Salud Pública de México

COMPOSICIÓN DE PROTEÍNAS DE LOS SUCEDÁNEOS DE LA LECHE MATERNA MÁS UTILIZADOS Y SU REGULACIÓN SANITARIA

COMPOSICIÓN DE PROTEÍNAS DE LOS SUCEDÁNEOS DE LA LECHE MATERNA MÁS UTILIZADOS Y SU REGULACIÓN SANITARIA

AUTORES


ANA MARÍA CALDERÓN DE LA BARCA, QUÍM., M. EN C.,(1)
ADRIANA BOLAÑOS-VILLAR, Q.B.,(1) ROSARIO ROMÁN-PÉREZ, PSIC., M. EN C.(1)

(1) Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, A.C., Hermosillo, Sonora, México.

RESUMEN

Objetivo. Determinar la frecuencia de uso, el contenido y la composición de proteínas de los productos para lactancia en Hermosillo, Sonora, México. Material y  métodos. Se revisaron encuestas sobre prácticas de lactancia (1986-1994). En muestras de sucedáneos y leche humana se cuantificó proteína total (microKjeldhal) y se analizó la proporción de éstas separadas por electroforesis, con un programa computacional. Resultados. Once fórmulas y tres leches enteras fueron las más utilizadas en infantes de 0-6 meses. El contenido de proteína en las fórmulas de inicio y seguimiento fue acorde con el etiquetado comercial y cumplió con lo estipulado por la regulación sanitaria. La cantidad de caseína, una de las proteínas de la leche, fue de 40% en la leche humana, fórmulas de inicio 44%, fórmulas de seguimiento y leches enteras 60% y fórmulas especiales >70%. Conclusiones. En la lactancia se usan productos no recomendables; en algunos su composición proteica es diferente a la de la leche humana, aunque la regulación sanitaria no los proscribe.

ABSTRACT

Objective. To determine the frequency of utilization of milk surrogates as well as their protein contents and composition. Material and methods. Interview data on lactation patterns previously recorded (1986-1994) in Hermosillo, Mexico, were reviewed. Both human and surrogate milk fluids were tested; total protein contents were quantified by microKjeldhal and protein composition was determined by electrophoresis computer densitometry. Results. Eleven milk formulas and three  whole cow milks were used more frequently for infants aged 0-6 months. Total protein contents of modified and follow-up formulas were the same as reported on the label, in compliance with sanitary regulation. Casein content of human milk was 40%, and modified formulas contained 44%; follow-up formulas and whole milks were 60% and special formulas contained more than 70%. Conclusions. Products used for lactation seem to be inadequate for infant nutrition.  In addition, the protein composition of some products was quite different that of human milk, and they are not proscribed from official regulation.

Introducción

LA LECHE HUMANA es el alimento ideal para los lactantes. Cuando por diversas causas las madres no pueden amamantar recurren a los sucedáneos, práctica que es común en México. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Nutrición de 1988, el 75% de los lactantes menores de cuatro meses fueron lactados parcial o totalmente con sucedáneos de la leche materna.1 En Hermosillo, Sonora, México, este porcentaje fue más alto. Los datos obtenidos por diversos autores indican que entre 1991 y 1994 sólo el 23% de los lactantes recibía exclusivamente leche materna a las dos semanas de  nacidos. A los cuatro meses, el 84% recibía sustitutos de la leche materna para su alimentación total o parcial.2-5 Además, se encontró que 21.6% de los lactantes en el estudio de Sotelo Cruz y Barragán Ortega 5 eran alimentados con leche entera de vaca antes de los seis meses de edad, y la tercera parte de este porcentaje la recibió a partir del nacimiento.

