Salud Pública de México

LA POBREZA EN MÉXICO. II. MAGNITUD (*)(*) Segunda parte de la ponencia presentada en el VI Congreso Nacional de Salud Pública, Cuernavaca, Morelos, México; 23 al 25 de enero de 1995.

LA POBREZA EN MÉXICO. II. MAGNITUD (*)(*) Segunda parte de la ponencia presentada en el VI Congreso Nacional de Salud Pública, Cuernavaca, Morelos, México; 23 al 25 de enero de 1995.

AUTORES


Julio Boltvinik, M. en E.(1)

(1) Centro de Estudios Sociológicos, El Colegio de México.

RESUMEN

Esta es la segunda parte de un trabajo sobre la evolución y magnitud de la pobreza en México. La aplicación del Método de Medición Integrada de la Pobreza, explicado en la primera parte, muestra una incidencia (H) de la pobreza del 70.6% y de la pobreza extrema del 44.7% en 1989. H es mayor por el método parcial de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) que por el de Línea de Pobreza y tiempo de trabajo (LPT). La intensidad (I) de la pobreza, o proporción de la brecha respecto de las normas es para el conjunto de pobres de 0.44 y de 0.58 para los pobres extremos. Tanto H como I son sustancialmente más altos en el medio rural que en el urbano. La pobreza por NBI es más intensa que la de LPT. Al desagregar el índice de NBI en sus componentes, las carencias más intensas se encuentran en atención a la salud y la seguridad social. Los cálculos del grado de pobreza (HI), el producto de la incidencia (H) con la intensidad (I), que es una guía adecuada para la asignación óptima de recursos de lucha contra la pobreza, muestran que a pesar de que hay un mayor número de personas pobres en el medio urbano, el número de pobres equivalentes sigue siendo mayor en el medio rural.

Palabras clave: pobreza; métodos; necesidades básicas; ingresos; México

ABSTRACT

This is the second part of a research report on the evolution and magnitude of poverty in Mexico. Application of the Integrated Poverty Measurement Method, explained in the first part of this report, shows a poverty headcount ratio (H) of 70.6% and an extreme poverty H of 44.7%. H turns out higher by the UBN (Unsatisfied Basic Needs) method than by the PLT (Poverty Line plus working time) approach. The poverty gap or poverty intensity (I), is for all poor 0.44 but reaches 0.58 for the extremely poor. Both H and I are substantially higher in the rural than in the urban areas. UBN poverty gap is bigger than the PLT gap. When UBN is disaggregated into its components, deprivation turns out the highest in health care and social security. Degree of poverty calculations (HI), the product of H and I, which constitute a good basis for antipoverty expenditures allocation, show that despite the fact that a larger number of poor persons live in the urban areas, the number of equivalent poor people is higher in the rural areas.


Key words: poverty; methods; basic needs; income; Mexico

Solicitud de sobretiros: Mtro. Julio Boltvinik. Centro de Estudios Sociológicos, El Colegio de México. Camino al Ajusco 20, colonia Pedregal de Santa Teresa, 01000 México, D.F.

Introducción

Esta es la segunda parte de un trabajo que trata sobre la evolución y magnitud de la pobreza en México. En la primera parte(1) se presentaron las metodologías utilizadas para hacer los cálculos de la evolución de la pobreza en México desde 1963 hasta 1992, con base en el método de Línea de Pobreza en su variante Canasta Normativa de Satisfactores Esenciales (LP-CNSE), y en el método de Medición Integrada de la Pobreza (MMIP), cuya aplicación sirve para presentar los cálculos de la magnitud de la pobreza en 1989, materia de esta segunda parte.

Se hicieron cálculos desagregados para cuatro tipos de localidad y para cinco regiones de carácter no contiguo cuya conformación se explicó en la primera parte.

Para cada uno de estos tipos de localidades y regiones, y para el total nacional, se obtuvo la población que pertenece a cada uno de los estratos en los que se clasificó a los hogares y a sus ocupantes, con base en cuatro opciones metodológicas: los métodos parciales de Línea de Pobreza- Tiempo (LPT) y de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), y las dos maneras dominantes de integrarlos: a través del Método de Medición Integrada de la Pobreza (MMIP) y de lo que se ha llamado el MMIP en su variante burda o matricial, que cruza ambos métodos parciales y, en principio, califica como pobres a los que se clasifican como tales en uno de ellos o en ambos (la unión de ambos conjuntos).

El MMIP unifica todas las dimensiones del bienestar en una medición única e integrada de la pobreza; por tanto, constituye la más adecuada de sus medidas. Las otras mediciones parciales, incluyendo la que se presentó en la primera parte de este trabajo, la LP-CNSE, así como el MMIP matricial, permiten desagregar el MMIP para entenderlo mejor; pero las cifras que establecen la magnitud de la pobreza en México son exclusivamente las del MMIP.

