptables los LMR. En estos casos será necesario realizar una evaluación más precisa de la ingesta de residuos del plaguicida.21,24

Tanto la EPA como la CICOPLAFEST tienen la responsabilidad de registrar los plaguicidas y establecer los LMR o tolerancias. La agencia estadounidense no se basa en los resultados de revisiones de datos generados por otras naciones cuando revisa una solicitud de registro o determina sus tolerancias, sino que realiza sus propios estudios y evaluaciones. En cambio, CICOPLAFEST recurre a tres fuentes de datos para ayudarse en su proceso de evaluación de los plaguicidas y en la fijación de los LRM. Dos de las fuentes están bien establecidas y la tercera se encuentra en su fase inicial. Estas fuentes son: a) estudios del Codex Alimentarius, en particular del Comité del Codex sobre Residuos de Plaguicidas (CCRP); b) estudios de la EPA, y C) programa de estudios nacionales, en el que ciertas empresas privadas realizan las determinaciones de LMR, y CICOPLAFEST supervisa y evalúa los resultados.27

En México, de 265 productos registrados en la edición 1994 del Catálogo Oficial de Plaguicidas, elaborado por la CICOPLAFEST,18

En Estados Unidos existen 272 plaguicidas registrados por la EPA como "ingredientes activos" que se producen para uso doméstico.27

163 tienen LMR. Los demás están exentos de que se le fijen LMR porque son de uso industrial, urbano o de jardinería, o bien debido a que se aplican en el tratamiento de las semillas o de los suelos, sin que ameriten la determinación de los residuos en alimentos (Vélez Méndez A., 1994, comunicación personal). La propia EPA reconoce implícitamente la dificultad de integrar un inventario real y completo de los plaguicidas que se fabrican y comercializan en ese país. En cuanto al establecimiento de tolerancias, la EPA tiene varios problemas relacionados con el procedimiento mismo. Entre éstos destacan los siguientes: a) significativas lagunas en los datos enviados por los productores para el registro de los plaguicidas; b) los "factores de alimentación" empleados para calcular la ingesta teórica diaria subestiman el consumo de algunos subgrupos de la población norteamericana; c) a diversos productos sospechosos de ser cancerígenos se les han establecido tolerancias, a pesar de la ausencia de evidencia en la identificación de umbrales de seguridad; d) el factor de seguridad aplicado al NEANO ha sido menor a 100; e) las transformaciones metabólicas de los residuos de plaguicidas durante el procesamiento de los alimentos no se han incluido en las consideraciones del registro, y f) los efectos sinérgicos y aditivos de plaguicidas por separado generalmente no se consideran en la determinación de las tolerancias.21

Al comparar los plaguicidas registrados en México y Estados Unidos, encontramos que 82 de ellos que son comunes a ambos países presentan tolerancias o LRM establecidas, aunque no necesariamente para los mismos productos comestibles. En este aspecto la tendencia marcha en el sentido de lograr la homogeneización de las tolerancias entre ambas naciones. Prueba de ello es que en 1992 se informaban sólo 58 plaguicidas con tolerancias tanto en México como en Estados Unidos,19 lo que quiere decir que en los dos últimos años las afinidades en materia de LRM o tolerancias tuvieron un incremento del orden del 40 por ciento.

Esta situación ha llevado a algunos autores19 a identificar actualmente tres tipos de diferencias en las tolerancias entre México y Estados Unidos: a) plaguicidas que tienen tolerancias en ambos países pero que en algunos productos no son comparables; b) plaguicidas que tienen tolerancias en México pero no en Estados Unidos; y, c) plaguicidas que tienen tolerancias en ambos países para los mismos productos pero establecidas en diferentes niveles.

También cabe señalar que desde el punto de vista técnico, las diferencias de tolerancias se explican por varios factores, como el clima, la composición del suelo y el tipo de plagas. Hay que considerar, además, que México tiene diferentes patrones de cultivo y necesidades de plaguicidas que los que se tienen en Estados Unidos.

MONITOREO

México y Estados Unidos difieren en la forma de monitorear los residuos de plaguicidas para cumplir con las tolerancias establecidas a fin de proteger la salud. La FDA tiene un programa de muestreo para monitorear tanto la producción doméstica como las importaciones. La cobertura de este programa es limitada debido a la gran cantidad de productos que es necesario verificar. Otra dificultad es el tiempo disponible para realizar los análisis de laboratorio en productos de importación, ya que éstos en su gran mayoría son perecederos. Por otra parte, la FDA ha recibido críticas internas debido a que solamente es capaz de identificar y cuantificar 160 de los casi 300 plaguicidas que están restringidos actualmente para su uso en productos alimenticios.21

No obstante las limitaciones estadounidenses sobre la capacidad para monitorear y vigilar el cumplimiento de la normatividad, comparativamente es muy superior a la capacidad que México tiene instrumentada. En contraste con Estados Unidos, en México no existen programas permanentes de verificación de los niveles de residuos de plaguicidas en alimentos. La vigilancia se lleva a cabo solamente cuando ocurren brotes por intoxicación alimentaria.

Así, aunque existe un marco regulatorio definido para los plaguicidas entre los dos países, hasta ahora la vigilancia del cumplimiento de dichas disposiciones no se lleva a cabo en México. Este hecho puede tener importantes implicaciones de salud pública, ya que virtualmente no existe un mecanismo de control sanitario que garantice la protección de la población.

Otro aspecto que debe considerarse es la vigilancia epidemiológica en México, principalmente en grupos de alto riesgo, como son los trabajadores que manejan plaguicidas. Al respecto, existe un instrumento jurídico genérico para ejercer la vigilancia epidemiológica, pero los mecanismos para cumplir dicha disposición no están todavía implementados.