Debido a dichas prácticas, el estado de nutrición y salud de los lactantes depende de la calidad de los productos que sustituyen la leche materna. A pesar de los diversos estudios realizados sobre patrones de alimentación infantil, son pocos los relativos a la calidad de los productos utilizados como sucedáneos.6 Debido a su impacto en la nutrición, la composición de las fórmulas infantiles de inicio ha estado estrictamente regulada;7 sin embargo, productos como las fórmulas de seguimiento y las especiales sólo ahora empiezan a regularse.8

La proteína es uno de los nutrimentos más importantes en la infancia9 y su cantidad y calidad nutricia en las fórmulas para lactantes8 está regulada por la norma NOM-131-SSA1-1995 de la Secretaría de Salud. En dicha norma, la calidad nutricia se ha definido mediante una prueba de su capacidad para sustentar el crecimiento animal, sin considerar mantenimiento.10 Lo anterior resulta muy discutible porque la proteína de la leche humana aparte de sostener el crecimiento, también tiene la función de defender contra las infecciones11 y mantener el metabolismo.9,12 Además, la ingestión de proteínas diferentes a las de la leche humana puede llevar a desarrollar reacciones de hipersensibilidad y autoinmunidad en ciertos lactantes.13 Luego entonces, la calidad de un sucedáneo de la leche materna estará en función de la similitud de sus proteínas con las de la leche humana.14 Así, a las fórmulas a base de leche de vaca se les adiciona suero a fin de que la elevada proporción de caseína (una de las proteínas de la leche) que presentan disminuya a cantidades semejantes a las de la leche humana. De esta manera, se ha instituido como una práctica generalizada que la caseína constituya, a lo más, un 40% de las proteínas totales en las fórmulas.9,14,15


En el contexto anterior, los objetivos de este trabajo fueron identificar cuáles son los productos para lactancia más utilizados en Hermosillo, Sonora, México; analizar el contenido total de las proteínas en dichos productos; comparar la composición proteica de los mismos con la de la leche humana; y, verificar su apego a la regulación sanitaria.

Material y Métodos

Se revisaron 241 encuestas cuyo objetivo fue identificar los patrones de alimentación en lactantes menores de seis meses en Hermosillo, Sonora, México, entre 1986 y 1994. En las encuestas se registraron los productos usados para alimentar a los lactantes y sus marcas comerciales.* Con base en lo anterior y para  conformar la muestra de este estudio, se seleccionaron los sucedáneos de la leche materna empleados con mayor frecuencia.

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Los productos elegidos se adquirieron aleatoriamente en tres farmacias y tres supermercados localizados en diferentes sectores de la ciudad, así como en el Sector Salud. A continuación se registró el nombre de la compañía productora y los datos del contenido y fuente de proteína declarados en la etiqueta comercial. En total se obtuvieron 19 productos en polvo y dos marcas de leche entera, una de ellas evaporada. Por otra parte, se obtuvieron cuatro muestras de leche humana de distintas donadoras entre los tres y los cinco meses posparto.

La proteína total se analizó por triplicado de acuerdo con el método 920.105 de la Association of Official Analytical Chemists (AOAC) y los resultados se expresaron como porcentaje de proteína.16 Para los cálculos se empleó el factor de 6.38. Para calcular el contenido de proteína en las muestras líquidas en base seca, se determinó el porcentaje de sólidos totales por el método 925.23 de la AOAC.16

Dos o tres muestras de cada producto se corrieron en electroforesis en gel de poliacrilamida al 17%, en condiciones desnaturalizantes y reductoras.17 A continuación se tiñeron los geles con plata18 y se secaron entre dos hojas de celofán. Los pesos moleculares de las proteínas se calcularon interpolando el valor de la migración (Rf) de cada banda, en una gráfica del logaritmo del peso molecular de los estándares, contra el Rf correspondiente.

Para estimar cuantitativamente el contenido de cada proteína en los geles de electroforesis se diseñó un programa de cómputo19 escrito en Turbo Pascal. Después de capturar la imagen del gel por medio de un dispositivo de barrido óptico se analizó con el programa. El análisis se basa en la lectura de cada una de las intensidades de tono de una cuadrícula que va por una línea central a lo largo del recorrido electroforético en el gel. El tono va desde el blanco hasta el negro en una escala que fluctúa entre 255 y 0 puntos. Con este programa de cómputo se analizaron ocho geles que contenían las muestras por duplicado de los diferentes productos, leche humana y patrones de proteínas.

