Salud Pública de México

EL TRABAJO EN VIH/SIDA DE LAS ORGANIZACIONES NO GUBERNAMENTALES MEXICANAS

EL TRABAJO EN VIH/SIDA DE LAS ORGANIZACIONES NO GUBERNAMENTALES MEXICANAS

AUTORES


JUAN JACOBO HERNÁNDEZ-CHÁVEZ, LIC.(1)

(1) Director Colectivo Sol, México.

RESUMEN

El proceso de conformación de una corriente de organizaciones no gubernamentales (ONG) con trabajo específico en VIH/SIDA se remonta en México a 1983, con el trabajo de los grupos homosexuales de México, Guadalajara y Tijuana. La instalación del Consejo Nacional de Prevención y Control del SIDA (CONASIDA), la formación de Mexicanos Contra el SIDA, y de la Confederación de Organismos no Gubernamentales pareció, en su momento, apuntar hacia una organización sólida de los grupos que habían surgido en los últimos años. El presente ensayo aborda las dificultades, logros y aportaciones que las ONG con trabajo en SIDA han experimentado en su largo proceso de lucha contra la epidemia en México; analiza algunas de las condiciones que han impedido el trabajo conjunto de las ONG; y plantea una visión optimista con relación a una futura coordinación armónica y eficiente del trabajo de las ONG mexicanas.

Palabras Clave: organizaciones no gubernamentales; derechos humanos; homosexualidad; VIH; SIDA; México.

ABSTRACT

In Mexico, non-governmental organizations (NGO) addressing specifically HIV/AIDS issues originated in 1983, with the activities of homosexual groups from Mexico City, Guadalajara and Tijuana. The creation of the AIDS National Prevention and Control Council (CONASIDA) and the advent of Mexicans Against AIDS, Confederation of NGO, paved the way towards a solid organization of groups created in recent years. This essay addresses the obstacles, accomplishments and advancements that NGO working on AIDS have experienced in their struggle against the AIDS epidemic in Mexico. The circumstances that have prevented collaborative work of NGO are analyzed, and finally, an optimistic vision of harmonic collaborative work among Mexican NGO is presented.

Palabras Clave: organizations, non government; human rights; homosexuality; HIV; AIDS; Mexico



Solicitud de sobretiros: Juan Jacobo Hernández. Colectivo Sol. Miguel Hidalgo 11, colonia Pueblo Quieto, Delegación Tlalpan, 14040 México, D.F.

Introducción

Cuando en 1983, desde el seno de los grupos gay existentes en la Ciudad de México, Tijuana y Guadalajara, se empezaron a organizar las primeras respuestas sociales ante una extraña y entonces desconocida enfermedad que al parecer afectaba de manera significativa a los homosexuales, lejos estábamos de imaginar que la epidemia del VIH/SIDA fuera a convertirse en el grave problema de salud pública que representa. Nadie esperaba, tampoco, que afectara tan rápido a sectores que abarcan desde la economía hasta los derechos humanos; ni que el impacto de la enfermedad manifestándose posteriormente como epidemia, tuviese un efecto tan serio en los ámbitos público y privado.

Era impensable predecir la magnitud de la respuesta social organizada, materializada en un amplio abanico de sectores, estilos, estrategias y motivaciones. A estos grupos e individuos que, fuera de las estructuras, la autoridad, o los recursos gubernamentales, mantienen vigente dicha respuesta, se les conoce ahora como organizaciones no gubernamentales (ONG). El presente ensayo busca abordar algunos aspectos de su desempeño desde los orígenes hasta la fecha.

LA INCIPIENTE ORGANIZACION

El camino inicial recorrido por los individuos agrupados alrededor de la epidemia, para tratar de entender cómo enfrentar los estragos que causaba el SIDA en su entorno inmediato y que en su inicio estaban lejos de autodesignarse como "organizaciones no gubernamentales", se caracteriza por una enorme entrega y voluntad de servicio llenas de entusiasmo y sacrificio, pero guiadas más por el ensayo y el error, la improvisación y el aislamiento, la ausencia de planeación y recursos, la incomprensión de coincidencias entre unos y otros, y las querellas internas y contra el gobierno.