PERSPECTIVAS PARA LOGRAR UN CONTROL DE RIESGOS SANITARIOS

La entrada en vigor del TLC plantea un potencial incremento de daños para la salud en México debido a la mayor utilización de los plaguicidas organofosforados. Paradójicamente a esta expectativa, el establecimiento del TLC abre la oportunidad también de desarrollar un mejor control de riesgos sanitarios, en virtud de que habrá una mayor vigilancia del cumplimiento de la legislación ambiental, a la cual se le dio particular énfasis en los denominados "Acuerdos paralelos".28

Considerando lo anterior, existen las condiciones para que los tomadores de decisiones instrumenten las acciones pertinentes a fin de disminuir los riesgos para la salud por estas sustancias. En este sentido, existe el marco legal para la elaboración de la normatividad específica y además se han estructurado los lineamientos que permiten adecuar estas regulaciones a la nueva relación comercial. Dichos lineamientos están contenidos en la nueva Ley Federal de Metrología y Normalización.

Es pertinente destacar la importancia de impulsar los enfoques preventivos en el abordaje del problema. Entre las acciones preventivas para el control de los riesgos sanitarios se pueden citar el manejo integral de plagas y la sustitución de los plaguicidas más tóxicos por otros de menor peligrosidad. El sistema de control integral de plagas es una técnica que consiste en el empleo de dos o más de los siguientes métodos, seleccionados de acuerdo al tipo de plaga que se intenta controlar: a) genético: uso de variedades de plantas y razas animales resistentes o tolerantes a las plagas; b) biológico, natural o inducido: liberación de enemigos naturales de las plagas o insectos estériles; c) legal: fundamentalmente, a través de cuarentenas; d) cultural: rotación de cultivos, destrucción de plantas hospederas, uso de semillas tratadas; e) químico: empleo limitado y racional de plaguicidas.18

Otra actividad que es necesario reforzar es la relacionada con la capacitación de agricultores y trabajadores, a fin de lograr el manejo y la aplicación adecuados de los plaguicidas. En esta tarea, las instituciones académicas y los grupos ambientalistas locales pueden constituirse en un invaluable apoyo. De igual manera es necesario enfatizar la importancia de la difusión de información y de la educación ambiental.

Por otra parte, es menester diseñar e instrumentar programas de monitoreo de residuos de plaguicidas en alimentos y de vigilancia epidemiológica de intoxicaciones que contemplen el suministro de los medicamentos adecuados para el tratamiento, como es el caso de la paralidoxima. Aquí también cabe resaltar que las autoridades de salud mexicanas deben establecer un sistema de laboratorios de prueba para realizar el monitoreo de los plaguicidas, tanto en los productos que se producen localmente como en los que ingresan al país. Este planteamiento ya está considerado en la Ley Federal de Metrología y Normalización, la cual otorga a la iniciativa privada la posibilidad de instrumentar una red de laboratorios. Dentro de este esquema, la tarea que le corresponde al Estado es garantizar el funcionamiento adecuado de dichos laboratorios. En este sentido, ya existe una instancia, el Sistema Nacional de Acreditamiento de Laboratorios de Prueba, creada específicamente para sancionar el proceso de determinación analítica y control de calidad de los laboratorios.

Paralelamente, se requiere promover la investigación en dos áreas principales: a) la caracterización toxicológica de este tipo de plaguicidas y otros que actualmente están en uso, y b) la evaluación de los efectos en la salud por exposición crónica a estas sustancias. Así, la investigación podría coadyuvar a la necesaria homogeneización de los registros de plaguicidas y de los estándares de tolerancia que se establezcan en México, Estados Unidos y Canadá.

De esta manera, el manejo y disposición adecuados de los plaguicidas debe fomentarse e instrumentarse aprovechando la estructura de una instancia intersecretarial como la CICOPLAFEST. La cobertura nacional en dichas actividades se puede alcanzar a través de los comités que este organismo ha creado en las entidades federativas del país. Estos comités podrían constituir la base institucional que facilite poner en práctica las acciones de un Programa Integral de Prevención y Reducción de Riesgos. En este sentido sería conveniente la integración de comités o consejos asesores formados por especialistas en el área.


El control de los riesgos para la salud originados por los plaguicidas organofosforados en el contexto de la apertura comercial, es un importante reto que requiere, para enfrentarlo exitosamente, de la colaboración y coordinación de los gobiernos, de los sectores económicos involucrados directamente (empresarios, comerciantes, trabajadores, etc.), de los actores sociales interesados (sindicatos, grupos ambientalistas, etc.) y de las comunidades académicas y científicas de los tres países integrantes del TLC.

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Salud Pública de México es una publicación periódica electrónica, bimestral, publicada por el Instituto Nacional de Salud Pública (con domicilio en Avenida Universidad núm. 655, col. Santa María Ahuacatitlán, Cuernavaca, Morelos, C.P. 62100, teléfono 329-3000, página web, www.insp.mx), con ISSN: 1606-7916 y Reserva de Derechos al Uso Exclusivo con número: 04-2012-071614550600-203, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Editor responsable: Carlos Oropeza Abúndez. Responsable de la versión electrónica: Subdirección de Comunicación Científica y Publicaciones, Avenida Universidad núm. 655, planta baja, col. Santa María Ahuacatitlán, Cuernavaca, Morelos, C.P. 62100, teléfono 329 3000. Fecha de última modificación: 7 de junio de 2018. D.R. © por el sitio: Instituto Nacional de Salud Pública.

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