Incidencia de la pobreza y estratificación

De los 79 millones de personas que según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 89 poblaban el país en 1989, 55.9 millones -que conformaban 10.2 millones de hogares, y que representaban el 70.6% de la población nacional- eran pobres, y 35.4 millones, el 44.7%, eran pobres extremos. Al descomponer el grupo de los pobres extremos en los dos estratos que lo conforman, observamos que los indigentes -los peor situados- representaban el 29.4% de la población nacional (23.3 millones) y los muy pobres el 15.3% (12.1 millones)(*). Quedan entonces como pobres moderados, 20.5 millones, el 25.9% de la población nacional.

(*) Conviene notar que quedan clasificados como indigentes los hogares y personas que, en promedio, satisfacen menos de la mitad del conjunto de normas mínimas definidas por los dos métodos parciales; los muy pobres son los que satisfacen entre la mitad y menos de dos terceras partes de las normas, y los pobres moderados son los que satisfacen entre 2/3 y menos del 95% de las normas, nivel este último a partir del cual no se consideran pobres.

Los 23.3 millones de personas no pobres (el 29.4% de la población) han sido clasificadas en tres estratos de la siguiente manera: con satisfacción de necesidades básicas y de requerimientos de ingresos (SANBRI): 9.9 millones, el 12.5% de la población; en la clase media: 9 millones, el 11.4%; y en la clase alta: 4.4 millones, el 5.5% de los habitantes del país.(**)

(**) Los estratos se conformaron clasificando en SANBRI a los que tienen una I(MMIP) entre 0.05 y -0.09, es decir, alrededor de la norma, en la clase media cuando dicho indicador vale entre -0.1 y -0.49 y, por último, en la clase alta cuando el valor es menor que -0.5. La simetría entre este límite y el de los indigentes (0.5) debe interpretarse en el siguiente sentido: la clase alta comienza a partir de la mitad entre el valor de las normas y el valor máximo usado para la reescalación, y que se puede identificar conceptualmente como el punto arriba del cual no se puede aumentar el bienestar en la dimensión específica. De esta manera, el requisito mínimo de la clase alta es que se encuentre al menos a la mitad entre la norma y ese punto de máxima satisfacción. Los indigentes -simétricamente- están entre la mitad de la norma y la máxima insatisfacción posible.

La incidencia de la pobreza es significativamente más alta en el campo que en la ciudad: 85% vs 61.7%. Si se consideran los porcentajes de no pobres, se apreciará la enormidad del contraste: 38.3% en el urbano y sólo 15% en el rural, es decir, 2.55 veces más en el primero que en el segundo (cuadro I).

Un resultado sorpresivo es que la pobreza en las metrópolis (áreas urbanas con más de 500 000 habitantes) es más baja que en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM): 58.6% vs 61.4%, mientras que las ciudades menores de 500 000 habitantes muestran una incidencia global más alta: 63.6%.

Las diferencias urbano-rurales se hacen mayores si se toma en cuenta que el 61.8% de los habitantes rurales son pobres extremos (suma de indigentes y muy pobres), mientras el porcentaje urbano es un poco más de la mitad de aquél: 34.1%. En la proporción de indigentes, el contraste es todavía más fuerte: en el medio rural el 45.7% se encuentra en esta situación, mientras en las ciudades la cifra correspondiente es 2.5 veces más baja: 19.3%. En el otro extremo de la escala social, los contrastes son todavía más agudos. En la clase media el porcentaje urbano es 2.7 veces mayor que el rural: 15% vs 5.6%, y en la clase alta la proporción es 3.5 veces mayor: 7.6% vs 2.2% (cuadro I).



Mientras en el medio rural (baja densidad) habita el 38.2% de la población del país, el 46% de los pobres vive ahí. En contraste, el medio urbano participa en la población nacional con el 61.8% y en el total de pobres con el 54%. Las diferencias se acentúan cuando se analizan los extremos de la pirámide social: habitan en el medio rural el 59.4% de los indigentes y el 52.8% de los pobres extremos, y sólo el 15.3% de la clase alta y el 18.8% de la clase media.

En las áreas urbanas mayores, que constituyen el contexto geográfico mejor situado, vive el 14.4% de la población nacional, el 12% de los pobres, sólo el 7.3% de los indigentes y el 20.5% de la clase media. La ZMCM participa en la población con el 20.1% más que proporcionalmente entre la clase alta con el 30.8% y menos que proporcionalmente entre los indigentes con el 11.6%. Sin embargo, como consecuencia de participaciones más que proporcionales entre los muy pobres y los pobres moderados (21.2% y 21.9%) su participación en el total de los pobres no queda muy por debajo de su proporción en la población total: 17.5%.