Sin embargo, muy pronto la experiencia en el trabajo directo los llevó a reconocer distinciones respecto a otro tipo de epidemia. La del VIH/SIDA tiene implicaciones de carácter social, cultural, económico y político que rebasan con mucho los aspectos estrictamente médicos y clínicos a los que en el comienzo se le pretendía constreñir.

Este reconocimiento, difuso y desestructurado en su inicio, provocó que el trabajo de esos grupos operantes fuera de las estructuras gubernamentales, entrase de lleno en terreno minado: al campo combinado y vertiginoso de la sexualidad y la muerte; y en ese sentido, podemos afirmar que el trabajo en SIDA, como fenómeno nuevo, cayó en buenas manos. Difícilmente podríamos imaginar otro sector social que hubiese podido iniciar de manera tan expedita y entregada la misión titánica de detener la epidemia. La experiencia real del progreso de la infección por VIH obligó con prontitud, a quienes se empeñaban en combatirlo, a observarlo de manera muy atenta, a analizar con nuevos ojos las causas y consecuencias de esa reciente infección cuyo progreso irreversible desemboca inexorablemente en el deceso de la persona afectada, e imaginar, en consecuencia, novedosas maneras para enfrentarlo.

Conocer el virus, saber cómo se transmite y verse obligado a esperar impotente su desenlace inexorable, hizo que la forma y contenido originales del trabajo de la sociedad civil se vincularan de manera consistente con el abordaje de la sexualidad, la enfermedad y la muerte, con sus consiguientes y amplios apartados de trabajo temático: prevención y atención, dentro de los que se inscribe la totalidad del trabajo no gubernamental. La designación oprobiosa de "grupos de alto riesgo" concitó respuestas discriminatorias, abusos y vejaciones contra las personas afectadas por el virus. Esto de inmediato obligó a muchas organizaciones con trabajo en SIDA, a introducir otro elemento de calidad en sus actividades: la solidaridad con los afectados y las poblaciones satanizadas, así como su línea de trabajo correspondiente, la defensa de los derechos humanos.

El conocimiento existente desde hace ya algunos años sobre las relaciones sexuales desprotegidas como vía principal de transmisión del VIH, reforzado por el registro epidemiológico donde se observa que la transmisión por vía sexual tenderá a incrementarse sensiblemente al disminuir y presuntamente desaparecer en el futuro próximo la transmisión por sangre y sus derivados, hubiese bastado para que quienes trabajan en SIDA dentro del gobierno y la sociedad civil pudiesen diseñar estrategias adecuadas para contenerlo.

No obstante, los esfuerzos de prevención del VIH/SIDA se han visto sujetos a la imposición de múltiples tabúes sociales y culturales que impiden, retrasan y obstaculizan un abordaje adecuado y eficaz de la epidemia y, lo más grave, provocan una diseminación mayor del virus al impedir su control.

HAY DE ONG A ONG...

Las actividades de prevención, atención y defensa de los derechos humanos, emprendidas por una masa crítica de grupos no gubernamentales con origen en la militancia gay, la lucha feminista o el compromiso social contestatario, cuestionan con su visión de la epidemia y con su quehacer, el de otro conjunto de organizaciones surgidas del conservadurismo social. Estas, sabiendo cómo se transmite el virus, en qué condiciones sociales, económicas, políticas y culturales se da la transmisión, y cómo se previene, privilegian de manera exclusiva la promoción de la abstinencia, la monogamia y la fidelidad, oponiéndose a la promoción de medidas preventivas asociadas al uso del condón o la práctica del sexo más seguro; a su vez, a través del derroche de recursos y la presión social, política y económica, también impiden que se pueda difundir y escuchar el mensaje de otros grupos sociales o del mismo Consejo Nacional de Prevención y Control del SIDA (CONASIDA) que, si bien no promueven activa o exclusivamente la abstinencia, la monogamia y la fidelidad, no se oponen a que otros lo hagan.

