Salud Pública de México

CONSUMO DE DROGAS MÉDICAS EN POBLACIÓN DE 60 A 65 AÑOS EN MÉXICO. ENCUESTA NACIONAL DE ADICCIONES 1993 

CONSUMO DE DROGAS MÉDICAS EN POBLACIÓN DE 60 A 65 AÑOS EN MÉXICO. ENCUESTA NACIONAL DE ADICCIONES 1993 

AUTORES

ROBERTO TAPIA-CONYER, M.C., M.S.P., M. EN C.,(1) PATRICIA CRAVIOTO, ANTROP., M. EN C.(1), S. AÍDA BORGES-YÁÑEZ, C.D., M.S.P.(1), BLANCA DE LA ROSA, M. C., M.S.P.(1)

(1) Dirección General de Epidemiología, Secretaría de Salud, México.

RESUMEN

Estimar la prevalencia del consumo de opioides, depresores y estimulantes entre la población de 60 a 65 años de edad, entrevistada en la Segunda Encuesta Nacional de Adicciones, llevada a cabo en 1993, y conocer las características demográficas de los ancianos consumidores de drogas médicas. Material y métodos. La información se obtuvo mediante un estudio transversal, probabilístico, de diseño polietápico, estratificado y por conglomerados, en el que se entrevistó a individuos de ambos sexos de 12 a 65 años de edad residentes en zonas urbanas del país. Resultados. Se identificaron 911 ancianos; 218 (23.9%) consumen drogas médicas (17% hombres y 28% mujeres); 22% de las mujeres y 13% de los hombres consumen depresores del sistema nervioso central. Tales medicamentos son los de mayor consumo, seguidos por los opioides (7% en mujeres y 5% en los hombres). La edad de inicio del consumo en la mayoría de los casos es a los 60 años y es más temprana en los hombres. El consumo de depresores y opioides ocurre bajo prescripción médica en 85% de los casos, 3% se automedica y 5% los utiliza por recomendación de una amistad; 9% los emplea por más tiempo del prescrito. Conclusiones. Es necesario realizar estudios más profundos y específicos acerca del consumo de medicamentos por parte de los ancianos, conocer con detalle la prevalencia de su uso, cuáles son los más utilizados, la frecuencia de efectos adversos, la afectación de la calidad de vida al ingerir medicamentos prescritos inadecuadamente y las redes sociales de apoyo para los ancianos, entre otros.

ABSTRACT

To estimate the prevalence of consumption of medical drugs among the population 60 to 65 years old identified in the National Survey on Addictions 1993 and obtain data on the demographic characteristics of these consumers. Material and methods. A cross-sectional, probabilistic, stratified and cluster sample of subjects between 12 and 65 years old living in urban areas of the country was selected. Results. Of the 911 elderly subjects identified, 218 (23.9%) were consumers of prescription drugs, constituting 17% of men and 28% of women. The most frequently used drugs were central nervous system depressants (22% of women and 13% of men) followed by opiates (7% of women and 5% of men). The onset age of consumption was 60 years old and men started earlier than women. Of prescription drug users, 85% use depressors and opiates by prescription, 3% self-medicate themselves and 5% follow a friend’s recommendation. Nine per cent use prescription drugs longer than the prescribed time. Conclusions. More extensive, specific studies of drug consumption by the elderly should be carried out to explore prevalence of use, which are used most frequently, frequency of adverse effects, effects on quality of life and social support networks for the elderly, among other topics.

Introducción

EL FENÓMENO DE la transición demográfica y epidemiológica indica un aumento en los grupos poblacionales de mayor edad. La población del país mayor de 60 años, en 1964 representaba 5.6%; para 1990 se incrementó a 6.14%, y se espera que para el año 2000 sea de 7.2%.1 Una mayor esperanza de vida traerá como resultado más enfermedades y, aunque la mortalidad disminuya, se incrementará la presencia de múltiples padecimientos. Esta situación ya está presente y genera un alto y complejo consumo de medicamentos, además de tener el problema de la automedicación, que plantea un panorama difícil para las personas ancianas, así como para los servicios de salud.

