Salud Pública de México

PATRON DE CONSUMO DE REFRESCOS EN UNA POBLACION MEXICANA

PATRON DE CONSUMO DE REFRESCOS EN UNA POBLACION MEXICANA

AUTORES


Gerardo Maupomé-Carvantes, C.D. M.Sc., Ph.D.(1) Verónica Sánchez-Reyes, C.D.(1) Sonia Laguna-Ortega, C.D.(1) Luz del Carmen Andrade-Delgado, C.D.(1) Javier Diez de Bonilla-Calderón, C.D.(1)

(1) Facultad de Odontología, Universidad Nacional Autónoma de México.

RESUMEN

Para evaluar el patrón de consumo de los refrescos embotellados en el medio mexicano, se realizó una encuesta sobre el consumo de refrescos y bebidas refrescantes en usuarios (mayores de 10 años de edad) en la Ciudad de México (septiembre-octubre de 1993). Asimismo, se empleó una técnica estándar de laboratorio para establecer el pH de las bebidas. Los resultados mostraron que, en las 33 marcas de refrescos y 15 marcas de jugos y bebidas disponibles, los valores de pH fueron siempre marcadamente ácidos (entre 2.46 y 3.96). De los 2 008 respondentes (55.3% hombres, 44.7% mujeres; tasa de respuesta 90.1%), 1 657 (82.5%) afirmaron tomar refresco todos los días y 351 (17.5%) negaron su consumo. Aunque el alto consumo fue común en todos los grupos de edad, la ingestión referida pareció estar parcialmente asociada con la edad, siendo más considerable en los grupos más jóvenes. El número medio de refrescos bebidos por día fue 1.7, con una desviación estándar (DE) 1.3 y, por semana, fueron 9.3 (DE 9.9). El consumo informado de refresco pareció ser independiente de la escolaridad de los entrevistados. Si bien la proporción más alta de no consumidores de refresco se encontró en aquel grupo que consideró a los refrescos como un factor cariogénico muy importante, en general el grueso de los entrevistados indicó que el consumo de refrescos era un factor importante en la etiología de la caries. Asimismo, una mayor escolaridad estuvo más frecuentemente asociada a una atribución más preponderante de la importancia del papel de los refrescos en la caries.

ABSTRACT

To evaluate soft drink consumption patterns in the Mexican population, the authors conducted a survey among people over 10 years of age in Mexico City (september-october 1993). Also, pH levels of commonly available beverages were measured using standard laboratory techniques. Results indicated that each one of the 33 soft drink brands and 15 brands of juices and beverages available, had markedly acidic pH values (between 2.46 and 3.96). Out of the 2 008 respondents (55.3% male, 44.7% female; response rate, 90.1%), 1 657 (82.5%) admitted drinking soft drinks daily, while 351 (17.5%) said they did not drink this type of beverages. Even though high consumption was frequent in all age groups, self-reported consumption was partially associated to age, being higher in the younger groups. The mean number of soft drinks ingested per day was reported to be 1.7, SD 1.3, and 9.3 per week SD 9.9. Self-reported consumption appeared to be independent of schooling level. Even though the largest proportion of non- consumers was found in the group that considered soft drinks to be a very important contributing factor to caries development, most interviewees agreed that soft drinks consumption was an important cariogenic factor. This attributed role was more prominent among interviewees with a higher level of schooling.

Introducción

Desde 1945 se ha estudiado la erosión -disolución química de los tejidos dentales en ausencia de bacterias-1 provocada al esmalte dental mediante bebidas ácidas tales como refrescos, jugos y bebidas refrescantes no-alcohólicas.2 El patrón epidemiológico no parece sugerir que se trate de un problema serio de salud pública y la prevalencia varía acentuadamente entre distintos grupos poblacionales.3 Sin embargo, es un hecho que las bebidas ácidas ingeridas con frecuencia causan erosión del esmalte y que este problema clínico debe ser investigado considerando el extenso consumo de bebidas ácidas que parece imperar en poblaciones con dietas industrializadas,4 además de las otras implicaciones5,6 que tienen para la salud bucodental, como su potencial cariogénico. Independientemente de que este problema clínico puede ser enfrentado adecuadamente con atención bucodental rehabilitativa,7 muchos entornos clínicos carecen de los medios para atender apropiadamente a la población en general.8

Aunque se ha emprendido un número considerable de investigaciones para evaluar el efecto de los carbohidratos en relación con la caries, en general se ha prestado menos atención al efecto de los refrescos.7 El consumo imprudente de estas bebidas ha sido atacado porque: a) casi todas están carbonatadas y por tanto tienen la capacidad de erosionar los tejidos dentales; y, b) la mayoría son altamente cariogénicas, en virtud de la gran cantidad de carbohidratos que contienen, y de la frecuencia y lo desordenado del consumo. Las escalas de tiempo de los dos procesos son distintas: por una parte la erosión ocurre una vez que las bebidas entran en contacto con los tejidos dentales y, por la otra, el ataque carioso temprano comienza en la placa en pocos minutos y dura más de una hora. A pesar de este límite aparente, es posible que los dos fenómenos potencialicen sus efectos nocivos al ocurrir simultánea y frecuentemente.

