Salud Pública de México

LAS ACTITUDES HACIA LA INVESTIGACION Y EL APRENDIZAJE EN ESTUDIANTES DE MEDICINA, UNAM: 1984-1994

LAS ACTITUDES HACIA LA INVESTIGACION Y EL APRENDIZAJE EN ESTUDIANTES DE MEDICINA, UNAM: 1984-1994

AUTORES


David Nobigrot-Kleinman, M.C.(1) Moisés Nobigrot-Streimbleinsky, M.C. Silvia C. Galván-Huerta, M. en C.(2)

(1) Hospital Infantil de México.
(2) Investigadora, Instituto de Investigaciones Biomédicas, Universidad Nacional Autónoma de México.

RESUMEN

Se trata de evaluar la tendencia, después de un periodo de 10 años, de las actitudes hacia la investigación y hacia el aprendizaje asumidas por estudiantes de medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, y de analizar el posible papel de las experiencias obtenidas durante la formación escolar relacionadas con tales actitudes. Los resultados indican que los cuatro grupos de estudiantes de nuevo ingreso y de cuarto y quinto años (1984 y 1994) mostraron predisposiciones hacia la investigación y hacia el aprendizaje ligeramente positivas. No se identificaron cambios significativos en las actitudes de los estudiantes después de 10 años, ni entre los grupos de estudiantes que ingresan a la facultad y los que inician la práctica clínica. Existe una correlación significativa entre los dos factores actitudinales. Se discuten explicaciones posibles para estos resultados y se proponen acciones para coadyuvar a la promoción de actitudes más positivas respecto de la investigación y el aprendizaje.

Palabras clave: actitud; evaluación; aprendizaje; investigación; educación; México

ABSTRACT

This study evaluates, after a 10-year period, the attitudes of medical students towards research and learning at the National University of Mexico (UNAM), and tries to determine the role that experiences obtained during academic years could play in orienting these attitudes. Results indicate that all four groups of participant students, -1st and 4th- 5th grades, in 1984 and in 1994- show slightly positive attitudes towards research and learning. No significant attitude changes were observed after the 10-year period in students who enter medical school nor in those who begin clinical practice. Besides, it was found a significant correlation between these two attitudinal factors. Some possible explanations for these results are discussed, as well as some steps that could help to promote positive attitudes towards research and learning.

Key words: attitude; evaluation; learning; research; education; Mexico


Solicitud de sobretiros: M. en C. Silvia C. Galván. Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM. Ciudad Universitaria, 04510 México, D.F.

Introducción

El Plan Unico de Estudios de la Carrera de Médico Cirujano en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), vigente desde agosto de 1993, incluye como parte de su misión, en el ámbito de los compromisos sociales "colaborar en la preparación de investigadores en el campo de las ciencias médicas" y "...contribuir a incrementar las aportaciones de la medicina mexicana al conocimiento universal"; además, "...inducir en el estudiante una conciencia clara de sus necesidades de actualización permanente y educación continua"; y "...que los estudiantes adquieran los conocimientos científicos más avanzados para responder a las necesidades de la sociedad mexicana". De aquí que el perfil del egresado implique un individuo que disponga de conocimientos sólidos que le permitan utilizar la metodología científica como herramienta de su práctica habitual y que posea una actitud permanente de búsqueda de nuevos conocimientos. Entre los criterios educativos el Plan propone: "Desarrollar el hábito de estudio individual...", y "Propiciar la adquisición de habilidades, valores y actitudes en forma similar a la adquisición de conocimientos".1

El anterior es un ejemplo reciente del énfasis que en los curricula se asigna a la formación científica y al desarrollo de la búsqueda del conocimiento en los estudiantes de medicina y, en este contexto, parece necesario señalar la relevancia de la predisposición positiva o actitud de los educandos en el logro de dichas metas.

La actitud se define como la predisposición para aceptar o no un objeto (objeto actitudinal); por ende la formación científica y la búsqueda continua del conocimiento dependen, en gran medida, de la propia inclinación del educando hacia el quehacer y el producto de la ciencia, y hacia el aprendizaje.

La promoción de predisposiciones positivas hacia la investigación y hacia el aprendizaje son objetivos implícitos o explícitos en diversos proyectos curriculares,2,3 y la evaluación de las actitudes deseables puede conducir al diagnóstico que fundamente su aceptación o, en caso contrario, que permita proponer estrategias para remediar las actitudes no deseables.