Como grupo, los ancianos sufren mayor cantidad de enfermedades que los más jóvenes, por lo que consumen desproporcionadamente más medicamentos. Un estudio hecho en los Estados Unidos de América indica que aproximadamente 77% de las personas de 65 años y más toman al menos un medicamento y, aunque representan sólo 12% de la población, consumen aproximadamente 30% de todos los que se venden. Las estimaciones sobre el promedio de medicamentos que se utilizan al mismo tiempo varían entre 1.5 y 4.2 Además de ser costoso, el uso múltiple representa un riesgo clínico importante que, combinado con los cambios fisiológicos relacionados con la edad, aumentan la probabilidad de efectos adversos. El riesgo también depende de las combinaciones específicas de medicamentos. Generalmente, las mujeres los usan más que los hombres, aunque se ha observado que esta asociación se pierde al aumentar la edad.3 Sin embargo, las mujeres pueden ser más susceptibles a los efectos adversos, ya que experimentan mayor disminución en la masa corporal.

El alto consumo puede afectar la calidad de vida de
una persona, y si aquélla disminuye por ingerir medicamentos que ayudan a prolongar la vida es necesario considerar si su utilización es la más adecuada.

Los efectos adversos por tomar medicamentos han sido asociados con condiciones incapacitantes en los ancianos y, como factor causal, implican cerca de 10% de las hospitalizaciones.4 Aunque se pueden aplicar varias definiciones, la prescripción de seis o más por año parece marcar la transición de un uso ocasional a otro constante y potencialmente problemático. Estudios recientes han informado que el empleo de medicamentos está asociado con cerca de 25% de las admisiones hospitalarias y que el riesgo de presentar un efecto adverso aumenta con el número de medicamentos prescritos.5

El incremento en su uso no sólo tiene un antecedente médico, sino también social y cultural. Con más ancianos en los países industrializados, aumenta la atención hacia los padecimientos de su edad y el desarrollo de medicamentos terapéuticamente más efectivos; la disponibilidad de éstos genera un mayor consumo. En los países desarrollados, la mayoría de los medicamentos sólo se consiguen por prescripción; esto significa que las prácticas terapéuticas de los médicos regulan su uso. Sin embargo, los factores psicológicos y sociales tienen un impacto importante en los patrones de utilización: vivir solo, los sentimientos de soledad y síntomas depresivos han sido asociados con un alto consumo. Una nueva conducta se ha presentado entre los ancianos: tomar vitaminas y elementos traza, que son adquiridos por gente de clase social alta y por aquellos que están más preocupados por su salud.6,7 La prescripción inadecuada de medicamentos a los ancianos es un problema ampliamente conocido, aunque su magnitud se desconoce.

La utilización de antipsicóticos se ha estudiado; sin embargo, el problema va mucho más allá de esta categoría de fármacos. El tipo de medicamento que emplean los ancianos está estrechamente relacionado con sus padecimientos crónicos. Por ejemplo, el uso de la morfina para aliviar el dolor o de los barbitúricos para el insomnio. Su utilización se justifica por la pérdida de las facultades físicas y psicológicas y la cercanía de la muerte, que dan como resultado síntomas de depresión, ansiedad y/o angustia, de tal modo que los opioides y depresores son los de mayor consumo. Las benzodiazepinas se recetan frecuentemente, y quienes las toman en muchas ocasiones, continúan su uso indefinidamente.

Las medicinas que pueden causar dependencia física deben estar restringidas a la prescripción bajo tratamiento médico, y su uso fuera de éste o por autoadministración debe considerarse como no médico o como abuso de estas drogas.

La Secretaría de Salud, en 1993, por medio de la Dirección General de Epidemiología, llevó a cabo la Segunda Encuesta Nacional de Adicciones (ENA93). Los objetivos de la encuesta fueron: obtener información en los ámbitos regional y nacional sobre la prevalencia del uso y abuso de tabaco, alcohol, opioides, depresores del sistema nervioso central (SNC), otros depresores, estimulantes, mariguana, inhalables, alucinógenos, heroína, opio y cocaína y derivados, así como identificar los posibles factores de riesgo y los problemas asociados a su consumo; asimismo, contribuir a la identificación de las actitudes y los valores hacia el uso de las diferentes sustancias adictivas estudiadas.