Esta primera división entre organizaciones no gubernamentales es de carácter fundamental y establece un choque entre dos visiones del mundo, acerca de la propia enfermedad, de las causas de la infección y de las estrategias que deben adoptarse para tratar de controlar e idealmente disminuir el ritmo y frecuencia de la transmisión. El respeto o la transgresión de los derechos de las personas, la elección de los formatos y los contenidos de los mensajes preventivos, el público al que deben dirigirse estos mensajes, el lugar que deben ocupar en este trabajo las propias personas infectadas, el conjunto de instrumentos legales y jurídicos con que se puede castigar o proteger a las personas y a la sociedad, la actitud de empleadores estatales o privados- ante una persona seropositiva, los conceptos de sexualidad, normalidad, tolerancia, etcétera, son sólo algunos de los elementos que integran este complejo conjunto de temas que actualmente se debaten en el seno de las organizaciones no gubernamentales. En este debate también participan y toman partido las diversas instancias y órganos del propio gobierno, la iniciativa privada, el clero, los partidos políticos y los sindicatos, sea violando los derechos o negando la difusión de informaciones básicas que pueden salvar vidas, aunque ofendan buenas conciencias; o bien, apoyando a las organizaciones más débiles, actuando en defensa de los derechos, pugnando por conservar espacios de discusión franca, respetuosa y madura, etcétera.

La creación del CONASIDA pareció, en su momento, representar una respuesta responsable del Estado ante una previsible catástrofe de salud pública quizás tomando ejemplo del quehacer y la entrega de la sociedad civil, y pareció vislumbrarse con ello una posible salida institucional al caos abusivo, la apatía o la franca desatención prevalecientes en materia de VIH/SIDA en México. Sin embargo, no hubo voluntad política para poner en funcionamiento el CONASIDA, de acuerdo con los términos de su decreto de creación. El Estado perdió tiempo y recursos valiosos al dedicarse más bien a imaginar e implementar estrategias de carácter restrictivo e impositivo la aplicación obligatoria de la prueba de detección del VIH como requisito prenupcial en varios estados de la República, y las reformas al código penal, por ejemplo, por medio de las cuales se pensaba de manera ingenua combatir el avance de la epidemia, sin poner en práctica aquéllas no restrictivas sobre las que existía un amplio consenso; por ejemplo, la educativa.

El desempeño de las ONG ha enfrentado el miedo, la discriminación, la ignorancia y el rechazo, elementos que han impedido, en su conjunto, el avance de la respuesta social contra la epidemia. Así, el desarrollo de programas efectivos para prevenir y educar con miras a promover el cambio de actitudes y comportamientos sexuales riesgosos especialmente en la población con prácticas de alto riesgo, como son las de hombres que tienen relaciones sexuales con hombres (independiente de su propia identidad como homosexuales o no) es inexistente a nivel gubernamental, y cuando es abordado por las ONG, lo es de manera poco eficaz.

Uno de los obstáculos para poner en práctica ese tipo de estrategias de prevención, consiste en el establecimiento de una dinámica de falsa opción entre intervenciones específicas en población con prácticas de alto riesgo y campañas informativas dirigidas a la población en general. Pese a los esfuerzos del CONASIDA por hacer algo en ese sentido, éste se muestra reducido porque no se aplican los términos fijados en el decreto mismo de su creación, además de carecer de poder de decisión propia y de recursos adecuados para llevar a cabo las responsabilidades que el mismo decreto asigna. Por su parte, las ONG que trabajan en SIDA se debaten en un ambiente de lucha por la supervivencia financiera, el vacío o la precariedad de esfuerzos articulados, relevantes y permanentes; de endebles relaciones con el gobierno, etcétera, que impiden llevar adelante tales proyectos.

