Salud Pública de México

CREENCIAS SOBRE EL CONSUMO DE CHILE Y LA SALUD EN LA CIUDAD DE MEXICO

CREENCIAS SOBRE EL CONSUMO DE CHILE Y LA SALUD EN LA CIUDAD DE MEXICO

AUTORES


Lizbeth López-Carrillo, Ph.D.(1) Ma. del Cielo Fernández-Ortega, Lic. en Nut.(1) Roberta Costa-Dias, M. en C.(1) Jesús Franco-Marina, Lic. en Inf.(1) Tito Alejandre-Badillo, T.S.(1)


1) Dirección de Investigación en Desarrollo y Salud, Centro de Investigaciones en Salud Pública, Instituto Nacional de Salud Pública, México.

RESUMEN

En México el consumo de chile constituye una tradición cultural y a sus efectos sobre la salud se les han atribuido, empíricamente, características controvertidas. En este trabajo se describen las creencias sobre el consumo de chile y la salud, en dos grupos de residentes de la Ciudad de México. Los resultados ratifican, por una parte, la gran variedad de efectos benéficos y/o nocivos que se asocian al consumo de este alimento y, por la otra, demuestran que los niveles de consumo no están relacionados con las creencias que se tienen en cuanto a su impacto en la salud.

ABSTRACT

Eating chili peppers is a cultural tradition in Mexico. Controversial characteristics have been empirically associated to chili pepper consumption and human health. In this paper, the beliefs about the health impacts of chili pepper consumption in two independent groups of Mexico City residents are described. The results confirm, on the one hand, that there is a wide variety of health benefits and damages associated with chili pepper consumption, but on the other hand, that the levels of chili pepper consumption are not related to beliefs about its human health impact.

Introducción

El consumo de chile es una tradición histórica y cultural en diversos países latinoamericanos, particularmente en México. Perteneciente a la familia de las solanáceas, el fruto comestible de la planta es originario de las planicies próximas del sur del Brasil, oeste de Bolivia y norte de Paraguay y Argentina.1 Las evidencias más antiguas de su consumo humano se remontan a 7 000 años a.C., y se localizaron en dos zonas pertenecientes a los actuales estados de Tamaulipas y Puebla, en la República Mexicana. De acuerdo con la antig?edad del hallazgo, el del chile podría ser el primer cultivo humano en Mesoamérica.1,2

Sus consumidores le han adjudicado a este fruto propiedades controvertidas.2,3 Algunos autores han informado que su consumo se asocia a diversas propiedades curativas, que van desde el alivio de una herida hasta la prevención de un infarto.1 Por otra parte, es popularmente sabido que la ingestión de chile produce alteraciones en el tracto digestivo y en el proceso de digestión.3-5

Gran parte de los atributos conferidos al consumo de chile son empíricos, ya que la investigación en humanos acerca de sus efectos potenciales sobre la salud es escasa.3-5 En fechas recientes, este grupo de investigación identificó que la probabilidad de desarrollar cáncer gástrico es aproximadamente cinco veces mayor entre los grandes consumidores de chile, en comparación con aquellos que no lo consumen, y que este efecto podría atribuirse al principio activo contenido en estos frutos: la capsaicina.6

Al tomar en cuenta el avance que se ha hecho en materia de las evidencias experimentales y epidemiológicas acerca de la posible mutagenicidad y/o carcinogenicidad de la capsaicina y su daño sobre la salud, con el tiempo será necesario desarrollar programas de prevención y control orientados a modificar el consumo de chile en México. El impacto que dichos programas pueden tener sobre un cambio de hábito en el consumo de chile en la población mexicana estará afectado, entre otros factores, por las creencias que los consumidores tengan hacia este alimento en relación con la salud. En consideración a esto, el presente estudio se realizó con el objetivo de identificar los atributos conferidos al consumo de chile y la salud en residentes de la Ciudad de México.

Material y Métodos

En los meses de septiembre de 1993 y mayo de 1994 se llevaron a cabo dos encuestas que abarcaron, respectivamente, a 119 y 121 residentes de la Ciudad de México, mayores de 19 años. En ambas ocasiones, los sujetos entrevistados se localizaron en cuatro supermercados ubicados en el norte, sur, este y oeste del Distrito Federal. En la selección por cuota, se consideró una distribución similar por sexo. El cuestionario incluyó preguntas sobre la frecuencia del consumo de chile, las creencias sobre el beneficio y/o daño a la salud, así como las enfermedades particulares relacionadas con dicho consumo. Los resultados se compararon por medio de las pruebas t de Student y chi-cuadrada.

Resultados

En el cuadro I se muestran las características generales de las personas entrevistadas en ambas ocasiones. La media de edad de los sujetos fue de 39 ± 13.5 años, sin diferencia significativa entre ambos grupos (39.7 ± 15.0 vs 38.3 ± 11.8); asimismo, quedaron conformados por la misma proporción de hombres y mujeres de acuerdo al diseño del estudio (50%).