El propósito de la ENA93 no era obtener información específica de la población anciana en el país. Este análisis tiene como finalidad mostrar de manera inicial el panorama sobre el consumo de medicamentos que merece ser estudiado más ampliamente; es decir, tiene como objetivo estimar la prevalencia del consumo de sustancias adictivas como opioides, depresores y estimulantes entre la población de 60 a 65 años de edad entrevistada en la ENA93, tanto en el ámbito nacional como regional, así como conocer las características demográficas de los ancianos que consumen drogas médicas.

Material y Métodos

La ENA93 es un estudio transversal realizado mediante una encuesta probabilística de diseño polietápico, estratificado y por conglomerados, en la que se entrevistó a hombres y mujeres de 12 a 65 años de edad residentes en zonas urbanas de México. Se utilizaron ponderadores para estimar la prevalencia de consumo de drogas médicas para los grupos de 12 a 18 y de 19 a 65 años de edad. Se dividió al país en ocho regiones: noroccidental (Baja California Sur, Sonora y Sinaloa), norcentral (Chihuahua, Durango y Coahuila), nororiental (San Luis Potosí, Nuevo León y Tamaulipas), occidental (Aguascalientes, Colima, Jalisco, Nayarit y Zacatecas), zona metropolitana de la Ciudad de México (Distrito Federal –DF– y área conurbada), centro (Hidalgo, Guanajuato, México, Morelos, Puebla, Querétaro y Tlaxcala), centro sur (Guerrero, Michoacán, Oaxaca y Veracruz) y sur (Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán).

Se seleccionó aleatoriamente a un individuo de cada vivienda. El total de la población entrevistada fue de 18 737 personas, de las cuales 911 (4.86%) tenían entre 60 y 65 años de edad a la fecha de la entrevista. Para la recolección de la información se utilizó un cuestionario estandarizado que se aplicó mediante entrevista directa en el hogar u otro escenario cercano a la vivienda.

El cuestionario se elaboró en función de los indicadores propuestos por la Organización Mundial de la Salud,8 y abarcó las siguientes áreas: a) patrones de consumo en el uso y abuso de drogas médicas; b) variables sociodemográficas asociadas al consumo; c) problemas relacionados con el uso, y d) conocimientos, normas, actitudes y disponibilidad percibidas. Se utilizó un catálogo de medicamentos para especificar claramente de qué tipo de droga se trataba, lo cual facilitó su identificación. Estas variables se clasificaron por edad, sexo, estado civil, escolaridad, religión, ocupación y condición de actividad.

Se definió como drogas médicas o drogas blandas aquellas cuyo uso específico es el de restablecer de algún padecimiento y que sólo son legalmente consumidas bajo prescripción médica en cantidad y tiempo indicados.8 Las drogas que se investigaron fueron: Los opioides o analgésicos narcóticos. Sustancias naturales o sintéticas que actúan directamente sobre el SNC, con acciones semejantes a la morfina y sus derivados (heroína y codeína); suprimen el dolor, inducen al sueño e incluso son antidiarreicos y antitusígenos. Anteriormente se les conocía como analgésicos narcóticos.

Dentro de este grupo se incluyen: fentanil, nalbufina, metadona, dextropropoxifeno, clorhidrato de bupenorfina, butorfanol, morfina.

Los depresores del sistema nervioso central o tranquilizantes. Sustancias que inhiben las funciones del SNC, producen sedación ligera, sueño, hipnosis y, en dosis elevadas, pérdida del conocimiento, anestesia quirúrgica y depresión respiratoria. Tienen alto potencial de producir dependencia física. Dentro de este grupo están las benzodiazepinas: alprazolam, bromazepam, flunitrazepam, flurazepam, oxazepam, clonazepam, brotizolam, buspirona, triazolam, prazepam y halazepam.

Otros depresores del sistema nervioso central o sedantes. Barbitúricos como pentobarbital, amobarbital, fenobarbital y vutilvinal, clorales (hidrato de cloral y eticlorovinol), peperidineadiones (metipirilón y glutetimida), carbamatos (meprobamato), quinazolonas (metacualona), desoxibarbitúricos (primidona) y uretanos (etinamato).