Por lo que concierne a la discriminación social hacia los grupos y personas más afectados por el VIH/SIDA y las personas que los rodean, se ha impedido la difusión de información franca y adecuada, crucial para detener la propagación del virus en poblaciones con prácticas sexuales de alto riesgo. La desatención y el desdén sociales hacia estas poblaciones ha demostrado, sin lugar a dudas, ser una actitud errónea. El peso específico dado a consideraciones de carácter moralizador, por encima de los objetivos asociados a la salud pública, ha generado pérdida de terreno ante el avance de la epidemia. Y, paradójicamente, siendo el origen de la lucha civil contra el SIDA la movilización de los grupos gay, poco han avanzado las ONG en su conjunto en trabajo efectivo en esa población. Es decir, la necesidad real por desarticular en su momento la asociación negativa inicial entre homosexualidad y SIDA, llegó al extremo de hacer completamente de lado el trabajo específico con homosexuales en el seno de las organizaciones no gubernamentales, so pretexto de ser tildado de sectario o de querer revivir el estigma.

En el área de atención y tratamiento, los múltiples testimonios de enfermos y familiares con respectó a la calidad de los servicios de atención y cuidados de pacientes con VIH o con SIDA, del acceso a tratamientos y medicamentos, así como el trato del personal de salud dentro del sistema de salud pública (Instituto Mexicano del Seguro Social, Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, Secretaría de Salud), han puesto en evidencia el maltrato y la mala atención que, sorprendentemente, de acuerdo con informes de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y del propio CONASIDA, proveen el mayor número de quejas por violación de los derechos humanos de los pacientes.

EL PAPEL DE LAS ORGANIZACIONES NO GUBERNAMENTALES

Es un hecho reconocido en todo el mundo que las ONG dada la agilidad de sus estructuras por encima de las dificultades orgánicas que las aquejan, pueden responder de manera casi inmediata ante la emergencia (y de hecho así fue ante el SIDA) y están a la vanguardia en lo referente a la provisión de actividades de prevención e información, de atención, tratamiento y cuidado, y defensa de las personas que viven con VIH/SIDA.

Las relaciones entre el gobierno y las ONG no han sido siempre del todo armónicas; sin embargo, en muchos países, incluido el nuestro, los gobiernos trabajan abiertamente con las ONG, reconociendo que sólo éstas pueden abordar tópicos y efectuar labores que, por inexperiencia, falta de recursos o impedimentos de carácter político, no pueden ser tratados por ellos. Más aún, es dentro del terreno de la lucha contra el SIDA donde se ha establecido una relación modelo si bien perfectible entre algunos sectores del gobierno y la sociedad civil, que ha arrojado lecciones de enorme valor y apuntan a una colaboración futura más planificada y orgánica, con esfuerzos combinados y concertados para enfrentar la epidemia. La reunión ocasional de las altas calificaciones y la experiencia acumulada desarrolladas en uno y otro sector en la lucha contra el SIDA, ha demostrado su eficacia y ha movido a instituciones como la Organización Mundial de la Salud al reconocimiento de dichos esfuerzos. Un futuro de disputa y disentir continuo, sea en la relación gobierno-sociedad civil o entre las ONG, obstaculizaría más el avance activo contra la epidemia, provocaría mayores retrocesos y conduciría a errores de consecuencias indeseables.

Aunque en México, al igual que en otros países, las ONG fueron las primeras en ensayar una respuesta social ante el SIDA, la inexperiencia, el desconocimiento de la naturaleza del virus, la falta de recursos y las dificultades iniciales antes enunciadas, no han impedido, empero, que estos grupos y luchadores pioneros hayan podido acumular una vasta experiencia, visible ahora a través de una riqueza de recursos, conocimientos, lecciones aprendidas y propuestas de acción que, a lo largo de los años, han buscado (no siempre con éxito) mejorar, compartir, promover, articular y organizar con la idea de posibilitar respuestas concertadas y conjuntas ante las dificultades que plantea el desarrollo de este tipo de trabajo.