Se verificó la linearidad de la intensidad de tono de la tinción con respecto a la cantidad de muestra, corriendo un gel en el cual se cargaron concentraciones decrecientes de a-lactoalbúmina. Asimismo, se calculó el coeficiente de variación del análisis de la composición de proteínas de duplicados de las muestras corridas en distintos geles.

Resultados

De las encuestas revisadas, se clasificaron los tipos de productos que utilizaron las madres para lactar a sus hijos. Hubo siete marcas de fórmulas lácteas de inicio, tres de seguimiento, cuatro de soya, tres de fórmulas especiales (para casos con diarreas e intolerancia a la lactosa), dos hidrolizados y siete de leches enteras. En la figura 1 se muestra la gráfica de frecuencia de consumo; en la barra “otras” se encuentran todos los productos usados con una frecuencia menor de 4, y que incluyen sucedáneos de los distintos tipos de productos excepto de soya. Los consumidos con mayor frecuencia fueron la fórmula láctea Nan y la leche entera Nido.



La mayoría de los productos se fabricaron en México, aunque también se observó el uso de fórmulas elaboradas en Holanda y Alemania por Nestlé, M & R Laboratoria B. V. Zwolle, N. V. Nutricia Zoetermeer y Milupa A. G., y distribuidas en México por diversas compañías. Por otra parte, hasta 1994 se utilizó la llamada dotación para derechohabientes de las instituciones del Sector Salud.

En la etiqueta comercial de las latas las compañías declaran las fuentes de los principales nutrimentos. La información correspondiente a proteínas se encuentra concentrada en el cuadro I. Las fórmulas de inicio y seguimiento utilizan tanto caseína como suero de leche de vaca. Las fórmulas especiales están basadas en caseína y sólidos de leche, a excepción de Nan sin lactosa, que  usa sólo caseína. En la fórmula Sobee se usa harina de soya, a diferencia de las otras fórmulas a base de soya que se fabrican con aislado de proteínas.



De acuerdo con los análisis de este estudio, el contenido de proteína concuerda en general con lo indicado en la etiqueta que portan los productos, como se muestra en el cuadro II. Así, en cuanto a cantidad de proteína, las fórmulas modificadas (de inicio) y las de seguimiento cumplen con la reglamentación sanitaria,8 que establece un intervalo de 9.20 a 20.3 g de proteína por 100 g de muestra para las primeras, y de 14.5 a 26.5 g para las últimas.

En el cuadro II se observa que la cantidad de proteína (promedio) en las fórmulas de inicio fue menor que en los demás productos. Las fórmulas lácteas de seguimiento contenían un poco más de proteína. Es importante señalar que Plenilac, uno de los productos que proporcionaba el Sector Salud para lactantes entre 3-6 meses de edad, contenía igual cantidad de proteína que una leche entera. En la regulación sanitaria está claramente establecido que a partir del cuarto mes deben usarse fórmulas de continuación o seguimiento.8 Las fórmulas de soya tuvieron una cantidad ligeramente mayor de proteínas (16.4 g/100 g de polvo) que las fórmulas de inicio, para mantener la equivalencia de la calidad nutrimental de las proteínas de la leche, de acuerdo con lo estipulado en la reglamentación. Los hidrolizados se parecen más a una fórmula láctea de inicio en cantidad de proteína (12.2 g/100 g de polvo en promedio), la cual se encuentra predigerida. El contenido de proteínas en las leches enteras fue el doble (24.6 g/100 g de polvo) de lo recomendado para lactantes menores de cuatro meses.



Los patrones electroforéticos de las proteínas que se muestran en la figura 2 presentan una muestra típica de cada clase de producto. Los datos de cuantificación calculados por medio de densitometría computarizada son los promedios de dos réplicas de cada tipo de producto. Así, se pueden observar las diferencias entre la leche humana (línea 2), la leche de vaca (línea 6) y las fórmulas lácteas (líneas 3-5). La lactoferrina (76.4 kDa), la IgA secretora (cadena ligera de 24.4 kDa) y la lisozima (14.8 kDa) suman el 24.1% de las proteínas de la leche humana, mientras que esas mismas proteínas pasan desapercibidas en la leche entera de vaca y las fórmulas lácteas.