Estimulantes o anfetaminas. Sustancias químicas que excitan las funciones cerebrales. Producen aumento del estado de alerta y de la iniciativa, falta de sueño, mejoría del ánimo, euforia, merma en el apetito y pérdida de peso corporal. Estas producen gran dependencia psicológica además de física. Incluyen: anfepramona, sulfato de anfetamina, pseudoefedrina, dextrofenfluramina, fenetilina, fenfluramina, fenproporex, sulfato de dextroanfetamina, fentermina, mazindol, metilfenidato, fenilpropanolamina y efedrina.

Resultados

De la población anciana entrevistada (911 personas), 568 fueron mujeres (62.3%) y 343 hombres (37.7%). En el cuadro I se presentan las características demográficas de la población encuestada. Al comparar la distribución por sexo para este grupo de edad con la información del XI Censo General de Población y Vivienda9 se observa que la proporción de mujeres de 60 a 64 años que habitan en comunidades de más de 2 500 habitantes es menor (54%) y la de hombres mayor (46%) en relación con la ENA93. Estas diferencias son estadísticamente significativas (Z= 5.03, p= 0.05). En cuanto al estado civil, es interesante señalar que 73.8% de los hombres y 48.8% de las mujeres son casados, y que hay una mayor proporción de viudas (31.3%) que de viudos (11.1%); tales diferencias también son estadísticamente significativas. Estos datos son similares a los del XI Censo9 (79.6% casados y 50.3% casadas; 11.9% viudos y 36.6% viudas).

También se observa que la proporción de mujeres solteras es el doble (11.1%) que la de hombres solteros (5.0%).



La distribución por escolaridad muestra proporciones similares por género y nivel de primaria (59% para ambos sexos); sin embargo, 22.7% de las mujeres y 18.7% de los hombres no cuentan con educación formal (cuadro I). Mientras que el XI Censo9 informó que 34.1% no tiene instrucción; la proporción de mujeres es mayor que la de hombres en ambos casos. Cabe recordar que la ENA93 sólo consideró población urbana.

Respecto a la ocupación, en general 50.2% de los encuestados se dedican al hogar, 25% son empleados y 13.7% son jubilados o pensionados. La distribución por sexo es: 79% de las mujeres se dedican al hogar y 12.1% son empleadas; entre los hombres, 47% son empleados y 29%, jubilados o pensionados. Para este grupo de edad el XI Censo9 indica 7.8% de jubilados o pensionados, 45% que se dedica al hogar y 37% de empleados.

La mayoría es de religión católica (86% de los hombres y 92% de las mujeres), proporción muy similar a la observada en el XI Censo9 (90.5% de los hombres y 91.8% de las mujeres).

La prevalencia de consumo de drogas médicas en el ámbito nacional en todos los grupos de edad fue de 14.6% (11% hombres y 18% mujeres),8 mientras que entre los ancianos de 60 a 64 años fue de 23.9% (218), de 17.2% (59) entre los hombres y de 28% (159) en las mujeres.

La prevalencia más alta por regiones se encontró en la zona occidental (32%), seguida por la zona norcentral (30%); la más baja fue la zona noroccidental (18.4%).



El cuadro II muestra la distribución de la prevalencia de consumo de drogas médicas por sexo y región del país. Se ajustaron las tasas por sexo para utilizar a la población nacional como estándar, y se observó que la comparación entre las regiones con estas tasas ajustadas es igual que al emplear tasas crudas para cada región. Esto demuestra que la distribución de la población por sexo no afecta la prevalencia en las regiones. Además, se encontró que ésta es mayor entre las mujeres de las ocho zonas. Las diferencias por sexo sólo fueron estadísticamente significativas en las regiones norcentral y occidental (cuadro III), porque se encontró que las mujeres consumen 0.87 veces más drogas médicas que los hombres (X2= 13.68, gl= 1, p= 0.001) razón de momios= 1.87 (IC 95% 1.31 - 2.63).

Las características demográficas de los ancianos que consumen drogas médicas de acuerdo con el nivel de escolaridad indican que 40% de las personas con estudios profesionales las toman y, según la ocupación, 39% de los profesionistas, diferencias estadísticamente significativas en ambos casos (X2= 31, gl= 4, p= 0.001).