De esta manera, desde la sociedad civil se han ensayado y puesto en operación esfuerzos político-organizativos y de articulación entre las ONG mexicanas con trabajo en SIDA que, pese a su relevancia y proyección, hasta la fecha no han prosperado o perdurado. Por su trascendencia nacional e internacional, el ejemplo más connotado es el de Mexicanos contra el SIDA, Confederación de Organismos no Gubernamentales, A.C. (MCSC), una organización que pareció en su momento convertirse en modelo para otras similares en la región, pero que, tras múltiples convulsiones internas de carácter político, ideológico y administrativo, facilitadas por una estructura constitutiva excesivamente rígida, entre otras causas, no logró salir adelante.

EL CAMINO POR DELANTE

Es imprescindible hacer un análisis profundo de por qué fracasó un proyecto como el de MCSC, que contaba para su operación y viabilidad con importantes y considerables fondos de agencias financieras del exterior y que tuvo una presencia política destacada en el país y en el extranjero y que hasta la fecha, ha sido la única organización nacional de SIDA que llegó a aglutinar de manera más o menos permanente y a lo largo de cuatro años, a más de veinte organizaciones de lucha contra el SIDA en todo México. La experiencia del trabajo conjunto entre grupos y personas en MCSC pese a los desencuentros y las diferencias y los intentos de esta organización por hacer del esfuerzo de las ONG un ejemplo social emulable, es el legado más importante de MCSC para futuros modelos de ONG.

En este contexto, ONG que trabajan de manera bilateral, y ocasionalmente en redes temáticas, han ponderado la necesidad de cubrir ese espacio de manera innovativa y diferente, en vista del peligro que representa para el trabajo en SIDA en nuestro país la ausencia de una acción conjunta y organizada que sirva de parangón ante los embates del sector conservador y reaccionario de la sociedad civil, o bien, ante la debilidad o ineficiencia de las políticas públicas no sólo de salud y como presión para que el Estado, los empresarios y la sociedad en su totalidad atiendan de manera seria y sólida la problemática del SIDA en México. La desaparición de MCSC dejó un evidente vacío político que pareció también acarrear un vacío de acción, o una acción constreñida, que ha permitido, por ejemplo, la imposición de reglamentos para la aplicación obligatoria de la prueba del VIH como requisito prenupcial en diversos estados de la República (Querétaro, Tamaulipas, Puebla), o despidos de trabajadores en bancos, instituciones de seguros, aerolíneas, etcétera, por causa de seropositividad.

El riesgo de que aumenten las acciones sociales de tipo restrictivo y represivo relacionadas con el SIDA (redadas, maltrato en los hospitales a enfermos de SIDA, violencia física y aplicación obligatoria de la prueba contra trabajadoras[es] sexuales, etc.), se intensifica por la ausencia de una respuesta organizada y oportuna en toda la nación por parte de las ONG. Amenaza el futuro del acceso a tratamientos y cuidados de personas afectadas ya por la enfermedad, y abre más aún el campo para la continua violación de los derechos humanos. El avance -y aparente aceptación social de las propuestas ideológicas reaccionarias y sexofóbicas sobre el SIDA, provenientes de agrupaciones cuya línea de acción está representada por la asociación derechista Comité Nacional Pro Vida, A.C. (PROVIDA), son elementos que contribuyen a minar todavía más la endeble atmósfera de indiferencia social percibida incorrectamente como tolerancia- hacia el SIDA y las personas afectadas.

La inveterada historia de enfrentamientos entre las ONG, que de una u otra manera hemos intervenido en proyectos de enlace y organización, hace que muchas organizaciones grandes y pequeñas, nuevas o experimentadas, estén firmemente convencidas de la inutilidad de los esfuerzos y convocatorias para concertar acciones conjuntas; o que muestren una abierta reticencia o desinterés por participar en encuentros de ONG; o que estén caracterizadas por la prevalencia del conflicto o el disentir.