Pasando al análisis de las cinco regiones formadas para tal efecto, se observa primero que el porcentaje de población en pobreza extrema, con base en el MMIP, aumenta a medida que se pasa de la Región I (29.9%) a la V (66.8%). Al analizar la proporción de indigentes en las cinco regiones se aprecia que este estrato explica prácticamente la totalidad de las diferencias interregionales en la incidencia de la pobreza extrema y más del 100% de las de la pobreza en su conjunto. Se aprecian cuatro niveles de incidencia general de la pobreza en las regiones. Por una parte, dos niveles urbanos, el de la Región I, 56.6% (14 puntos porcentuales por debajo del promedio nacional) y el de las otras dos regiones urbanas, 65%, ligeramente por debajo del promedio nacional. Se aprecian dos niveles rurales claramente contrastantes (77.2% en la IV y 88.7% en la V), con diferencia de 11.5 puntos porcentuales entre ellas. Aunque las dos se encuentran por arriba de la media nacional, la Región IV sólo la supera por 6.6 puntos, mientras que la Región V se sitúa casi a una triple distancia: 18.1 puntos por arriba (cuadro I).

Las tres regiones urbanas tienen participaciones similares en el total de pobres (entre 17 y 19.5%). En contraste, las dos regiones rurales -que son muy desiguales tanto en población como en incidencia de la pobreza- tienen participaciones muy disímbolas: en la Región V vive casi la tercera parte de los pobres del país y en la IV sólo el 13.5%. En la región V habitan el 38.7% de los pobres extremos y el 45.1% de los indigentes. Los pobres moderados se localizan más en las dos regiones urbanas mejor situadas (en las que habita cerca de la mitad de ellos: el 47.6%), aunque seguidas muy de cerca nuevamente por la Región V.

INCIDENCIA DE LA POBREZA Y ESTRATIFICACION POR LOS METODOS PARCIALES Y POR LA VERSION MATRICIAL DEL MMIP

El porcentaje de población pobre por NBI, tanto a nivel nacional como urbano y rural, es sustancialmente más alto que el de LPT. La diferencia para el país en su conjunto es de casi 18 puntos porcentuales: 76.8% vs 58.9% (cuadro II primera sección). En términos de número de personas, esta diferencia es de 14.2 millones, 60.8 millones contra 46.6 millones.




Los pobres extremos por NBI representan el 71.6% de los pobres por ese método, mientras que la cifra respectiva por LPT es muy similar: 70.1%. En cuanto a la proporción de indigentes, ésta es también ligeramente mayor por NBI que por LPT: 50.4% vs 49.6% (cuadro II, última sección).

Con el MMIP "matricial" los pobres resultan ser el 80.6% de la población nacional, 10 puntos porcentuales más que con el MMIP "promedial". El 55.1% de la población es pobre por ambos métodos parciales (LPT y NBI), es decir, padece simultáneamente las carencias que se detectan por ambos procedimientos: constituye el universo de pobres "totales". Existe una gran asimetría en cuanto a las pobrezas parciales. Una proporción muy importante de la población es pobre sólo por NBI: 21.7%, mientras que la pobreza sólo por LPT es casi una rareza: 3.8%(*) (cuadro II primera sección).

Al igual que a nivel nacional, en el medio rural la incidencia por LPT es menor que por NBI: 71.4% vs 91.6%, una diferencia de más de 20 puntos porcentuales. En el medio urbano la pobreza por LPT es de 51.1%, mientras la de NBI la supera en casi 17 puntos porcentuales: 67.7%. Como se aprecia, en ambos contextos la diferencia es similar (cuadro II primera sección). En el medio rural la inmensa mayoría de los pobres por NBI (85.1%) son pobres extremos y más de las dos terceras partes son indigentes (69%). Este grado de concentración tan alto en los niveles más agudos de la pobreza no se presenta en la pobreza por ingresos-tiempo, ni en el medio urbano. Los pobres extremos por LPT en el medio rural representan las tres cuartas partes de los pobres rurales, y los indigentes el 57.9% (cuadro II, última sección).

En las ciudades, la proporción de pobres que califican como extremos es más baja en ambas dimensiones que en el campo, pero además se invierte y es más alta por LPT (65.4%) que por NBI (60.4%). Lo mismo pasa con respecto a los indigentes urbanos, que representan el 42.5% de los pobres por LPT y 34.8% por NBI. Sin embargo, dada la mayor incidencia de la pobreza por NBI, el número absoluto de pobres extremos e indigentes urbanos es más alto por NBI que por LPT: 20 y 11.5 millones vs 16.4 y 10.6 millones, respectivamente.

La pobreza que el MMIP matricial identifica es de 93% en el medio rural y 73% en el urbano. El 45.8% es pobre total en el medio urbano, mientras en el rural llega al 70%. El contraste en la proporción de no pobres es enorme: 7% vs 27%, casi cuatro veces. En ambos medios poco más de la quinta parte son pobres sólo por NBI.

Los resultados de incidencia de la pobreza obtenidos hasta ahora muestran que, de los diferentes cálculos, el más alto está dado por el MMIP matricial, 80.6%; el método de NBI viene en segundo lugar, con 76.8%; en tercero el MMIP con 70.6% y, por último, con la estimación más baja el de LPT, con 58.9% (cuadro II, primera sección).