El 28% de los jubilados o pensionados y 26% de aquellos que se dedican al hogar señalan haberlas utilizado. Por estado civil, se observa que 46.4% de las personas que están separadas, 25.5% de los viudos y 25% de los solteros las emplean, aunque estas diferencias no fueron significativas. Este perfil demográfico de los usuarios de drogas médicas es diferente al de la población anciana en general.



DROGAS MÉDICAS UTILIZADAS

El uso de depresores del SNC por parte de los ancianos muestra una prevalencia nacional de 18.7% (170); 22.4% en las mujeres y 12.5% en los hombres. En la región norcentral es de 25% y en la occidental es de 23.1%; la zona metropolitana de la Ciudad de México es la más baja (11.7%).

La mayoría de los ancianos comienza a consumir drogas médicas a partir de los 60 años. De los entrevistados, 32% inició entre los 60 y 65 años, y 27%, entre los 45 y 54 años. En general, el consumo lo inician primero los hombres y después las mujeres.

El 85% de los ancianos toma depresores bajo prescripción médica; del 15% que los consume sin prescripción, 3% se automedica y 5% lo utiliza por recomendación de una amistad. Por otra parte, el 9% los emplea por más tiempo del indicado.

En cuanto a la edad en que iniciaron el consumo de opioides, en el ámbito nacional 32% comenzó entre los 60 y 65 años. Es interesante observar que cerca de 17% de los hombres empezaron entre los 25 y 30 años de edad. La prevalencia en el consumo es de 6.7% en las mujeres y 5.2% para los hombres. En la región centro se encontró la mayor prevalencia (21.3%), seguida por la occidental con 15.5%; las demás tienen entre 11.8% y 7.3%. Aunque en general las mujeres consumen más, se observa que en las regiones sur y nororiental son los hombres, mientras que en la Ciudad de México y en la región occidental es similar. Respecto al consumo de opioides bajo prescripción médica, 96.4% de los ancianos en la ENA93 lo hace por indicaciones de su médico.

El consumo de otro tipo de depresores presenta una prevalencia nacional de 3.4%. Sin embargo, en las regiones de la zona metropolitana y centro es de 7.4 y 7.6%, y en general su consumo es mayor entre las mujeres (4.2%) que entre los hombres (2%). En el ámbito nacional los estimulantes se consumen en un porcentaje muy bajo (1.1%); por regiones, se encontró que el mayor se da en el centro (2.9%), y por sexo los utilizan más las mujeres (1.2%) que los hombres (0.9%).

Discusión

La ENA93 brindó la oportunidad de conocer las características del uso de drogas médicas por parte de la población anciana del país. Es importante mencionar que la muestra seleccionada se estratificó por región y sexo, y sólo se consideró a la población urbana entre 60 y 65 años de edad, lo cual limita la posible inferencia de los resultados aquí presentados. Esta información debe tomarse como una llamada de atención acerca del problema que representa el uso de medicamentos por parte de la población anciana. Las diferencias demográficas encontradas respecto a la información del XI Censo en cuanto a la distribución de la población por ocupación y escolaridad, se deben principalmente a que los datos del censo incluyen tanto a la población rural como a la urbana.

Es clara la diferencia que existe entre el consumo de medicamentos entre hombres y mujeres; Finlayson10 coincide con lo obtenido en la ENA93 al señalar que las mujeres son las mayores usuarias de drogas médicas. Esto se explica, en primer lugar, por el hecho de que hay un mayor número de mujeres ancianas y, en segundo, porque utilizan más los servicios médicos que los hombres.11

Aunque era de esperar que el mayor consumo de drogas médicas fuera en el DF, debido a la gran cantidad y accesibilidad a los servicios de salud, no fue así; Aguascalientes, Colima, Jalisco, Nayarit y Zacatecas son los estados que más las adquieren, seguidos por Chihuahua, Durango y Coahuila (aunque las diferencias no fueron estadísticamente significativas). Esto puede ser por la forma de selección de la muestra, la cual fue menor en el DF y cuyo propósito no fue el de representar estadísticamente a la población de 60 a 65 años de edad.

