Salud Pública de México

LA MORTALIDAD POR EL SIDA EN MEXICO DE 1983 A 1992. TENDENCIAS Y AÑOS PERDIDOS DE VIDA POTENCIAL

LA MORTALIDAD POR EL SIDA EN MEXICO DE 1983 A 1992. TENDENCIAS Y AÑOS PERDIDOS DE VIDA POTENCIAL

AUTORES


JOSE ANTONIO IZAZOLA-LICEA, M.C.(1) MARICRUZ VALDEZ-GARCIA, ACT.(2) HECTOR JAVIER SANCHEZ-PEREZ, C.D., M. EN S.S.(3) CARLOS DEL RIO-CHIRIBOGA, M.C.(4)

(1) Director de Investigación del Consejo Nacional de SIDA (CONASIDA).
(2) Jefe del Departamento de Diseño y Análisis de Investigación de CONASIDA.
(3) Subdirector de Diseño y Análisis de Investigación de CONASIDA.
(4) Director Ejecutivo de CONASIDA.

RESUMEN

Objetivo: describir los niveles y tendencias de mortalidad por el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (sida) en México de 1983 a 1992, y compararlo con otras causas de muerte, así como los indicadores de años perdidos de vida potencial (APVP) y años perdidos de vida productiva potencial (APVPP). Material y métodos: para el periodo 1983-1987 se procesaron las bases de datos de notificación de casos de sida proporcionados por el Instituto Nacional de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos. Para el periodo 1988-1992 se utilizaron listados de mortalidad, de acuerdo a la IX Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), proporcionados por la Dirección General de Estadística, Informática y Evaluación de la Secretaría de Salud. Resultados: hasta 1992 se registraron 8 204 defunciones a causa del sida (86.1% hombres) con una tasa estimada de 2.9/100 000 y el lugar 19 como causa principal de muerte. Los grupos de edad más afectados son los de 25- 34 y 35-44, sobre todo en hombres, desplazando como principales causas de muerte a la tuberculosis pulmonar, el suicidio y las lesiones autoinfligidas, la diabetes mellitus, la enfermedad cerebrovascular y el síndrome de dependencia del alcohol. Hasta 1992 el sida había ocasionado 247 045 APVP en hombres y 48 703 en mujeres, y 206 211 APVPP en hombres y 29 793 en mujeres. Conclusiones: la mortalidad por sida empieza a ocupar posiciones entre las 20 primeras causas de muerte en ambos sexos. Los profesionistas están sobre-representados en casos de sida en comparación con la población censal, aunque no sucede lo mismo en cuanto a las mujeres amas de casa.

ABSTRACT

Objetive. To describe trends in aids mortality in Mexico from 1983 to 1992, as well as years of potential life lost (YPLL) and years of potential productive life lost (YPPLL) due to aids. Material and methods: A retrospective review of databases available in Mexico that code mortality from aids was performed. Since aids was not coded specifically as a cause of death until 1988, for the period 1983-1987 the database of aids cases from the national aids registry provided by the Instituto Nacional de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos of the Ministry of Health was used. For the 1988-1992 period, a review of the mortality registry was provided by the Dirección General de Estadística, Informática y Evaluación of the Ministry of Health. To calculate ypll and yppll we used the upper limit of expected life in Mexico for 1990 (70.79 years for men and 75.71 for women). Results: Through 1992, there have been 8 204 deaths attributable to aids in Mexico (86% were men) with a rate of 2.9 deaths/100 000. In 1992 aids was the 19th leading cause of death in the country. The most affected age groups are the 25-34 and 35-44 years-old (especially amongst men) in which aids has now displaced pulmonary tuberculosis, suicide and self-inflicted injuries, diabetes mellitus, cerebro-vascular disease and alcohol dependency syndrome as leading causes of death in men. Our data suggests that aids has caused, from 1983 through 1992, 247 045 ypll in men and 48 703 in women as well as 206 211 yppll in men and 29 793 in women. Conclusions: aids is at present one of the leading causes of death in Mexico. However, due to under-reporting, these estimates should be considered conservative and as lower-bound estimates. This data suggests that professionals are over-represented among aids cases, in comparison with the 1990 Population Census. This does not happen to be the case among women who are housewives.