La incidencia de la pobreza por NBI es más alta que la de LPT en todos los contextos geográficos. Ambas medidas de la pobreza aumentan de manera consistente a medida que se pasa de la región I a la V. Igualmente, las ciudades de más de 500 000 habitantes tienen una mejor situación que la ZMCM en ambas dimensiones y prácticamente en todos los parámetros, y ambas están -a su vez- mejor que las ciudades de menos de 500 000 habitantes. Al igual que los pobres, los pobres extremos y los indigentes en ambas dimensiones se han denominado pobres extremos totales e indigentes totales. A nivel nacional, el 55.1% de la población vive en pobreza total, el 32.4% en pobreza extrema total y el 19.3% en indigencia total. Estas proporciones son más bajas en los ámbitos urbanos que en los rurales. En la Región V, la más pobre, estas proporciones son de 74.8%, 54.1% y 38.2%. El ámbito mejor situado, las zonas urbanas de más de 500 000 habitantes, tienen en las mismas categorías el 41.5%, el 17% y el 6.8%. Como se ve, el contraste más fuerte está en la indigencia total, donde el primer dato es 5.6 veces más grande que el segundo, mientras en pobreza total el contraste es de 1.8 a 1 (cuadro II, primera sección).

Intensidad de la pobreza

La intensidad de la pobreza para el conjunto de los pobres por el MMIP (0.44) resulta de la combinación entre las dos intensidades parciales, de las cuales es bastante más alta la de NBI que la de LPT: 0.51 vs 0.40. Esta diferencia radica en que la I (LPT) de los pobres moderados por el MMIP es muy cercana a la norma: (0.08), en agudo contraste con la I (NBI) del mismo estrato, que es muy alta, casi cinco veces más: 0.38. Entre los muy pobres la diferencia entre ambas intensidades parciales es mucho menor y en los indigentes la situación se invierte, siendo la I (LPT) la más alta (0.67 vs 0.64). Para el conjunto de los pobres extremos, la intensidad de la pobreza es igual por ambos métodos: 0.58 (cuadro III).




La pregunta que el análisis de I intenta responder es ¨qué tan pobres son los pobres? La respuesta sintética significa que, en promedio, los pobres del país tienen una brecha del 44% del conjunto de las normas, o de otro modo, que sólo cumplen con el 56% de ellas. Nuestro pobre promedio sería considerado como muy pobre y, dentro de este estrato, más cerca del indigente que del moderado. Su valor promedio en I (NBI): 0.51, lo clasificaría como indigente, mientras que su indicador de LPT (0.40) lo ubicaría entre los muy pobres.

Los indigentes por el MMIP tienen una I (LPT) de 0.67, que significa que su ingreso -una vez ajustado, en su caso, por el exceso de trabajo- es la tercera parte del ingreso de la línea de pobreza, y menos de la mitad (46.5%) de la línea de pobreza extrema, lo que refleja una situación insostenible, incluso desde el punto de vista nutricional. Lamentablemente, en esta situación está el 29.4% de los habitantes del país. La condición de vida de los indigentes, que se captura sintéticamente con una I (MMIP) de 0.66 es, sin duda, una situación de miseria abismal (cuadro III).

Los muy pobres son un grupo de menor tamaño (15.3% de la población nacional) y con niveles de intensidad de la pobreza que están sólo un poco abajo de 0.5. En ingresos-tiempo cubren el 60% de los requerimientos, por debajo de la línea de pobreza extrema, pero muy cerca de ella. En NBI están muy cerca de la mitad de las normas, a sólo cuatro centésimas de la indigencia en la dimensión (cuadro III).

Conjuntamente muy pobres e indigentes constituyen el grupo de los pobres extremos, que representan el 44.7% de la población nacional y cuya situación promedio es dramática: dejan de cubrir casi el 60% de sus requerimientos de ingresos y de satisfactores específicos (58%). Se trata de cerca de la mitad de la población, que vive con dos quintas partes de los satisfactores básicos.

Los pobres moderados, un poco más de la cuarta parte de la población nacional (25.9%), logran ingresos muy cercanos a la línea de pobreza, pero tienen carencias significativas por NBI (que los calificarían como muy pobres en esa dimensión).

Los no pobres muestran, coherentemente, indicadores de carencia negativos. El grupo en su conjunto tiene una I (MMIP) de -0.24, que resulta de -0.03 en I (NBI) y de -0.36 en I (LPT), denotando la segunda una carencia negativa doce veces menor, o bienestar doce veces mayor, que la primera.

La intensidad de la pobreza es sustancialmente más alta en el medio rural que en el urbano con cualquiera de nuestras dos medidas parciales y con la integrada. El contraste más agudo se presenta en NBI: la I (NBI) rural (del conjunto de pobres identificados por el MMIP) es casi 50% más alta que la urbana: 0.61 vs 0.42; mientras la diferencia en las intensidades de la pobreza por LPT es mucho menor, alrededor del 20%: 0.43 vs 0.36. Como resultado I (MMIP) es 0.5 en el medio rural y 0.39 en el urbano, una diferencia del 28% (cuadro II, segunda sección).