Siguiendo con las diferencias entre los patrones electroforéticos de los distintos productos, en el cuadro III se pueden apreciar los datos del cálculo de las proporciones de caseína. En la leche entera de vaca (figura 2, línea 6), las caseínas (21.1 - 38.2 kDa) presentan cuatro bandas conformando el 60% del total de las proteínas. Las caseínas constituyeron únicamente el 40% de las proteínas de la  leche humana (línea 2). En una fórmula de inicio típica (línea 3), las caseínas  representaron el 44% de las proteínas y en las fórmulas de seguimiento ascendieron  al 60% (línea 4). El 82% de las proteínas de una fórmula especial (Nan sin lactosa) estuvo constituido por caseína (línea 5), mientras que el valor promedio en este tipo de fórmulas fue de 72%.



Otra diferencia notoria entre las proteínas de los productos de lactancia se observa en la ß-lactoglobulina de 17.2 kDa (figura 2), que se encontró en porcentajes del 36.8, 22.7 y 20.1 de las proteínas en las fórmulas de inicio, seguimiento y leche entera, respectivamente, mientras que en la leche humana no existe. La a-lactoalbúmina (14.6 kDa) constituyó el 18% de las proteínas en la leche humana (línea 2) y también está, aunque en menor cantidad (8.2% de las proteínas), en la leche entera de vaca (línea 6) y en las fórmulas de inicio 12.6%, y en las de seguimiento 8.3% (líneas 3 y 4).

Por otra parte, se analizó la técnica mediante la cual se obtuvo la composición de proteína: la linearidad entre la intensidad de la tinción en el gel y la concentración de proteínas en las muestras tuvo un coeficiente de correlación de 0.9926 para 0.005-0.04 microgramos de proteína. En cuanto al contenido de caseína en las réplicas de los distintos productos, el coeficiente de variación fue de 2.33%.

Discusión

En México es muy considerable el uso de sucedáneos de la leche materna,1 alcanzando más del 75% de la población de lactantes en lugares como Hermosillo, Sonora.2-5 Este tipo de prácticas puede traer consecuencias adversas sobre la salud, el estado nutricio y la economía 9,20-22 sobre todo si los sucedáneos no se formulan y seleccionan adecuadamente. Cabe destacar que entre los resultados de este estudio se encontró que un producto de leche entera fue el segundo sucedáneo más utilizado para la lactancia y que, sorpresivamente, su costo era  similar al de una fórmula de inicio. Al parecer las madres cuentan con información errónea acerca de la alimentación infantil, y consideran que la ingestión de una mayor cantidad de proteínas es más saludable.

El análisis de la etiqueta comercial de las fórmulas reveló información valiosa; al parecer las fórmulas especiales prescritas para lactantes con ciertos problemas (diarreas e intolerancia a la lactosa) pudieran solucionarlos pero ocasionar otros. Así, por ejemplo, en las fórmulas para lactantes con intolerancia a la lactosa la caseína representa el 72% de la proteína; se toma ésta como única fuente de  proteína, porque en ella no hay lactosa. Si la fórmula para los lactantes sanos contiene 40% de proteína a base de caseína, los que digieren mal la lactosa deberían tener una formulación similar en cuanto a proteínas, aunque sin lactosa y sin que exceda el porcentaje, como en este caso.

Por otra parte, una de las fórmulas contenía harin a de soya en lugar de aislado de soya. La harina de soya no se usa en los Estados Unidos de Norteamérica ya que contiene concentraciones elevadas de factores antifisiológicos activos.15,23,24 Las fórmulas de soya se emplean como tratamiento en casos de intolerancia y alergia a las proteínas de la leche de vaca.13 El uso indiscriminado de estas fórmulas no es recomendable ya que la proteína de soya puede ser tan antigénica como la de la leche de vaca.25

En cuanto al contenido de proteína total, tanto las fórmulas lácteas como las de soya lo declaran en el etiquetado y éste concuerda con los resultados obtenidos en este estudio, de tal manera que cumplen con la reglamentación establecida.8 Las leches enteras contienen el doble de proteína recomendada para lactantes.26 Si una leche entera en polvo se diluye al doble para adecuar la cantidad de proteína, la energía que proporcionará será sólo la mitad de la que aporta una fórmula de inicio, lo cual puede causar desnutrición en los lactantes.