Introducción

Una década después de haberse identificado el SIDA en México, la epidemia continúa creciendo y las tasas de incidencia acumulada y las de prevalencia siguen aumentando, sobre todo en hombres en edad productiva. La mortalidad por sida es una de las formas de medir el impacto ocasionado por el padecimiento. Los principales objetivos de este estudio son describir los niveles y tendencias de la mortalidad por sida en la República Mexicana de 1983 a 1992, y efectuar un análisis de los años perdidos de vida potencial (APVP) y de los años perdidos de vida productiva potencial (APVPP) por esta enfermedad. El indicador de APVP permite evaluar la importancia de una causa de muerte combinando simultáneamente los criterios de magnitud y temporalidad, al suponer que una defunción que ocurre "antes de lo esperado" provoca una pérdida de vida potencial cuya magnitud en años es mayor cuanto más joven es la persona que fallece, dando importancia no sólo a la frecuencia de una causa de muerte en la población, sino también a la edad en que dicha causa produce esas defunciones.1,2 Finalmente, se hace una comparación con otras causas principales de muerte.

Para los fines de este trabajo se entiende como sida a la etapa terminal de la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), durante la cual se presenta un deterioro inmunológico severo, dando lugar a la aparición de patologías oportunistas. En términos globales, se estima que el tiempo de latencia -entre infección por VIH y diagnóstico de sida- es de 10 años en el 50% de los casos3 (tiempo mediano) y que, una vez diagnosticado el sida, pueden transcurrir de dos a tres años de sobrevida en la mayoría de los pacientes, si bien este periodo varía con cada sujeto y está influido por la terapéutica antiretroviral profiláctica contra infecciones oportunistas y de padecimientos asociados.

Material y Métodos

En la elaboración de los indicadores se revisaron las bases de datos de mortalidad por sida de 1983 a 1992. Para el periodo de 1983 a 1987 se tomaron los datos consignados en la notificación de casos de sida, proporcionados por el Instituto Nacional de Diagnóstico y Referencia Epidemiológica (INDRE) de la Secretaría de Salud (SSA); para el lapso 1988- 1992 se utilizaron listados de mortalidad, de acuerdo con la IX Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), proporcionados por la Dirección General de Estadística, Informática y Evaluación de la SSA.

Es conveniente tener en cuenta que, debido a que el sida fue descrito posteriormente a la elaboración de la CIE y a su reciente evolución ascendente, la clasificación específica de muerte por sida en forma sistemática se dio a partir de 1988, cuando en México se acordó utilizar el código número 184 en todos los decesos por esta causa.

Asimismo cabe señalar que la historia natural de la infección por el VIH/SIDA consiste en el deterioro del sistema inmunológico del individuo infectado, de forma tal que se pueden desarrollar infecciones oportunistas y neoplasias, por lo que los certificados médicos pueden indicar como causa de muerte este tipo de patologías y no al sida específicamente. A esta situación se suma un proceso de subregistro y subnotificación debido a la falta de diagnóstico del padecimiento por ineficiencia en la atención médica de los pacientes, o incluso por el cambio de diagnóstico en forma intencionada debido a la estigmatización social que representa el diagnóstico de sida, particularmente por el estereotipo de transmisión sexual al interior de algunos grupos marginados, y por el deseo del médico tratante y/o de los familiares de no ser estigmatizados aun después de fallecido el paciente.

Este tipo de factores, al igual que los relativos a la subnotificación y el retraso en la notificación de casos de SIDA,4 propician (en caso de no ser corregidos por métodos adecuados)5 que los estimadores de magnitud e impacto del sida constituyan una subestimación del comportamiento real de esta epidemia.(6,7) Sin embargo, dichas estadísticas proveen, al menos, un límite inferior de la cuantificación del proceso de infección por el VIH/SIDA.8

En la elaboración de las tasas de mortalidad, se utilizaron poblaciones estimadas por el Centro de Estudios en Población y Salud de la Dirección General de Asuntos Intersectoriales e Internacionales de la SSA. El listado de las principales causas de muerte no incluye la causa No. E560 "Lesiones en las que se ignora si fueron accidentales o intencionalmente infligidas", por ser considerada como causa mal definida.