La intensidad de la pobreza aumenta de 0.37 a 0.52 a medida que se pasa de la Región I, la menos pobre, a la V, la más pobre. En cuanto a los tamaños de localidades, se observa en I (MMIP) el mismo patrón que para H (MMIP): la intensidad más baja se ubica en las metrópolis de más de 500 000 habitantes, 0.35, seguida por la ZMCM con 0.37 y por las ciudades menores con 0.41. El medio rural, como ya se había señalado, llega a 0.50 (cuadro II).

DESCOMPOSICION DE LOS INDICES DE NBI Y DE LPT. PERFIL DE CARENCIAS

El procedimiento para obtener I (NBI), es una media ponderada de los siguientes indicadores de carencia. Su ponderador, que se basa en costos, se indica al final entre paréntesis:

CCEV Carencia en la calidad y espacios de la vivienda. Indicador que a su vez es igual a uno menos el producto del indicador de carencia en la calidad (materiales de construcción) ACV, y el de adecuación del espacio multidimensional de la vivienda: AEV.(*) Su ponderador es el más alto (0.325).

CS Carencia sanitaria (agua, drenaje y baño) (0.037)

COTS Carencia en otros servicios (electricidad y teléfono) (0.06)

CBD Carencia de bienes durables o indicador de patrimonio (0.058)

RE Rezago educativo del hogar (alfabetismo y nivel de instrucción) (0.237)

CASS Carencia en atención a la salud y seguridad social (0.282)

(*) Los indicadores de carencia respectivos (CCV y HMD) se obtienen restando los de logro de la unidad. La combinación de estos indicadores vía el producto -la conceptualmente correcta para características estrictamente complementarias- genera, sin embargo, valores de CCEV más altos. En el cuadro IV se valoran dos mecánicas distintas de combinación-ponderación de los indicadores parciales, para obtener I(NBI) en los cuales ACV y AEV o CCV y HMD se combinan vía aritmética.

Los ponderadores utilizados se obtuvieron del costo que, al mes de junio de 1989, representaban estos rubros, lo que se obtuvo actualizando los costos de la CNSE elaborada en la Coordinación General del Plan Nacional de Zonas Deprimidas y Grupos Marginados (COPLAMAR).(**)

(**) Véase la primera parte de este trabajo para una explicación somera de la CNSE.1

En el medio rural, la intensidad de la pobreza por NBI -que ha sido denotada en el cuadro IV como I-1 para distinguirla de dos cálculos opcionales que después se presentan- para el conjunto de los pobres identificados por este procedimiento, es 0.59. Esto califica al pobre rural promedio como indigente. Los tres indicadores sectoriales de carencia con ponderadores más importantes tienen los siguientes valores: CCEV: 0.65; RE: 0.47; y CASS: 0.73. En los indicadores de menor peso, los valores promedio para los pobres rurales son: CS (servicios sanitarios): 0.65; COTS: 0.14; y CBD: 0.48. Salvo electricidad, donde la carencia es baja, el rango de los demás indicadores está entre 0.47 (educación), como la menos intensa de las carencias y 0.73, acceso a la salud, como la más intensa. Estos contrastes muestran la desigualdad en el grado de insatisfacción entre necesidades. Salvo electricidad, todas las necesidades se encuentran a un nivel de carencia aguda; CCEV, CASS y CS a nivel de indigencia; re y CBD al nivel de muy pobres y el valor medio resultante, I (NBI), también a nivel de indigencia. Por ello, no resulta decisivo, para los cálculos de pobreza por NBI en el medio rural, el sistema de ponderación que se utilice (cuadro IV).




Para los pobres por NBI en el medio urbano el valor promedio de I (NBI) es de 0.42, 17 puntos menos que en el rural, con lo cual el pobre promedio urbano por NBI calificaría como muy pobre en esta dimensión. Los tres componentes de gran peso arrojan los valores siguientes: CCEV, 0.52, 13 centésimas menos que en el medio rural, pero 10 centésimas por arriba de su propia I (NBI) media y a un nivel de indigencia; re, 0.24, 23 centésimas menos que en el medio rural -prácticamente la mitad- y muy por abajo de la I (NBI), a un nivel de pobreza moderada; CASS, 0.60, el indicador de acceso a la salud está, en cambio, muy por arriba del promedio -en plena indigencia- y solamente trece centésimas abajo del valor del medio rural. Los valores de los otros tres indicadores de menor peso son: CS, 0.17, un poco más de la cuarta parte del 0.65 del medio rural y muy por abajo de su propia media, a nivel de pobreza moderada; COTS que aquí incluye teléfono privado para las ciudades de más de 500 000 habitantes, tiene un valor de 0.24, muy por arriba del rural, por la diferencia en el requerimiento, pero todavía a nivel de pobreza moderada; CBD, el indicador de patrimonio durable, coloca al promedio de hogares pobres casi en la norma, con un sorprendente 0.07, que correspondería al estrato global de NBS (necesidades básicas satisfechas) (cuadro IV).