En el contexto educativo, la importancia de actitudes positivas relacionadas con la investigación y el aprendizaje se ha señalado desde tiempo atrás por autores como Fraser4 y Woolnough5 y más recientemente ha sido reconsiderada por diversos autores.6-11 Se acepta que el desarrollo de estas predisposiciones permite al estudiante lograr una mejor comprensión de la naturaleza del proceso científico, porque se compromete con los problemas como lo hace el investigador.

Dado que la conducta depende de las predisposiciones, una actitud positiva hacia la investigación propiciará que los problemas se aborden sistemáticamente y que la información y las ideas se evalúen en forma crítica, lo que en consecuencia dará a los individuos mayores oportunidades de alcanzar mejores soluciones.

Otra implicación importante de la adquisición de estas actitudes por parte de los estudiantes se refiere a su desarrollo personal.4,5,12 El estudiante llega a mostrar más interés en la búsqueda sistemática y organizada de soluciones a los problemas cotidianos que se le presentan, mayor tolerancia hacia otros puntos de vista y menor tendencia hacia la aceptación de conclusiones erróneas, al transferir esas actitudes a situaciones de la vida diaria.13

En la actualidad la evaluación educativa integral es una preocupación fundamental y son numerosos los esfuerzos, por parte de los evaluadores, para obtener datos más objetivos sobre las ejecuciones de los educandos. Ello ha fructificado en la forma de escalas o técnicas más válidas y confiables que la mera apreciación de uno o un grupo de individuos. Sin embargo, no todos los procedimientos conllevan el mismo grado de precisión y exactitud.14 Por lo que respecta a la evaluación de las capacidades cognoscitivas y psicomotoras, el desarrollo de instrumentos o escalas que las ponen de manifiesto ha alcanzado niveles más o menos satisfactorios; en cambio, la evaluación de las variables afectivas (intereses y valores o actitudes) no ha tenido el mismo éxito, a pesar de que desde hace seis décadas se han efectuado investigaciones sobre el tema. Esto ha conducido a que en las instituciones educativas no se evalúen las características afectivas de los estudiantes de manera tan sistemática como se hace con sus conocimientos.

En este trabajo se evalúa la tendencia de las actitudes hacia la investigación y hacia el aprendizaje en los estudiantes de medicina de la UNAM después de un periodo de 10 años, y se discute el posible papel de las experiencias obtenidas a lo largo de la formación escolar en la orientación de estas actitudes.

Se considera que los estudios de este tipo son útiles, independientemente de los resultados que arrojen. En el caso de que los individuos posean las predisposiciones positivas deseables, se reafirmaría la adecuación de los planes y programas curriculares, así como las políticas institucionales. En caso contrario, cuando los estudiantes posean actitudes negativas o neutrales, se cuestionarían las causas posibles, con la consecuente proposición de acciones concretas. Estas acciones pueden abarcar desde la toma de decisiones curriculares que impliquen la reestructuración de programas educativos y el análisis de las políticas institucionales respecto de las actitudes o valores (y su posible redefinición), hasta el diseño de estrategias que comprometan a la población estudiantil en general.

Material y Métodos

DISEÑO DE LA INVESTIGACION

Para determinar la tendencia actitudinal en los estudiantes de medicina, se compararon las actitudes hacia la investigación y hacia el aprendizaje de dos muestras de estudiantes separadas en el tiempo por 10 años (1984 y 1994) y, con el fin de determinar el posible papel de las experiencias obtenidas a lo largo de la formación escolar médica en la orientación de estas actitudes, se compararon las de estudiantes recién ingresados a la escuela (primer año) con las de estudiantes cercanos al inicio de la práctica clínica (cuarto y quinto años), en 1984 y posteriormente en 1994.

Inicialmente se aplicó la escala de medición de actitudes tipo Likert, de 47 reactivos (véase diseño de la escala), a dos muestras piloto de 10 estudiantes (una de cada grado escolar, en 1984) para calcular el tiempo óptimo de aplicación, que resultó de 30 minutos, y para obtener un estimado de la variabilidad de la población que permitiese calcular el tamaño de las muestras representativas.

En virtud de que los cálculos teóricos resultaron en tamaños de muestra menores o iguales a 10, decidimos usar muestras aleatorias de 30 individuos equivalentes al 10% de la población de estudiantes del grupo más numeroso en la aplicación de 1984, que se considera el mínimo para lograr análisis estadísticos válidos.