Para el cálculo de APVP a causa del SIDA, se tomó como límite superior de la vida potencial la esperanza de vida a los 20 años de edad, calculada con la metodología de la tabla de vida para 1990 en la República Mexicana,9 correspondiente a 50.79 años para los hombres y 55.71 para las mujeres; es decir, los límites superiores de vida potencial utilizados fueron las edades de 70.79 y de 75.71, respectivamente. Para la estimación de los APVPP a causa del sida se consideró el inicio de la vida productiva a los 12 años y el límite superior de 65 años para hombres y 60 años para mujeres. Se calcularon los APVPP por ocupación y tipo de actividad en el caso de inactividad, de acuerdo con la frecuencia relativa de casos de sida,4 bajo el supuesto de que todos los pacientes con SIDA fallecen en un plazo promedio de dos años, de tal manera que los estimadores de los años perdidos basados en la notificación de casos se recorren dos años en promedio, debido a lo cual se aplica al total de APVPP la distribución por casos.

Resultados

Los primeros casos de sida en México fueron reportados en 1983; para fines de 1991 había 9 073 notificaciones y hasta el 31 de diciembre de 1993 se tenían cuantificadas 17 387 personas en el Registro Nacional de Casos de SIDA de la SSA, aunque se estima que, efectuando correcciones por la subnotificación y el retraso en este reporte, el número podría superar los 27 00010 casos. Por lo que respecta a la mortalidad, en 1983 se documentaron los primeros cinco casos de muerte por SIDA; en 1984 se informaron siete y en 1985 había 53 muertes registradas en forma acumulada. En 1986 se registraron 112 casos más, cifra que duplicaba a las de los tres años anteriores, con una tasa estimada de 1.37 por millón de habitantes. Estas cifras continuaron creciendo y para el final de 1992 el número de muertes registradas acumuladas a causa del sida sumaba 8 204, de las cuales 2 555 se habían notificado en ese año, con una tasa estimada de 29.4 muertes por millón de habitantes. Se espera que estas cifras continúen aumentando debido a que la mortalidad por sida es un reflejo tardío de la dinámica de infección por VIH y el subsecuente diagnóstico de SIDA. En otras palabras, a pesar de los problemas de retraso en la notificación y de subregistro, el número de muertes por sida registradas en relación con esta enfermedad continúa elevándose considerablemente en cifras absolutas y relativas.

En 1991 el SIDA aparece por primera vez dentro de las primeras 20 causas de mortalidad general en hombres,11,12 ocupando el lugar número 20 y, en 1992, el sitio 17; en ese mismo año alcanza el lugar 19 de mortalidad para población general, es decir, para hombres y mujeres de todas las edades. Entre 1988 y 1992, el sida mantiene una relación de cinco a seis casos en hombre por cada caso en mujer, lo cual podría reflejar una sobreposición de epidemias entre mujeres: la transmisión sanguínea en franca disminución y la transmisión sexual en incremento. Sin embargo, lo anterior no implica una tendencia hacia la estabilización sino, por el contrario, al crecimiento.

LA MORTALIDAD POR SIDA, SEGUN GRUPOS DE EDAD Y SEXO

La edad promedio observada al momento de fallecer a causa del sida en el periodo analizado, se mantuvo prácticamente constante, con cifras muy semejantes en ambos sexos (35.1 años en mujeres y 35.4 en hombres). Por lo que se refiere a la mortalidad por sida dentro de los diferentes grupos de edad, puede señalarse que hasta 1992 el padecimiento no figuraba como causa principal de muerte en los menores de 15 ni en los mayores de 65 años. Sin embargo, el sida ocupa un sitio cada vez más importante en la mortalidad de ciertos grupos de edad. El aumento observado en la mortalidad de la población general y masculina de 15 a 44 años en 1992, se ha multiplicado cuatro veces a partir de 1988, y en mujeres se quintuplicó en el mismo periodo.

Mortalidad en el grupo de 15-24 años de edad. En 1985 se dan los primeros cinco casos de muerte por sida en este grupo de edad (uno del sexo femenino). De forma acumulada, hasta 1992 se tienen 828 casos, de los cuales 692 (83.6%) son hombres y 135 (16.3%) mujeres. En cuanto al papel del sida como causa principal de muerte en este grupo de edad, puede señalarse que de una tasa de mortalidad de 0.3 por 100 000 personas en 1988, pasó a una de 1.4 en 1992; además, en 1988 el sida no figuraba dentro de las 20 primeras causas de muerte, en tanto que en 1992 ocupó el décimo lugar. En el caso del sexo masculino, el sida pasó de una tasa de mortalidad de 0.5 por 100 000 personas en 1988, a una de 2.2 en 1992. En 1988 el sida tampoco se encontraba entre las 20 primeras causas de muerte y para 1992 figuró en el sexto lugar, ubicándose por arriba de la tuberculosis pulmonar, la enfermedad cerebro vascular, las anomalías congénitas, la cirrosis hepática y otras enfermedades crónicas del hígado, así como la diabetes, por citar sólo algunas. En las mujeres de 15 a 24 años de edad, es hasta 1992 cuando el sida empieza a figurar dentro de las 20 principales causas de muerte, ocupando el lugar 17, con una tasa de mortalidad que ascendió entre 1988 y 1992 de 0.1 a 0.6 por 100 000 personas.