La variabilidad de los indicadores medios del conjunto de los pobres es mayor en el medio urbano que en el rural. Incluso si se elimina el caso más desviado, como se hizo en el medio rural con otros servicios, el rango restante va desde 0.17 hasta 0.60, 43 puntos, mientras que en el medio rural es de sólo 26 puntos. Pero además, la variabilidad entre los tres indicadores que han recibido las ponderaciones altas es mayor en el medio urbano: desde 0.24 en educación hasta 0.60 en acceso a salud, mientras en el rural la variación es de 0.47 en educación a 0.73 en salud (36 puntos contra 26). Por esto el índice es más sensible a los ponderadores en el medio urbano como lo muestran los valores alternativos I-3 e I-2 en el cuadro IV.

La integración de los indicadores de ingresos y tiempo, se deriva de la inclusión del tiempo libre o disponible como una de las fuentes de bienestar del hogar. El tiempo de trabajo extra doméstico se interpreta como el complemento del libre y la presencia de sobretrabajo (subtrabajo) se considera como un posible síntoma de insuficiencia (excedente) de la fuente de bienestar tiempo libre. Sin embargo, sólo se juzga la combinación ingresos-tiempo. Lo que se hace es calcular el ingreso que el hogar tendría si su tiempo de trabajo se ajustara a la norma, considerándose la corrección por subtrabajo sólo cuando el ingreso es mayor que la línea de pobreza. La corrección por sobretrabajo, en cambio, se lleva a cabo en todos los casos. Es el ingreso corregido, en su caso, el que se compara con la línea de pobreza para obtener I (LPT) H (LPT). En la definición de la norma de trabajo extradoméstico, se toman en cuenta los requerimientos variables por hogar de trabajo doméstico y estudio. CY es el indicador de carencia por ingresos antes de tomar en cuenta el tiempo. ET indica sobretrabajo cuando vale más de 1.0 y subtrabajo cuando vale menos de 1.0.

Al combinar la dimensión de ingresos con la de tiempo de trabajo (ET), la incidencia de la pobreza pasa del 56.6% con ingresos solamente, H (LP), a 58.9% con ingresos-tiempo H (LPT). El aumento ocurre tanto en el medio urbano como en el rural, pero en mayor medida en el primero, donde aumenta 2.7 puntos porcentuales vs 1.7 puntos en el segundo. Por estratos, todo el incremento ocurre entre los indigentes, que aumentan de 26.9% a 29.2% de la población nacional.

ET no sólo modifica la estructura de la estratificación, la forma de la pirámide social, sino que afecta también la intensidad de la pobreza o del bienestar. Si al 56.6% de la población nacional considerada como pobre por ingresos corresponde una I (LP) de 0.45, al 58.9% identificado por ingresos-tiempo corresponde una I (LPT) de 0.49. Es decir, no sólo aumenta el número de pobres, sino que éstos aumentan en pobreza.

Esto ocurre en ambos medios (urbano y rural), aunque en mayor medida en el primero. Además, el aumento de la intensidad ocurre en todos los estratos de pobres urbanos, rurales y nacionales, independientemente de que la H respectiva haya o no aumentado. Entre los no pobres, que tienen una CY negativa, indicando que sus ingresos están por arriba de la línea de pobreza, y cuyo número se vio disminuido, aumenta el bienestar que los valores negativos de CY y de I (LPT) denotan. Para el conjunto de los no pobres a nivel nacional, el cambio es de -0.19 a -0.28, resultado de incrementos similares entre el medio urbano (de -0.21 a -0.29) y el rural (de -0.15 a -0.23). Los cambios más dramáticos, sin embargo, se presentan -al igual que en materia de incidencia- entre la clase alta, que resulta así no sólo más numerosa sino en condiciones de bienestar más elevadas. En efecto, para la clase alta en su conjunto, que creció del 4 al 7.9%, el nivel de carencia negativa (bienestar) pasó de -0.50 a -0.89. El fenómeno mostró un comportamiento similar tanto en el campo como en las ciudades, aunque mucho más marcado en el primero, donde casi se triplicó, al pasar de -0.38 a -0.86 para una clase alta que se vio multiplicada por 2.7, al pasar de 1.7% a 4.6%. El método LPT, que modifica al LP, pone al descubierto desigualdades sociales que aquél desconoce y que muestran una sociedad más polarizada, incluso sin tomar en cuenta todavía los indicadores de NBI.