No obstante, la situación arriba descrita sugiere la necesidad de crear un espacio de encuentro donde las ONG puedan articular, así sea mínimamente, una estrategia de enlace y de intercambio de información que busque promover acciones agrupadas. Entre otros, el propósito sería dar respuesta a las iniciativas restrictivas y violatorias de los derechos humanos surgidas de algunos gobiernos estatales o instituciones como el Poder Legislativo, apuntaladas y aplaudidas por la derecha, con el objetivo de conformar grupos o iniciativas de presión buscando que el Sector Salud atienda de manera urgente y eficaz los reclamos por mala atención hospitalaria, falta de acceso a medicamentos, etcétera.

La crisis organizativa de las ONG, ilustrada por la extinción del proyecto de MCSC, y la propia crisis por la que atraviesa el Estado en materia de SIDA, han provocado que los esfuerzos sociales hayan quedado ampliamente rebasados por la realidad de la epidemia en el país. El futuro de las ONG debe pasar por la necesidad de combatir con imaginación y respeto la desunión existente entre ellas; de reconocer las diferencias; de aceptar que no todas se unirán, ni ahora ni después, a una convocatoria de organización nacional lo cual no es sinónimo de que no trabajen ocasionalmente de manera conjunta; de abatir el espíritu de competitividad y desprestigio entre grupos; de promover la solidaridad de unas con otras y de encontrar puentes de enlace con acciones positivas. La desunión y la enemistad sin sentido entre grupos afines de la sociedad civil, o entre éstos y el gobierno, generaron situaciones que han afectado aún más a la población alcanzada por el SIDA. Ahora más que nunca, esta población necesita de los esfuerzos, experiencia, talento y capacidades ampliamente comprobadas de quienes desde distintos sectores estamos comprometidos en la lucha contra el SIDA.

LA EXPERIENCIA DEL ENLACE COTIDIANO, UN EJEMPLO A SEGUIR

Existen numerosas agrupaciones de lucha contra el SIDA que, sin esperar a la conformación de ninguna organización nacional, trabajan conjuntamente, sea de manera bilateral o trilateral, en asuntos de interés común (organizando eventos o ensayando redes temáticas, por ejemplo). De esta manera, se han establecido, también, redes informales de intercambio que, dentro de sus reconocidas limitaciones, son caminos acertados hacia la funcionalidad. Esta dinámica de trabajo libre tiene su lado positivo: es voluntaria, consensual y solidaria; y, aunque implica trabajos de enlace establecidos de común acuerdo, es todavía largo el camino por recorrer para que el intercambio se regularice mediante una sistematización del enlace y de las diversas acciones.

Sin embargo, al carecer de una agenda estratégica propiamente dicha, este tipo de esfuerzo se ha visto sujeto a la coyuntura y a los vaivenes de la voluntad y carácter de los individuos. A partir del último encuentro entre ONG en octubre de 1994, se ha visto que, para poder trabajar conjuntamente, es necesario contar también con una visión de trabajo explícita o acordada en común, buscando alentar el desarrollo de responsabilidades compartidas. Al no existir una visión de responsabilidad de conjunto se cae frecuentemente en la responsabilidad autoasumida que, si bien puede tener algunos aciertos, en la práctica pasa a convertirse en un elemento de discordancia. Así, la asunción personalizada de la responsabilidad, en ocasiones ha pasado a convertirse en una dificultad más, tanto para quien la asume y entrega su esfuerzo, tiempo y talento como para quienes ven en él (ella) una amenaza de "estrellismo".