Mortalidad en el grupo de 25-44 años de edad. En cuanto a frecuencia de mortalidad por SIDA, éste es el grupo de edad más afectado, pues representó el 68.6% de las muertes registradas entre 1983 y 1992. Para las mujeres, 60.6% de las muertes notificadas en el lapso analizado se dieron entre los 25 y 44 años y, en el caso de los varones, el 68.6%. Ello significa que poco más de una de cada dos muertes a causa del sida ocurre en estos grupos de edad, lo cual destaca más en el subgrupo de 25 a 34 años, ya que aquí se concentra el 40.5% del total de casos ocurridos en el país hasta 1992.

En el grupo de 25 a 34 años la tasa de mortalidad ascendió, entre 1988 y 1992, de 1.8 a 7.5 por 100 000 personas (en 1988 el sida ocupó el lugar 18 como causa principal de muerte, en tanto que en 1992 fue la quinta). En hombres, en el mismo periodo, la tasa de mortalidad ascendió de 3.2 a 12.9 por 100 000 personas y el sida pasó del undécimo al cuarto lugar como causa de muerte, a partir de 1991. En la figura 1 se muestran las 10 principales causas de muerte entre 1988 y 1992; si bien el sida ha desplazado a otras causas como los tumores malignos, las enfermedades del corazón y el suicidio, aún se encuentran alejadas de los tres primeros lugares (accidentes, homicidios y cirrosis hepática) que presentan una mortalidad más elevada. En el sexo femenino, el sida pasó de una tasa de 0.4 por 100 000 mujeres en 1988, a una de 2 en 1992, hecho que se refleja en que para 1988 el SIDA no figuraba dentro de las 20 principales causas de muerte y en 1992 ocupó el lugar número 12, superando a la epilepsia, el suicidio y las lesiones autoinfligidas, las deficiencias de la nutrición, las anomalías congénitas y la septicemia, la bronquitis crónica y la no especificada, el enfisema y el asma, y la hepatitis vírica.



La mortalidad por sida en el grupo de 35 a 44 años pasó de una tasa de 2.1 por 100 000 personas en 1988, a una de 8.1 en 1992, y del lugar 17 como causa de muerte en 1988, al octavo en 1992. En los hombres, la tasa del sida aumentó de 3.7 por 100 000 personas en 1988, a 14.5 en 1992, pasando del lugar 14 en 1988, al séptimo en 1992, superando a la tuberculosis pulmonar, la enfermedad cerebrovascular, las enfermedades infecciosas intestinales, la neumonía e influenza, los suicidios y las lesiones autoinfligidas, entre otras. En mujeres, la tasa de mortalidad aumentó casi el cuádruple, al incrementarse de 0.5 por 100 000 mujeres en 1988, a 1.9 en 1992; de no encontrarse entre las primeras 20 causas de muerte, en 1992 ocupó el lugar 14, superando a la bronquitis crónica no especificada, el enfisema y el asma, la epilepsia, la septicemia, el suicidio y las lesiones autoinfligidas, las anomalías congénitas y las úlceras gástrica y duodenal.

Mortalidad en el grupo de 45 a 54 años de edad. En este grupo se reportó el 12.5 de las muertes ocurridas entre 1983 y 1992, ocupando el lugar 14 como causa principal de muerte en este último año, con una tasa de mortalidad de 5.2 por 100 000 habitantes. En hombres el SIDA se encontró en el lugar 13 como causa principal de muerte en 1992.

Mortalidad en el grupo de 55-64 años de edad. En este grupo se registraron 4.8% de las muertes por sida durante el periodo analizado. En 1992 el sida ocupaba el lugar 20 como causa principal de muerte, con una tasa de mortalidad de 3.4 por 100 000 personas.