En relación con la ingestión de chile en promedio, el 90% de los entrevistados informó consumirlo; entre éstos 22.7% se autoevaluaron como "grandes consumidores"; 29.6% como "medianos consumidores" y el 47.7% restante consideró tener un bajo consumo de chile. Cabe destacar que alrededor del 10% de esta población no consume chile. En ambas ocasiones estas respuestas no difirieron significativamente, aun después de considerar la edad y el sexo de los entrevistados (estos datos no se presentan).

En cuanto a las creencias de las propiedades del chile y la salud, el mayor porcentaje de sujetos (61.3%) consideró que su consumo previene y/o cura diferentes enfermedades (parasitarias, avitaminosis, resfriado común, poliomielitis, cáncer, falta de apetito, hemorroides, asma, sida), mientras que solamente 15% lo identificó como causante de alguna enfermedad (gastritis, úlcera, apendicitis, enfermedades vasculares, tumores de estómago y daño al riñón). Sólo 10.8% de esta población manifestó que el consumo de chile es inocuo para la salud. Estos resultados fueron independientes de la edad y del sexo de los participantes.

De acuerdo con las creencias de la población entrevistada, se analizó el consumo de chile correspondiente. Como se puede observar en la figura 1, tanto en el grupo de los sujetos que consideran que el chile previene enfermedades como entre aquellos que asocian su consumo con la presencia de enfermedades, la distribución porcentual de grandes consumidores de chile fue semejante: 19% vs 21.2%. Asimismo, los porcentajes de consumo regular, bajo y no consumo resultaron similares (regular: 19% vs 22.3%; poco: 43% vs 45.9%; no consumo: 19% vs 10.6%). La diferencia estadística a través de estos niveles de consumo por creencia no fue significativa (Xý= 0.8795, p= 0.5741).



Discusión

Los resultados de este estudio concuerdan con lo que varios autores han mencionado acerca de la versatilidad de los beneficios sobre la salud que las creencias populares han asociado al consumo de chile.1-5 Asimismo, confirman que las creencias populares también le atribuyen efectos nocivos principalmente a nivel del tracto gastrointestinal. Sin embargo, es importante destacar que el principal hallazgo de este trabajo es que los niveles de consumo de chile no parecen estar determinados por las creencias que prevalecen en cuanto a sus efectos sobre la salud.

Los nutrimentos y otros compuestos activos contenidos en el chile podrían explicar, en parte, el origen de las creencias controvertidas informadas por la población consumidora, ya que este alimento es fuente de compuestos benéficos para la salud, al mismo tiempo que contiene sustancias que por su naturaleza podrían causar daños.

Los chiles son una fuente importante de vitaminas A y C, de potasio y de calcio. Aquellos que se consumen frescos y crudos como el serrano, el jalapeño, el g?ero, la chilaca y el chilillo, entre otros, aportan principalmente ácido ascórbico; una ración de 100 g proporciona, en promedio, 200 mg de este ácido. Por su parte los chiles secos ofrecen un aporte considerable de vitamina A ya que contienen aproximadamente 350 mcg de retinol, equivalente en 25 g de casi todas las variedades de chiles secos.7

No obstante, en estos frutos también se encuentra presente un grupo de sustancias denominadas capsaicinoides entre las cuales destaca la capsaicina (8-metyl-N-vainillyn-6- noneamida), principal responsable de la pungencia de estos frutos. Varios estudios experimentales han demostrado que la capsaicina induce adenocarcinomas duodenales8 y que actúa como promotor de la carcinogénesis a nivel del hígado y del estómago,9 además de inducir la formación de micronúcleos.10 In vitro esta misma substancia ha resultado mutagénica en las células pulmonares de Hamsters11 y positiva a la prueba de Ames.8,10 En humanos, los pocos estudios realizados sugieren un posible efecto carcinogénico de dicha sustancia. Sin embargo, se requiere de más investigaciones al respecto a fin de confirmar los incrementos de riesgo observados por el consumo de chile en la incidencia de cáncer de estómago en México, y de boca y faringe en la India.6,12

La extensa variedad de chiles en México (más de 200 variedades del género Capsicum y las especies frutescens y annanum),2 su consumo en forma de fruto fresco o seco, además de la diversidad de procesos culinarios en los que se utiliza, dificultan la evaluación cuantitativa del consumo de los nutrimentos y los demás compuestos potencialmente dañinos mencionados. Consecuentemente, es difícil establecer la repercusión en la salud que el consumo de los diferentes tipos de chile producen en cada individuo.

De esta forma, si el potencial carcinogénico que se ha observado en humanos por el consumo de chile se ratifica en forma no empírica, los resultados de este estudio podrían ser considerados como apoyo para el diseño y la instrumentación de programas de fomento a la salud, basados en una orientación alimentaria que habrá de considerar los elementos culturales y económicos que definen su consumo nacional para la prevención y el control de la principal enfermedad que hasta el momento se ha asociado a su consumo: el cáncer de estómago.

Bibliografía

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11. Lawson T, Gannet P. The mutagenicity of capsaicin and dihydrocapsaicin in V79 cells. Cancer Lett 1989; 48:109- 113.
12. Notati PN, Jayant K. Role of diet in upper aerodigestive tract cancers. Nutr Cancer 1987; 10:103-113.

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