Ello puede esperarse, ya que 12% de los ancianos del país viven en esa región. También deben considerarse las tasas de morbilidad por enfermedades crónicas en estas entidades que están altamente relacionadas con el consumo de medicamentos.2

Por otra parte, las características demográficas de los consumidores son diferentes a las de la población encuestada; es importante señalar que la escolaridad y la ocupación influyen, ya que las personas con mayor grado de educación formal y con actividades de tipo profesional consumen más. En este análisis no se proporcionan datos sobre el ingreso económico; sin embargo, el uso de medicamentos que requieren de prescripción implica el gasto de la consulta al médico –el cual en muchas ocasiones es privado, como lo demuestra la Encuesta Nacional de Salud 1993–12 y, como consecuencia, la adquisición de los medicamentos, a la que tienen mayor acceso las personas con más educación y mejor empleo.

Se identificó una baja proporción de usuarios (15%) que consumieron medicamentos sin prescripción, a diferencia de lo que sucede en España,13 donde se encontró un 47%; sin embargo, es peligroso permitir que puedan ser utilizados de esa manera, ya que como se mencionó anteriormente el tomar varios durante un mismo periodo puede producir efectos adversos, además del riesgo de desarrollar dependencia a dichas substancias.

Salzman7 señala que alrededor de 10% de los ancianos toman drogas prescritas por otros, y más de 20% toma drogas no prescritas. Es importante mencionar la necesidad de alentar a la comunidad médica para mejorar la vigilancia del consumo adecuado de estos medicamentos.

Por otra parte, la ENA93 no investigó sobre el uso de múltiples medicamentos; este problema es ampliamente reconocido en otros estudios,2,4,5,7 por lo que sería interesante conocer cuál es la situación en México. En España, García-Fernández13 observó que 24% de los sujetos de una muestra tomaron depresores del SNC y que las benzodiazepinas fueron las que se utilizaron más frecuentemente (62.3%). De acuerdo con la ENA93, se encontró que el uso de depresores del SNC fue de 18.7% (170); sin embargo, la prevalencia en México varía entre 30.6 y 8.1%. Foy y Finlayson han observado un mayor uso de benzodiazepinas.10,14

Los resultados obtenidos señalan la necesidad de realizar estudios específicos que aborden la problemática particular de los ancianos, que permitan identificar y buscar alternativas de solución a los diversos problemas, como puede ser el incumplimiento del tratamiento médico, el cual se puede presentar en forma de sobreuso y abuso, olvido y alteración de las dosis y los horarios.

Algunos pacientes ancianos con enfermedades agudas toman cantidades mayores de medicamento en la creencia de que esto les ayudará a recuperarse más rápido. Tal sobreutilización se relaciona con los efectos adversos de los medicamentos. También, olvidar tomar un medicamento es un problema común y es más frecuente en sujetos que toman simultáneamente varios.7 En personas de edad avanzada es esencial estar alerta respecto de los diagnósticos coexistentes para evitar la administración inapropiada de múltiples agentes farmacéuticos, el posible riesgo de dependencia y de su abuso. Es necesario llevar a cabo un mayor número de investigaciones que ayuden a conocer las características del uso de drogas médicas por la población mayor de 65 años, el uso de múltiples medicamentos y su asociación con la presencia de efectos adversos.

Los resultados de la ENA93 indican la necesidad de realizar estudios más profundos y específicos acerca de la problemática del consumo de medicamentos por los ancianos; es importante conocer con detalle la prevalencia de su uso, cuáles son los más utilizados, las causas de la sobremedicación, la frecuencia de efectos adversos, la proporción de las hospitalizaciones de personas ancianas y su relación con el consumo inadecuado, los criterios para la prescripción que siguen los médicos, la afectación de la calidad de vida al ingerir medicamentos prescritos inadecuadamente o en exceso, la relación que guardan el empleo inadecuado de medicamentos, el uso de drogas médicas sin prescripción y las redes sociales de apoyo para los ancianos. Todas estas preguntas están latentes y merecen ser respondidas para poder concentrar esfuerzos y recursos, tanto humanos como materiales, que ayuden a mejorar la calidad de vida de la población anciana.

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