De todos los indicadores NBI, el que muestra una mayor desigualdad es el de salud y seguridad social, CASS. Tanto en el medio urbano como en el rural, varía desde más de 0.9 entre los indigentes, hasta -0.95 en la clase alta. Entre los estratos de pobres el contraste en los valores de CASS es tajante: los indigentes por NBI, 0.92 en el medio rural y 0.94 en el urbano; los muy pobres, 0.47 en el rural y 0.66 en el urbano, y los pobres moderados 0.17 en el rural y 0.25 en el urbano -caso excepcional en que todos los estratos están peor en el medio urbano que en el rural. Vale la pena destacar la variación muy fuerte entre los pobres: desde 0.9 a alrededor de 0.2 en el indicador.

En otros indicadores, las variaciones entre estratos de pobres son menos marcadas que en el CASS, pero aun así muy importantes: el rezago educativo de los indigentes rurales (0.54) es más de cinco veces más alto que el de los pobres moderados urbanos (0.10). En hacinamiento, los contrastes dentro de los estratos de pobres son menos notables (tres veces): de 0.60 entre los indigentes urbanos a 0.19 entre los pobres moderados rurales (cuadro IV).

EL INDICE P1, LOS POBRES EQUIVALENTES Y LAS PRIORIDADES PARA LA ASIGNACION DE RECURSOS

Al combinar multiplicativamente los índices de incidencia (H= q/n) e intensidad (I), se obtiene el índice HI= I(q/n), donde q es el número de pobres y n la población total, al que se le conoce como índice de pobreza o P1 y que aquí se llama grado de pobreza. El producto qI, que aquí se denomina pobres equivalentes, indica un número de pobres al 100% de carencias.

El índice P1 o HI permite comparar áreas geográficas de diversos tamaños en términos de su grado de pobreza, mientras que el de pobres equivalentes permite conocer la participación de un área en el total de pobres equivalentes del país. El primero permite definir asignaciones per cápita óptimas, mientras que el segundo hace posible cuantificar las asignaciones totales óptimas por áreas para los programas de lucha contra la pobreza.(*)

(*) Existen otros índices, como el de Sen2 y el de Foster, Greer y Thorbecke,3 que además de HI toman en cuenta las desigualdades entre los pobres, otorgándole un mayor peso a una unidad de carencia cuando quien la padece es más pobre. De éstos se derivaría otra asignación óptima diferente. Rebasa los límites de este trabajo la discusión sobre las virtudes y limitaciones de ambos.

El grado de pobreza rural es casi el doble del urbano. Esto se sintetiza en los HI respectivos para la suma de pobres: 0.24 en el medio urbano y 0.42 en el rural, de los cuales resulta el promedio nacional: 0.31. Estos valores son indicativos de los que aquí se llaman pobres equivalentes per cápita. Por cada persona que habita en el medio rural mexicano hay 0.42 pobres al 100%, 0.24 por cada habitante urbano y 0.31 por cada poblador del país.

En las posiciones extremas se ubican las localidades urbanas de más de 500 000 habitantes, cuyos pobres tienen la HI más baja: 0.21, mientras la más alta se encuentra en la Región V (rural de muy alta pobreza) que alcanza 0.46, 2.2 veces mayor que aquélla.

El número total de pobres equivalentes en el país es de 24.4 millones. De éstos, 62.8%, 15.3 millones, son indigentes; 21%, 5.1 millones, son muy pobres; la suma de estos dos estratos -a la que se ha llamado pobreza extrema- resulta en 20.4 millones de pobres equivalentes, que representan el 83.7% del total nacional. El resto, 4 millones de pobres equivalentes, el 16.3% del total nacional, está representado por los pobres moderados. La primera conclusión de este análisis es que, aunque en número de personas los pobres extremos son menos de las dos terceras partes de los pobres (63.3%), representan más de las cuatro quintas partes de la pobreza nacional (en el sentido de masa carencial). A su vez, los indigentes representan casi las dos terceras partes de los pobres equivalentes (62.8%), cuando en proporción de personas son el 41.6%.

En las áreas rurales los indigentes representan el 72.6% de la pobreza equivalente total, mientras que en el medio urbano la cifra respectiva es 20 puntos menor: 51.9%. En contraste, las participaciones de los muy pobres y de los pobres moderados son correspondientemente más importantes en el medio urbano: 26.3% y 21.7% vs 16.1% y 11.3% en el rural. Los casos extremos están representados por la Región V, donde los indigentes son las tres cuartas partes de los pobres equivalentes y los pobres extremos prácticamente el 90% y, en el otro polo, las áreas urbanas de más de 500 000 habitantes, donde los pobres moderados representan más de la cuarta parte y los muy pobres casi el 30% de la pobreza equivalente, de tal manera que entre ambos constituyen más del 55%. En estas ciudades, y esto constituye la segunda conclusión, al igual que en la ZMCM y en las regiones I y II, los pobres no indigentes (muy pobres y pobres moderados) representan más de la mitad de la pobreza equivalente. En ellas es particularmente importante el estrato de muy pobres, que representa cerca del 30% de la masa carencial.