Atendiendo a que los refrescos, las bebidas refrescantes no alcohólicas y los jugos envasados usualmente tienen un pH ácido que puede causar lesiones erosivas en el esmalte dental, en el presente estudio se estableció objetivamente el patrón de consumo de refrescos en una población mexicana abierta en México, D.F.; se exploró la percepción que tiene este grupo respecto del consumo de refrescos y su papel en la caries, y se determinó el pH de las bebidas comúnmente disponibles al público en general.

Material y Métodos

Se realizó un muestreo aleatorio estratificado de las 125 estaciones del Sistema de Transporte Colectivo (Metro), seleccionando 28 y teniendo cuidado que las nueve líneas estuvieran representadas. En cada estación se invitó a un número arbitrario (n= 72) de usuarios mayores de 10 años de edad a responder un cuestionario (septiembre-octubre 1993) aplicado por dos encuestadoras (pasantes de la carrera de cirujano dentista) previamente estandarizadas. El número prefijado de encuestas fue de 2 000.

Las variables de estudio exploradas a través de un cuestionario fueron: edad, sexo, grado académico máximo, si toma o no refresco, consumo de refresco por día, consumo de refresco por semana. Asimismo, se pidió a los entrevistados que evaluaran la importancia de los refrescos como causa de la caries sobre una escala tipo Likert de seis niveles: tres de acuerdo "muy importante", "importante" o "más o menos" y tres de desacuerdo "no mucho", "casi nada" o "nada". (Copias del cuestionario se encuentran disponibles con los autores).

Por otra parte, se recolectaron las presentaciones y marcas que se encontraron en el mercado de refrescos, jugos envasados y bebidas refrescantes no alcohólicas. Para determinar el pH de las bebidas, se empleó un electrodo selectivo para pH (96-09 y 520-A, Orion Research) y la siguiente técnica: se calibró el potenciómetro de acuerdo con soluciones ácidas con buffers de pH 2.01 y 7.00 (Orion Research) diariamente, antes de comenzar los ensayos de pH. Se midieron 40 ml de cada bebida y, si tenían gas, se degasificaron durante cinco minutos agitándolos en un agitador magnético. Posteriormente se sumergió el electrodo y se realizó la determinación. Los vasos de precipitados, el electrodo y los agitadores magnéticos fueron enjuagados con abundante agua corriente, agua desionizada y bidestilada, y finalmente, agua MegaPure. Todos los recipientes, pipetas y material empleados fueron de plástico (Nalgene). El pH de cada refresco fue determinado tres veces por la misma técnica.

El análisis de los datos se realizó con prueba de chi cuadrada.

Resultados

Se encontraron 33 tipos de refrescos y 15 de jugos y bebidas refrescantes no alcohólicas. Los valores de pH siempre fueron marcadamente ácidos, pues oscilaron entre 2.46 y 3.96. En distintas botellas de la misma marca se encontraron valores de pH muy similares (cuadro I).



De 2 228 personas contactadas para la entrevista, 2 008 accedieron a contestarla (tasa de respuesta 90.1%). De los respondentes (55.3% hombres, 44.7% mujeres), 1 657 (82.5%) afirmaron tomar refresco y 351 (17.5%) negaron su consumo. Aunque el alto consumo fue común en todos los grupos etarios, la ingestión pareció estar parcialmente asociada con la edad, siendo mayor en los dos grupos más jóvenes que en los dos más maduros [chi cuadrada 96.3, grados de libertad (GL) 8, p< 0.001] (cuadro II).



El número medio de refrescos que los encuestados afirmaron tomar al día fue de 1.7, desviación estándar (DE) 1.3 (cuadro III); la moda y la mediana fueron 1. En términos de mililitros, cada persona en promedio ponía sus dientes en contacto con 601.6 ml de refresco al día. El número medio de refrescos que los encuestados afirmaron tomar a la semana fue de 9.3 (DE 9.9). Extrapolando el consumo referido por día a un año, se encontró que se tomaban 627.4 refrescos individuales (355 ml) por persona; y extrapolando el consumo informado por semana, se calcularon 488 refrescos/persona/año.