En las dos aplicaciones las edades de los estudiantes del primer año oscilaron entre 19 y 21 años, con un promedio de 20 años, y el intervalo de las edades de los estudiantes del cuarto y del quinto años comprendió de los 23 a los 26 años, con un promedio de 24 años. Las proporciones de hombres y mujeres fueron de alrededor del 50%, para cada muestra.

La aplicación a cada uno de los grupos se hizo tratando de mantener iguales las condiciones ambientales como iluminación, lectura de instrucciones, ruido, tiempo y horario, para evitar su posible efecto en los resultados.

DISEÑO DE LA ESCALA

En un estudio previo se estandarizó una escala tipo Likert de 47 reactivos,15 que inicialmente incluyó tres factores actitudinales. La confiabilidad del instrumento se determinó calculando el método de consistencia interna (coeficiente λ de Cronbach).16 La confiabilidad para el factor de actitudes hacia el aprendizaje fue 0.75, para el factor de actitudes científicas 0.87 y para el factor de actitudes hacia la ciencia 0.89. La validez de contenido se obtuvo como el consenso de un grupo de expertos (pedagogos y científicos) sobre la inclusión o no de cada reactivo, a partir de una muestra grande de reactivos; la validez convergente y la validez discriminante se calcularon como correlaciones de los resultados generados por la aplicación de la escala tipo Likert y de una escala tipo diferencial semántico diseñada para los mismo fines (cuadro I). En cuanto al análisis de reactivos, se hizo calculando las correlaciones entre las calificaciones para cada reactivo con las calificaciones para cada factor. Los resultados se ven reflejados en las correlaciones entre los objetos actitudinales y las calificaciones para cada factor que se muestran en el cuadro II.



Con base en los resultados de la estandarización se reestructuraron los reactivos en los factores actitudinales siguientes:

Actitudes hacia el aprendizaje. Este factor incluye dos componentes: uno que abarca los objetos de actitud que se relacionan con los rasgos personales, p.e., los que se refieren a la posición del propio individuo respecto de su formación académica, y otro que abarca los objetos de actitud que definen los rasgos sociales, es decir, los que tienen influencia en las relaciones interpersonales o grupales de los estudiantes. La escala contiene los objetos actitudinales que corresponden con los primeros seis de la lista del cuadro II.



Actitudes hacia la investigación. Con base en los esquemas tradicionales(5) originalmente se consideran aquí dos factores: predisposiciones hacia la investigación como proceso (o científicas) y predisposiciones hacia la investigación como producto (o hacia la ciencia). Teóricamente las actitudes científicas se refieren a la manera en que los individuos se identifican con el pensamiento y los procedimientos de la ciencia; están relacionadas con la predisposición y las creencias que se tienen acerca de la investigación. A su vez, las actitudes hacia la ciencia correspoden a la evaluación que los sujetos hacen sobre los resultados generados por la misma. Sin embargo, el análisis de los resultados de la aplicación original de la escala puso de manifiesto que existen correlaciones significativas entre las calificaciones de cada objeto actitudinal y la calificación global para cada factor (cuadro II), y que las correlaciones entre los factores actitudinales en dos escalas diferentes (cuadro I) también fueron significativas, lo que permitió concluir el carácter monofactorial de ambos tipos de actitud en la población de interés. Se decidió entonces englobar a los factores de actitudes científicas y hacia la ciencia en uno solo, al que se denominó factor de actitudes hacia la investigación.

Resultados

La escala de evaluación incluyó 47 reactivos en total. Dado que la puntuación que corresponde con la actitud más negativa hacia un objeto es 1 y la que indica la actitud más positiva es 5, las calificaciones mínima y máxima posibles para los factores de la escala de actitud son: 14 y 70 para el factor de actitudes hacia el aprendizaje (42 indicaría una actitud neutra), y 33 y 165 para el de actitudes hacia la investigación (con una actitud neutra alrededor de 99).

En el cuadro III se muestran las calificaciones mínimas y máximas que obtuvieron los estudiantes, así como las medias y las desviaciones estándar.