Es evidente la necesidad de que las ONG cuenten con un programa de trabajo sólido donde se establezca la responsabilidad grupal o individual de sacar adelante compromisos en común, productos de una estrategia compartida. Pese a las limitaciones expuestas, la realización de encuentros y la existencia de colaboraciones bilaterales en marcha, como los organizados por las ONG de asistencia y bancos de medicamentos, o los grupos que trabajan de manera específica con hombres que tienen sexo con hombres, permiten vislumbrar que el surgimiento de una organización nacional más sólida no está tan lejano como se supone. De los componentes positivos de estos intercambios se pueden extraer algunas lecciones valiosas que pueden servir como base para la promoción de relaciones de trabajo no problemáticas, resultado del esfuerzo compartido, la necesidad/beneficio del intercambio y las negociaciones "en corto".

LA PRESENCIA INTERNACIONAL DE LAS ONG MEXICANAS

Por otro lado, entre las ONG que ya trabajan como arriba se describe, existen varias que efectúan, además, labores de enlace, intercambio y articulación internacionales, y cuyas propuestas, hasta el día de hoy, no han sido lo suficientemente difundidas entre el grueso de las ONG nacionales por sus facilitadores, por lo que la mayoría no las ha retomado o considerado en sus respectivos programas de trabajo.

Entre ellas destacan los proyectos internacionales específicos de SIDA: el Secretariado Regional del Consejo Internacional de Organizaciones de Servicio en SIDA (mejor conocido como ICASO, por sus siglas en inglés) para América Latina y el Caribe (LACASO), coordinado por el Colectivo Sol, y la Red Global de Personas que viven con VIH/SIDA (GNP+), coordinado por Acción Humana por la Comunidad, A.C. (AMAC). Al parecer, la Caminata Nocturna Silenciosa -promovida durante siete años por Colectivo Sol y desde 1993 de manera rotativa por otras ONG-, quizás por generar una actividad de participación consensual donde poco se tiene que discutir (lo cual evita el disentir y la fractura), ha pasado a convertirse en el ejemplo más visible de la posibilidad real que tenemos las ONG de trabajar en torno a un objetivo común. También existen otros proyectos con alcance internacional no específicos de SIDA -por ejemplo, los de Salud Integral para la mujer, A.C. (SIPAM) y Comunicación, Intercambio y Desarrollo Humano en América Latina, A. C. (CIDHAL), que promueven importantes agendas de trabajo relacionadas con la salud de la mujer; el de los grupos gay/lésbicos con la International Lesbian and Gay Association (ILGA) y la International Gay and Lesbian Human Rights Commission (IGLHRC); o las ONG que trabajan sobre la sexualidad humana o con jóvenes, etcétera, que pueden enriquecer de manera complementaria el trabajo específico en SIDA que nos ocupa. La promoción e integración de este tipo de proyectos en los trabajos de las ONG de lucha contra el SIDA en el territorio nacional, dada su estructuración avanzada y las experiencias acumuladas, es un elemento valioso.

Existe el convencimiento de que la articulación y sentido de pertenencia que haría de la participación un elemento de carácter orgánico, son indicios positivos de que, a su tiempo y de manera cualitativa e integral, se dará el surgimiento de la organización nacional.

Esta probabilidad aumentará en la medida en que en México existan redes de actividades afines que conjunten a las ONG con trabajo en SIDA.

HACIA UNA RED DE ONG MEXICANAS CON TRABAJO EN SIDA

Aunque el panorama precedente pareciera poco halagador, existe una masa crítica de grupos e individuos convencidos de que en México existen las condiciones para iniciar un proceso combinado que permita la exploración, consulta, enlace y acción entre las ONG con trabajo en VIH/SIDA; que lleve, en los tiempos y formas que dicte su desarrollo, al establecimiento formal de una red nacional que facilite y promueva la respuesta integral de las organizaciones con trabajo en VIH/SIDA en México, ante el reto que representa el avance de la epidemia. Habría que poner especial cuidado en que la articulación de los esfuerzos entre ONG tenga un carácter voluntario, consensual, concertado y solidario, buscando fortalecer las réplicas provenientes de las comunidades con menores recursos y de las comunidades afectadas. El trabajo y la experiencia acumulados de las ONGS mexicanas con trabajo en SIDA apuntará, en el futuro, a materializar ese esfuerzo.

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