El consumo reportado de refresco pareció ser independiente de la escolaridad de los entrevistados (chi cuadrada 2.2, GL 3, p= 0.531) (cuadro IV). En el cuadro V se muestran las respuestas de los entrevistados en cuanto a la importancia del consumo de refrescos, y la aparición de caries. Si bien el grupo que consideró a los refrescos como un factor cariogénico muy importante también constituyó la proporción más elevada de no consumidores, en general los entrevistados indicaron que el consumo de refrescos era un factor importante en la etiología de la caries (chi cuadrada 105.1, GL 5, p< 0.001). Asimismo, la mayor escolaridad estuvo asociada con mayor frecuencia a una atribución más preponderante de la importancia del papel de los refrescos en la caries (chi cuadrada 241.3, GL 15, p< 0.001).




Discusión

Los resultados muestran que los encuestados acostumbraban un elevado consumo, de 488 a 627.4 refrescos individuales por persona/año. En 1993 se informó que el consumo promedio era de 144 litros de refresco/año, argumentándose como la principal razón que la mitad de la población era joven y que era el grupo que más consumía el producto.9 Esto parece ser cierto también en el presente estudio y no es sorprendente encontrar este fenómeno ni la sugerencia de que una mayor escolaridad podría estar asociada con una evaluación más crítica del papel de los refrescos en la etiología de la caries. Como en otros fenómenos en el campo de las creencias de salud, se ha visto que personas con un acceso más articulado a la información en salud pueden manejar de forma más apropiada sus costumbres de estilo de vida y alimenticias,10 además de que esta conducta frecuentemente se encuentra asociada con la clase social.11

Nuestros hallazgos indican que, en promedio, aproximadamente 600 ml de líquido ácido entran en contacto con los dientes de una persona al día. Este contacto es dañino para los dientes porque el refresco no solamente es ácido (lo cual ocasiona desmineralización del esmalte), sino que simultáneamente promueve el metabolismo bacteriano de los carbohidratos presentes en el refresco. De esta forma, el daño causado a los dientes tiene lugar por medio de la erosión (agresión no bacteriana) y la cariogenicidad (agresión bacteriana).

Como una medida alternativa para reducir el riesgo de caries que representan los refrescos, se ha propuesto tentativamente modificar su fórmula utilizando primordialmente edulcorantes no cariogénicos como el aspartame (NutraSweetMR), en vez de azúcares extrínsecos. Esta medida ya se ha comenzado a popularizar en el medio mexicano, aunque un análisis subjetivo podría indicar que estas modificaciones no tienen la aceptación que es patente en otros países, si bien en la mayoría de éstos los cambios se han producido por razones relacionadas con el control de la obesidad, y tal vez sólo accidentalmente con la reducción del riesgo cariogénico. Una segunda medida tentativa para reducir el riesgo de caries sería el empleo de agua fluorada en la elaboración de los refrescos,12 pero aún no ha sido evaluada apropiadamente como medida de salud pública ni se ha establecido objetivamente la relación costo-beneficio que representa.

La técnica de muestreo seguida permite suponer que estas costumbres de consumo podrían representar razonablemente la situación que prevalece en México, D.F. Sin embargo, es necesario subrayar que esta información depende de los datos informados por los entrevistados, tal como fueron proporcionados. Es posible, entonces, que esta información esté sesgada: ya sea que subestime o sobreestime el consumo de refrescos; es necesario emprender otros estudios que evalúen objetivamente el potencial cariogénico de la alimentación (bebida y comida) en la población mexicana. En sí misma es imposible una discusión comparativa con informes previos, en virtud de que esta área de estudio ha sido descuidada en México, a pesar de su obvia importancia para la práctica odontológica y para la investigación clínica sobre la historia natural de la caries. Este estudio puede servir como una referencia para investigaciones subsecuentes sobre la alimentación de la población mexicana, atendiendo a diferencias regionales, de edad, de sexo y de nivel socioeconómico.

Bibliografía

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8. Maupomé G. Estrategias para reformar los sistemas de atención para la salud oral. Pract Odontol 1990; 11(5): 17- 26.
9. Barón FL. La dinámica industria refresquera mexicana. Caminos del Aire/Aeroméxico. México, D.F.: Editorial Internacional de Revistas S.A. de C.V., 1993:46-53.
10. Glanza K, Lewis FM, Rimer BK, ed. Health behavior and health education. Theory, research and practice. San Francisco: Jossey Bass Publishers, 1990.
11. Townsend P, Davidson N, ed. Inequalities in health: The black report and the health divide. Londres: Penguin, 1988.
12. Maupomé G. El consumo de azúcares cariogénicos y la caries dental. Pract Odontol 1991; 12(12):43-52.

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