En resumen, el grupo de 15 a 64 años pasó de una tasa de 1.14 por 100 000 habitantes en 1988, a una de 4.71 en 1992, ocupando el lugar 12 como causa principal de muerte. Por lo que respecta a la población masculina,se puede señalar que el sida aparece como la octava causa principal de muerte en 1992, mostrando un ascenso en las tasas de mortalidad al pasar de 2 por 100 000 habitantes en 1988, a 8.21 en 1992; en mujeres el sida ocupó el lugar 17 como principal causa de muerte en 1992.

AÑOS PERDIDOS DE VIDA POTENCIAL Y AÑOS PERDIDOS DE VIDA PRODUCTIVA POTENCIAL De 1983 a 1992 el sida ha provocado 247 045 APVP entre los hombres y 48 704 entre las mujeres, es decir, al menos 295 749 APVP en total, cifra semejante a poco menos del total de la población masculina del estado de Tlaxcala13 en 1990 (375 130). Esta comparación se hace con el fin de mostrar la magnitud del problema, a pesar de que en estricto sentido estas cifras no son exactamente equivalentes, ya que mientras los años-persona de los vivos se consumen socialmente en un determinado año, los de los muertos se consumen en periodos cuya longitud varía de acuerdo con la edad al fallecer, es decir, aunque se evitaran todas las defunciones ocurridas en un año, el monto total de sus APVP no se puede consumir socialmente dentro de ese mismo año.

Por otra parte, se estima que desde su aparición y hasta 1992, el SIDA ha ocasionado al menos 206 211 APVPP en hombres y 29 793 en mujeres. Es decir, hasta 1992 ocasionó 236 004 APVPP en la población mexicana, cantidad que, a manera de ejemplo y con las consideraciones metodológicas señaladas en el párrafo anterior, equivaldría a un poco más de la población económicamente activa de 1990 del estado de Aguascalientes(13) (217 092) (cuadro I).



En el cuadro II se presenta la distribución de APVPP por ocupación y sexo. Cabe mencionar que en los APVPP no se contabilizan las defunciones de jubilados, puesto que ocurren después de los 65 años en hombres y los 60 en mujeres. Este indicador se refiere a la vida potencial que se tiene de desarrollar vida productiva y no necesariamente al hecho de estar incluido al presente en la población económicamente activa.



En un criterio extremo en el que no se incluya en el conteo de APVPP a los inactivos al momento del diagnóstico por SIDA (amas de casa, estudiantes, jubilados, pensionados e incapacitados), se calcula una esperanza de vida activa en México en 1990 entre 25 y 65 años de edad en 35.38 años para hombres y de 8.73 años en mujeres,* obteniendo un estimador de 214 792 APVPP en hombres y 8 372 APVPP en mujeres.

Discusión

Aun considerando la subnotificación en el reporte de casos de SIDA y en la mortalidad por este padecimiento, esta última se ha incrementado rápidamente, ocupando posiciones cada vez más importantes dentro de las 20 primeras causas de muerte para ambos sexos, en particular en los grupos de edad productiva. La incidencia de los casos notificados muestra un ligero aplanamiento en los años de 1992 y 1993, y los estimadores de mortalidad una desaceleración para estos mismos años. Esta situación podría estar relacionada con el uso de zidovudina, de otros antivirales o de terapéuticas profilácticas (contra tuberculosis, neumonía por Pneumocistis carinii, etc.) en pacientes asintomáticos, que podría retrasar el momento del diagnóstico de SIDA14 y, en el caso de pacientes ya diagnosticados, postergar la muerte. Las cifras antes expuestas deben considerarse como una subestimación de la mortalidad por SIDA. Sin embargo, su importancia radica en que pueden considerarse como valores mínimos de lo que está sucediendo en la realidad y, más que tomarlos como cifras puntuales, básicamente deberían utilizarse como indicadores para describir tendencias de la mortalidad por SIDA.