En el presente trabajo se ha estudiado la composición de las proteínas de la leche humana  por  métodos electroforéticos  similares  a  los  utilizados  por otros autores .27,28 La información publicada se utilizó en este trabajo como referencia y para identificar las diversas proteínas que componen la leche humana. El programa de cómputo para cuantificar las proteínas separadas por electroforesis, aunque desarrollado exprofeso, es similar a otros programas 29,30 utilizados para cuantificar otras proteínas en geles de electroforesis. La linearidad y el coeficiente de variación encontrados sustentan que es confiable y reproducible.

Los patrones electroforéticos de las proteínas muestran las grandes diferencias entre la leche humana y la de vaca, que es la fuente alternativa más importante (figura 2). La lactoferrina, la IgA y la lisozima, con funciones de defensa en la leche humana,11 son diferentes en cuanto a propiedades serológicas y antigenicidad en la  leche de vaca.31 Por el contrario la ß-lactoglobulina tan abundante en la leche de vaca, no aparece en la leche humana. De allí la alta alergenicidad de la leche bovina.24

Las fórmulas de inicio contienen más proteínas del suero, a fin de alcanzar las concentraciones de lactoalbúmina más cercanas a las de la leche humana, en consideración al valor nutritivo de esta proteína para el lactante.20 Como se aprecia en la figura 2, esta meta no se cumple en totalidad porque la a-lactoalbúmina se degrada parcialmente con el proceso térmico.32

Con los valores de la relación caseína: proteína sérica (cuadro III) se demuestra que la proporción de caseína en la leche humana no se mantiene completamente en las fórmulas de inicio y, mucho menos, en los demás productos. El caso extremo es el de las fórmulas especiales, donde la caseína llega hasta 82%, valor más alto que el de la leche entera de vaca (60%). La leche humana que contiene menor cantidad de caseína que la leche de vaca, produce un cuajo suave, semisólido, fácil de digerir en el estómago del lactante. En cambio, por su elevado contenido de caseína, la leche de vaca produce cuajos difíciles de digerir.12,1

En conclusión, en este estudio destacan dos aspectos: el primero se refiere a la errónea selección de los productos sucedáneos de la leche materna, y el segundo a la composición de proteínas de las fórmulas. Al brindar educación para la nutrición y mediante las campañas del Sector Salud en apoyo a la lactancia materna, se espera lograr cambios importantes sobre el primer punto; en cuanto al segundo, la regulación sanitaria no es muy estricta.

El método de evaluación de la calidad proteica (REP) que propone la norma mexicana, no toma en cuenta proteína para mantenimiento.10 Actualmente, ese método ha quedado rebasado y la Comisión de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación/ Organización Mundial de la Salud (FAO/OMS) para Evaluación de la Calidad Proteica recomienda la calificación de aminoácidos corregida por digestibilidad de la proteína.10 Además, esta Comisión ha establecido que el patrón para la calificación de aminoácidos en las fórmulas infantiles debe estar basado en la composición de la leche humana. La norma mexicana establece, en este último aspecto, que la proteína sea comparable a la caseína de la leche de vaca. Otro aspecto importante es que la regulación expresa que la norma para fórmulas infantiles no tiene concordancia con ninguna internacional.8 No se puede sostener una regulación propia diferente de la internacional, cuando la tendencia es hacia un libre comercio internacional,14 donde utilizar fórmulas lácteas importadas es común, como se observó en este estudio.

AGRADECIMIENTOS

Se agradece al ingeniero Alfonso Aguilar su ayuda en el diseño del programa computacional; a María José Cubillas y Ana Lourdes Frisby la captura de los datos de las encuestas sobre regímenes de lactancia, y a los doctores Belinda Vallejo y Mauro E. Valencia J. los comentarios y revisión del manuscrito.

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