Al convertir los pobres en pobres equivalentes, el área rural muestra que, a pesar de que el 62% de la población del país se ubica en el medio urbano -alta densidad según la ENIGH 89-, la mayor parte de la pobreza equivalente se encontraba en el medio rural: 52.4% vs 47.6% del urbano, y mayor proporción todavía si se considera solamente a los indigentes, masa carencial de la cual poco más del 60% está en el medio rural. Altamente significativa es la participación de la Región V en el total de pobres equivalentes: 38.7% del total y 46.5% de los correspondientes a la indigencia, todo ello en un área del país en la que habitaba la cuarta parte de la población nacional.

La Región V, en donde habita el 67.7% de la población rural, cuenta con el 74.4% de la pobreza rural equivalente. En el medio urbano, al desagregar por tamaños de localidad, la ZMCM, con 3.6 millones de pobres equivalentes, tiene el 30.9% del total urbano, mientras que las áreas de más de 500 000 habitantes y las de menos de esta población, que tienen 2.4 y 5.7 millones de pobres equivalentes, cuentan con el 20.2% y 48.8% del total urbano que asciende a 11.6 millones. Una tercera conclusión de este análisis es la gran importancia que, dentro de la pobreza urbana, representan las localidades menores de 500 000 habitantes: prácticamente la mitad de la pobreza equivalente urbana.

La asignación óptima de los recursos de lucha contra la pobreza, tanto en el territorio como entre grupos de pobres y entre necesidades específicas, se alcanza cuando se iguala el "gasto" por pobre equivalente. De esta manera la asignación óptima del gasto supondría, por ejemplo, asignar más de la tercera parte del total (34.7%) a los pobres extremos de la Región V y sólo el 3.9% a los pobres moderados de la Región I.

El aporte de I (LPT) y de I (NBI) al I (MMIP) del conjunto de todos los pobres y, consecuentemente, al número de pobres equivalentes, es de 56.7% para el primero y 43.3% para el segundo. Es decir, el número de pobres equivalentes por LPT es de 13.8 millones y el de NBI de 10.6 millones, los que suman la cifra de 24.4 que constituye el total de pobres equivalentes del país (cuadro V).




En términos del total de pobres equivalentes por el MMIP, los 24.4 millones de pobres equivalentes se componen en casi 17% por las carencias de acceso a la salud y a la seguridad social (CASS: 4.1 millones), en 16% por las carencias de vivienda (CCEV: 3.9 millones), en 6.9% por las educativas (re: 1.7 millones), explicando entre las tres el 39.7% de la pobreza equivalente por el MMIP y el 91.5% de la pobreza equivalente por NBI: 9.7 millones de pobres equivalentes. El resto de los indicadores de NBI, como resultado sobre todo de sus bajos ponderadores, representan sólo el 3.6% de la pobreza equivalente nacional: 0.9 millones de pobres equivalentes.

Aun cuando se pueda poner en duda la corrección de los ponderadores, lo que resulta evidente es que si se quiere combatir la pobreza, las prioridades son en el siguiente orden: ingresos, salud y seguridad social, vivienda y educación; aspectos como agua y drenaje, electricidad y teléfono quedan con una importancia mucho menor. Las modificaciones que razonablemente se podrían hacer a estos ponderadores -como las alternativas de ponderación que se presentan en el cuadro IV- no modificarían este orden.

En términos del criterio de igualar el gasto por pobre equivalente, las siguientes son las asignaciones temáticas óptimas del gasto de lucha contra la pobreza a nivel nacional y para el conjunto de pobres: ingresos-tiempo: 56.7%; salud y seguridad social: 16.7%; vivienda: 16%; educación: 6.9%; bienes durables para el hogar: 1.4%; agua, drenaje y excusado (CS): 1.3%; electricidad y teléfono: 1%. Las asignaciones óptimas de gasto para los pobres moderados son sustancialmente distintas: 74% a NBI y 26% a LPT, estrato en el cual dos necesidades representan prácticamente el 60% de la pobreza equivalente total: CASS (31.8%) y CCEV (27.9%).

Con base en los datos del cuadro V puede hacerse el mismo ejercicio para cada uno de los estratos de pobreza. Igualmente, el análisis puede replicarse para los medios rural y urbano y desagregarse por tamaños de localidad y por regiones. Por último, puede combinarse el análisis por estratos con el de necesidades específicas, de tal manera que se pueda conocer, por ejemplo, la aportación que la pobreza equivalente por rezagos educativos de los indigentes representa comparada con la pobreza equivalente que, en total, se origina en los rezagos educativos.

Bibliografía

1. Boltvinik J. La pobreza en México. I. Metodologías y evolución. Salud Publica Mex 1995; 37(4):288-297.
2. Sen AK. Sobre conceptos y medidas de pobreza. Comercio Exterior 1992; 42(4):310-322.
3. Foster J, Greer AJ, Thorbecke E. A class of decomposable poverty measures. Econometrica 1984; 52(3).

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