La prueba de homogeneidad de varianzas no detectó una diferencia significativa entre éstas. El análisis de varianza con las calificaciones estandarizadas (calificación del estudiante x 100/calificación máxima del factor), no mostró diferencias significativas entre los individuos de las diferentes generaciones, primero y cuarto-quinto años, ni entre los grupos separados en el tiempo, 1984 y 1994, ni entre las actitudes hacia el aprendizaje y hacia la investigación. Se aplicó la prueba de Pearson para comparar las calificaciones de ambos factores de actitud en cada uno de los grupos y resultó una correlación significativa (p< 0.01).

Discusión

En este estudio los resultados indican que todos los grupos muestran una actitud ligeramente positiva (casi neutral) para ambos factores actitudinales, y que no hay diferencias significativas en función de los pares de parámetros considerados: las generaciones de individuos y el tiempo transcurrido (10 años) ni en función de los tipos de actitud (actitudes hacia el aprendizaje y la investigación).

Una explicación de los resultados pudiera ser la inadecuación del instrumento para medir las actitudes que se desean evaluar. Sin embargo, la estandarización previa de la escala arrojó valores aceptables de confiabilidad y validez, lo que confirma su adecuación. Una segunda explicación puede ser que, no obstante las estrategias propuestas y los esfuerzos realizados para promover actitudes más positivas hacia la investigación y el aprendizaje en los estudiantes de medicina, éstos no se ven reflejados en la ejecución de los individuos. Otra causa puede ser que el enfoque de los profesores no refleje las políticas institucionales de promoción de estas actitudes debido a que, en general, los profesores no son investigadores y, por ende, los estudiantes carecen del ejemplo a seguir; o porque no reúnen las características de un buen educador, como llega a ocurrir en la población de profesores de medicina en Australia.11

Si consideramos que este estudio refleja una diferencia real entre lo deseable (estudiantes de medicina con actitudes positivas hacia la investigación), y lo que existe (estudiantes con actitudes casi neutrales), parece conveniente considerar posibles estrategias y enfoques más eficientes en la formación de los futuros médicos.

Por lo que toca a las actitudes hacia la investigación, algunas propuestas para cambiar el statu quo pueden ser:

1. Un cambio en el enfoque de los planes y programas de la escuela de medicina para que enfaticen el papel de la ciencia en la generación del conocimiento médico. De hecho el nuevo curriculum lo hace mediante la inclusión de un perfil profesional del egresado que implica individuos con "...los conocimientos científicos más avanzados para responder a las necesidades de salud de la sociedad mexicana".1 Operacionalmente podría lograrse mediante el análisis de ejemplos prácticos y la difusión de materiales audiovisuales que asocien los hallazgos científicos con la práctica médica, con estancias cortas de los estudiantes en laboratorios de investigación biomédica o clínica y mediante la promoción de relaciones interpersonales entre investigadores en ejercicio y estudiantes de medicina.
2. Establecer cursos de actualización, reuniones de discusión e intercambio de información, seminarios y talleres para los profesores, en los que se haga manifiesto el papel que juegan el quehacer y el producto de la ciencia en la solución de los problemas médicos, y se discuta la necesidad de integrar las actitudes positivas hacia la investigación en el perfil del médico.
3. En un contexto más general, la publicación de hallazgos científicos con repercusiones clínicas importantes, utilizando los canales de difusión masiva de la información, como la radio y la televisión, con programas diseñados ex profeso o adaptaciones de los existentes (documentales atractivos, concursos, etc.). Aun cuando es un proceso lento, podría jugar un papel importante en la promoción de actitudes positivas hacia la investigación en los estudiantes y, como resultado colateral, en la población en general.

En lo que toca a las actitudes hacia el aprendizaje, el curriculum vigente también incluye la promoción de actitudes de búsqueda de nuevos conocimientos y el desarrollo del hábito de estudio individual. En este caso la realización de cursos sobre pedagogía y didáctica dirigidos a los profesores, podrían enriquecer los métodos y técnicas utilizados en el salón de clase y en los laboratorios; además, se podría ofrecer a los estudiantes cursos sobre técnicas de estudio, nemotecnia, lectura crítica, etcétera.

Finalmente, consideramos que este tipo de estudios es una herramienta útil y necesaria para obtener resultados que, analizados rigurosamente, conduzcan a conclusiones que permitan apoyar la toma de decisiones sobre bases más objetivas y racionales.

AGRADECIMIENTOS

Al doctor Francisco Zapote Martínez, Médico Internista, por sus valiosos comentarios y sugerencias en la elaboración del manuscrito, y al personal académico de la Facultad de Medicina que gentilmente permitió aplicar la escala.

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