De acuerdo con las tendencias de mortalidad por causas específicas en los grupos de edad analizados, se puede señalar que el SIDA empieza a impactar aún más en el tipo de mortalidad prevaleciente en México provocando, al menos potencialmente a través del reemplazo de otras causas de muerte importantes, cambios en el patrón epidemiológico, sin contar los posibles efectos negativos en la mortalidad general vía la asociación tuberculosis-SIDA (aumento de epidemias secundarias de tuberculosis), la mayor incidencia de niños huérfanos con las consecuentes reducciones en sus probabilidades de sobrevida y, posiblemente, el mayor índice de suicidios. En cuanto a la mortalidad femenina por SIDA, el hecho de que haya alcanzado la misma relación hombre mujer que los casos notificados de SIDA a partir de 1988, podría significar menor sobrevida para los casos en mujeres y/o menor accesibilidad a los servicios de salud y, por tanto, el diagnóstico de SIDA más tardío en mujeres que en hombres.

Por otra parte, al comparar la curva de mortalidad por SIDA con la de casos acumulados (figura 2), destaca que de ocurrir de esta manera, el número acumulado de casos de esta enfermedad podría utilizarse como un predictor de lo que puede esperarse en cuanto a mortalidad por SIDA.

En los Estados Unidos de América (EUA) se presentan tasas de mortalidad más altas que en México para 1992 (52.8 vs 13.02 por 100 000 personas en población masculina de 25 a 44 años); tanto la incidencia de casos como la mortalidad muestran una forma semejante, aunque en niveles menores. Sin embargo, parecería que la epidemia mexicana está retrasada aproximadamente siete años con respecto a la norteamericana, y en un acercamiento simplista se presenta un ejemplo de lo que podría representar el futuro impacto de la epidemia del SIDA en México, pues la cifra de 2 555 defunciones para 1992 en el país corresponde a la de los EUA en 1984 (figura 3). El rápido ascenso de la mortalidad en México se asemeja a lo sucedido en los eua en cuanto al lugar ocupado entre las causas principales de muerte en hombres jóvenes, ya que ahora es la principal en hombres de 25 a 44 años (datos no presentados).15 Sin embargo, en México las dos principales causas de mortalidad presentan tasas específicas para el mismo grupo de edad mayores que las observadas en SIDA en los EUA para 1992: accidentes 83.2 y homicidios 59.0/100 000 en México y 52.8/100 000 para SIDA en EUA, lo cual hace que, aunado al retraso de la epidemia en México, el SIDA probablemente no sea la causa número uno de muerte en hombres de 25 a 34 años en el futuro inmediato, mientras la mortalidad por otras causas se mantenga en niveles elevados, en forma comparativa a otros países.



Respecto al análisis de los APVP y APVPP, cabe destacar la incidencia del SIDA en hombres trabajadores de servicios públicos y oficinistas, pues representan el 6.5% del total en el XI Censo General de Población y Vivienda 1990,13 mientras que constituyen el 15.8% de los casos de SIDA. Destaca asimismo la importancia económica que implica la pérdida de vidas jóvenes, particularmente sobrerrepresentando al personal altamente calificado, en especial los empleados administrativos y profesionales, ya que haciendo una comparación con los resultados del XI Censo General de Población y Vivienda, 1990,12 a este rubro corresponde el 1.5% de la población masculina de 12 años y más, contrastando con el 15.8% de casos de SIDA, en el cual se invirtieron recursos económicos de gran magnitud durante el tiempo de su formación y, siendo su vida productiva muy corta, no se compensa la inversión con lo producido. Aunado a estos problemas, está el impacto de índole social, debido a la pérdida de mujeres amas de casa que pueden dejar hijos desprotegidos, lo cual permite entrever otros costos (directos o indirectos) que se generan a partir de estas defunciones. El porcentaje de casos de SIDA en amas de casa es de 58.2%, el cual coincide con datos censales12 que muestran una proporción del 60% de las mujeres de 12 años y más que son amas de casa. El uso de un indicador económico restrictivo, en donde sólo se incluyan las personas económicamente activas al momento del diagnóstico de SIDA, subestima el número de años perdidos potencialmente productivos minimizados, por ejemplo, el valor económico de las amas de casa, con lo cual pierde significado el uso de este tipo de indicadores de mortalidad prematura. De acuerdo con la incidencia acumulada de casos de SIDA, es de esperarse que en los próximos años se dé el mayor impacto en la mortalidad por SIDA en México.

AGRADECIMIENTOS

Los autores agradecen a la doctora Sonia B. Fernández Cantón las facilidades otorgadas para consultar las bases de datos de mortalidad por SIDA, y al doctor José Luis Valdespino Gómez el acceso a las bases de datos de casos de SIDA.

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